Para leer: el día que Di Benedetto se encontró con Claudia Cardinale

La actriz fue entrevistada por el escritor y periodista mendocino, en Los Ángeles (California), en 1965.

Para leer: el día que Di Benedetto se encontró con Claudia Cardinale
Para leer: el día que Di Benedetto se encontró con Claudia Cardinale

Claudia Cardinale es la sola actriz de renombre internacional lanzada por el cine europeo en el curso de estos últimos cinco años. Sus veinticinco de edad la ubican en una generación posterior a la de Brigitte Bardot y Sophia Loren; ella es, pues, la única de la cual se puede predecir el éxito constante y cierto para la década a venir."

El párrafo es de un ensayo propagandístico publicado en Roma a fines de 1964. Tal vez excesivo, seguramente parcial, pero afirmado en consentimientos previos, como el de una de las lesionadas, Brigitte Bardot: "Ya sé cuál es la actriz destinada a tomar mi lugar. No puede haber más que una, no lo dudo. Después de B.B. está C.C. ¿no es cierto?".

Claudia Cardinale es más actriz que Brigitte Bardot y pertenece a un cine de mayor categoría: "La muchacha de la valija", "El gatopardo", "La Viaccia", "Los indiferentes", "Senilidad", "Los delfines", "La chica de Bube", el "8 ½" de Fellini. Cuando de entretenimientos se trata, engarza en los mejores: "Cartouche", "La pantera rosa"…

Asociaciones felinas (¿también artísticas?) establece Luchino Visconti, que la dirigió en "El gatopardo": "Muchos la consideran como una gata muy bella que se pavonea sobre los cojines del salón para recibir caricias. Pero estad atentos: un día u otro esta gata se convertirá en una tigresa y devorará a su domador".

Las metáforas de Visconti no despegan; siguen adheridas a la mera consideración material de un cuerpo viviente. Alberto Moravia hizo de éste un "análisis quirúrgico", mediante un reportaje para "Esquire". El célebre novelista de "Agostino" y "La romana" dialogó con Claudia: ella se describió y él la ayudó a describirse, porción a porción, de la melena a los pies. Un trozamiento con cuchillo, pero de mano maestra, que no sirvió presas a la censura.

Alberto Moravia la nombró entonces "próxima diosa del amor". Para Marcello Mastroianni es más "sencilla y descifrable": "Por fin -exclamó cierta vez-, en un medio de neuróticos e hipócritas como el del cine, alguien normal".

Mastroianni la llama "muchacha".

Cocodrilos

Eso, nada más, es lo que pensé -"Una muchacha morena vestida de rosa"- cuando vino a saludarnos, a sus invitados a un breakfast, en el Ambassador Hotel de Los Ángeles, California.

"Una sonriente muchacha italiana...", que no nació italiana ni europea, sino africana, en el África francesa. Ella misma lo dijo, en la conversación que supo inducir y circunscribir a temas muy simples, por los cuales, ciertamente, podía circular más desahogada.
Porque si al declararse lectora y formar una heterogénea lista (Musset, Hemingway, Pavese) le indagaba qué de Pavese, respondía "los ensayos, las novelas", pero qué de ellas, decía "la profundidad" y sin respiro desviaba: "Aunque desgraciadamente lo que más leo son libretos de cine".

"Nací en Túnez. Pasé allí casi toda mi vida. Hasta hace cinco años hablaba predominantemente francés. En Túnez, actué en una fiesta de caridad del colegio. Me empujaron al escenario. Había llegado un italiano que filmaba. En una elección me dieron el caprichoso título de 'la tunecita más bonita de Italia' y me llevaron a Venecia, a un Festival de Cine. Demasiadas promesas, que no me importaban, yo no tenía interés. Y ahora me parece ridículo hacer lo que hacía antes, o regresar para ejercer de maestra de desierto."

Y el cine, ¿la satisface plenamente? ¿Por qué? "Porque me gusta la acción y me gusta viajar. Hago danza, acrobacia, mímica y soy una vagabunda. He estado en casi todo el mundo, pero Nueva York es la ciudad más excitante que he conocido."

Alcanzándola en el rápido giro de sus declaraciones, una colega latinoamericana abrió otro tramo del diálogo:

-¿Qué es lo primero que vio en Estados Unidos?

-Los cocodrilos.

Sonreimos, envueltos por la simpatía del aparente absurdo, aunque sin entender. Claudia descifró:

-Ustedes saben que estoy filmando, aquí en Hollywood, "Blindfold", con Rock Hudson. Bueno, pero la primera parte del trabajo, de exteriores, se hizo en la región de los pantanos de Florida y veíamos más cocodrilos que hombres.

-¡Ah!...

Nadie se preocupó de saber qué piensa Claudia de los cocodrilos norteamericanos, si bien alguien deseó conocer qué opina de los hombres norteamericanos.

-Que toman mucha leche. Yo, en cambio, tomo vino. Traigo de Italia mis propias botellas.

(Otro día, en su camarín, en el estudio de la Universal, vi una canasta que mezclaba Chianti, flores, mortadela y salamines).

La piel

-¿Cómo se describiría a sí misma?

-Introvertida. Hablar no me agrada demasiado.

Sin embargo, se esmeró por no demostrarlo en esa ocasión:

-Soy optimista. Me gusta la vida. Pienso que todo va bien y pido lo que no puedo conseguir.

"Trabajar para mí es un descanso. Cuando era joven (ríe y corrige), cuando era más joven, quería ser una laboriosa maestra. Pero no soportaba la clase entre paredes, ansiaba el aire libre y pensaba que es ahí donde debe enseñar. Amo a los niños. Tengo dos hermanos y una hermana y muchos animales. Vivo con mi hermana que se llama Blanca. Para mí, la familia es importante.

"También lo es el matrimonio, por eso me tomo bastante tiempo para pensar en él. De un hombre me encanta que tenga inteligencia y personalidad, no que sea buen mozo.

"No acepto la publicidad de mi vida privada, ni le tengo miedo a ningún paparazzo. Soy amiga del rey de los Paparazzi y sé que ellos no molestan a nadie con fotografías indiscretas si no se les da una oportunidad.

“Me gusta el peligro…”

Alguien la interrumpió:

-A propósito del desnudo…

Claudia, alerta y gentil, aclaró:

-Y estaba diciendo que me gusta el peligro y que tampoco me dan miedo los animales, e iba a contar que el productor de "Blinfold" se asustaba de verme pasar con entre cocodrilos y serpientes. Ahora si usted quiere saber del desnudo artístico, le diré que mis sentimientos, mis impresiones, mis secretos me pertenecen, pero no mi piel.

Lo dijo, consideró el efecto en el rostro de los demás, puso en sus ojos una sonrisa y esbozó esta modosa consideración:

-Bueno... Eso no es lo que debo contestar, pero en inglés no sé hacerlo bien.

El genio

Después se habló mucho de cine.

Claudia, como una colegial entre amigos, enunció sus preferencias (Peter O'Toole, Richard Burton, Marcello Mastroianni, Rock Hudson, Jean Paul Belmondo) y, como una actriz veterana ("Blindfold" es su film 26ª) cotizó directores hasta concluir que "Federico Fellini es un genio".

-Escuchen, escuchen. Cuando rodaba "8 ½" no tenía nada escrito, sólo vaya a saber qué en la cabeza y gente alrededor, docenas y docenas de actores, extras, técnicos estupefactos porque ignoraban lo que mañana se filmaría con ellos. Pero todos los días Fellini escribía un trocito de papel y nos lo daba a Mastroianni, a mí y a otros, y de esa manera, pedazo a pedazo, formó la película. ¿Quién es capaz de hacer algo semejante?

En fin, ¿quién es capaz de no ver, en Claudia Cardinale, a una muchacha italiana? (De las del cine).

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