jueves 26 de noviembre de 2020

En 1999, Sebastián Francini ganó un Martín Fierro por "Mejor actuación infantil-juvenil".
Da La Nota

De ganar un Martín Fierro a trabajar en la ferretería familiar: la historia de Sebastián Francini

Saltó a la fama con “Chiquititas” y trabajó en el cine con Guillermo Francella y Julián Weich, pero en la adolescencia se quedó sin trabajo y tuvo que cambiar de rubro.

En 1999, Sebastián Francini ganó un Martín Fierro por "Mejor actuación infantil-juvenil".

La carrera artística de Sebastián Francini comenzó cuando era solo un niño. A los 10 años ya tenía en su haber un Martín Fierro en la categoría “Mejor actuación infantil-juvenil”. Saltó a la fama en “Chiquititas”, la ficción producida por Cris Morena, pero prontamente también hizo teatro y cine, donde se dio lujo de trabajar con Guillermo Francella y Julián Weich, entre otros.

Pero en la adolescencia, la llama de la fama y la popularidad comenzó a apagarse de a poco y los llamados para algún papel se hacían cada vez menos frecuente. “Desde los 17 años hasta los 21 mermó el trabajo y tuve una crisis. Yo empecé todo al revés. De chico tendría que haber estado formándome como artista y yendo al colegio. La escuela nunca la dejé, pero estuve muchos años laburando y estar dos años parado se siente. Lo único que sé hacer es actuar, escribir. Es con lo que más libre me siento”, dijo el actor.

Sebastián Francini cuando era niño.

En una charla con la revista Pronto, contó que en un momento las propuestas fueron nulas, por lo que se vio obligado a cambiar de rubro y comenzó a trabajar en el negocio familiar, dejando de lado la actuación: “Vengo de una familia de laburantes. Yo me gané un Martín Fierro y después terminé laburando en la ferretería de mi familia, en Villa Celina, porque no tenía trabajo”.

Sin embargo, la falta de consistencia de su vocación no lo desanimó: “Me dio orgullo poder seguir con el legado de mi familia. En esos momentos, quizás aparecía algún laburo de actor, pero no como para vivir de eso. Entiendo que mi profesión es así: tiene altibajos. Si yo hubiese tomado el trabajo en la ferretería como el fin de mi carrera, no sé cómo estaría ahora. Seguramente angustiado. Pero lo vi como una oportunidad. Viví lo que es estar arriba, como cuando trabajaba con Cris Morena, y abajo, cuando no conseguía laburo. Hoy por hoy, a fuerza de voluntad, logré dar vuelta la cosa”, sostuvo.

Sebastián Francini hoy.

Y la persistencia tuvo su premio. Hoy pudo volver a la actuación y antes del comienzo de la pandemia volvió a pisar las tablas con la obra Beatnik, en el teatro Ludé, donde trabaja bajos las órdenes de Osvaldo Laport: “Estoy contento con mi trabajo. Beatnik es una obra que trata sobre la Generación Beat, que fue un grupo de escritores estadounidenses que influyeron en el surgimiento del hippismo. El elenco es maravilloso y Osvaldo Laport es un gran director”.

Sebastián Francini había vuelto este año al teatro.

En su vida también hay lugar para la música, el joven es líder de banda “Sebastián Francini & La Vanguardia”: “Mi profesión me fue acercando cada vez más a la música. Fui armando la banda de a poco, con gente a la que le encanta hacer lo mismo que a mí. Yo me siento exitoso teniendo metas y pudiendo cumplirlas. Quise hacer canciones y cantar, y lo estoy haciendo”, afirmó.

Sebastián Francini también se dedica a la música.

Los cambios en su vida también llegaron a la espiritualidad y desde hace un año, el actor se convirtió al budismo: “Estaba haciendo Cruising en teatro y dos colegas me pasaron la Ley Budista. Practico el budismo de la Soka Gakkai, que tiene como referentes a Orlando Bloom y a Tina Turner. Es un budismo para la gente, a diferencia de otros que son más personales. Es una filosofía de vida que pone en jaque un montón de cosas. Yo me creo mucho más rico de lo que tengo y no me falta nada. Me empecé a despojar de un montón de cosas que realmente no necesitaba”, expresó.

“Soy de una generación que tiene la mitad de los valores de antes y la mitad de los de ahora, que buscan pertenecer por tener un Iphone, por viajar, por lo que aparentan en las redes sociales, cosas que no son, pero carecen de valor humano”, concluyó.