Opinión Miércoles, 10 de julio de 2019 | Edición impresa

Yo, mis datos y el voraz capitalismo digital - Por Miguel Ángel Gutiérrez

Por Miguel Ángel Gutiérrez - Lic. en Ciencias Políticas. Doctor en Historia. Dirige el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva

Ortega y Gasset sostenía (sentencia hoy incorporada a nuestra cultura): “Yo soy yo y mis circunstancias”, lo que suponía una visión contextualizada de la individualidad, mediada esta por las condiciones concretas de vida.

Hoy, en la sociedad del conocimiento, donde los datos -elemento indispensable de la información y del saber-, devienen en la mayor riqueza, es válido preguntarse si esos datos, que son un elemento constituyente de mi identidad, en verdad nos pertenecen o ¿quien se ha apropiado de los mismos?  La respuesta puede sonar obvia, sin duda son, o debieran ser, de quién los origina, ¿pero esto es así? De hecho, ni siquiera somos conscientes de toda la información que un dato volcado a la nube produce. Los meta-datos que acompañan a cualquier simple dato son tantos y de una diversidad extraordinaria, que no podemos imaginarnos. 

Una de las diferencias más importantes entre el mundo digital y el atómico, es que los datos no se agotan con un primer uso. Es más tienen prácticamente la capacidad de reproducirse casi sin límites.

Cuando yo deposito un dato en el mundo cibernético, me pertenece pero también queda en la red. Ello porque el dato -ese pobre bit solitario- que por si sólo no representa ningún valor, a nivel agregado se convierte en el insumo esencial de las nuevas industrias del conocimiento, del cual quienes generamos esos datos estamos excluidos del nuevo valor creado.

Los datos no sólo se emplean para la producción, la mayor rentabilidad se obtiene de la agregación de grandes cantidades de datos de usuarios. Un nuevo capitalismo informático desplaza al que se apoyaba en la producción industrial. Y en ese libre devenir de mis datos, algunos, no muchos: Google, Facebook, IBM, Amazon, por los estadounidenses; Baidu, Alibaba, Huawei, ZTE y Tencent, por China, empresas estas que se han unido en nuevas empresas emergentes como Megvii, iCarbonX, Mobvoi y SenseTim, digieren nuestros datos en forma de “galletitas”, para transformarlos en información e inteligencia mediante, en conocimiento, de nosotros, de nuestros patrones de conductas. 

Para ello, por ejemplo, Huawei, una de las cinco mayores empresas del mundo en gasto en I+D, cuenta en su capital intelectual decenas de miles de investigadores, en todo el mundo, incluso en Silicon Valley y otros núcleos tecnológicos, con más patentes tecnológicas en el 2017-2018 que cualquiera estadounidense. Es cierto que los datos yo no provienen sólo de los individuos, la Internet de las Cosas conecta artefactos. Hace cinco años eran cerca de 1.600 millones de objetos/máquinas conectados, casi un cuarto de la población mundial. El próximo año se estima alcanzarán 20.000 millones, es decir casi triplicaran a los humanos y todos producen y consumen datos.

Este “nuevo capitalismo digital” ha sido caracterizado por autores, como capitalismo de vigilancia, donde la recolección de datos en grandes bases por medio de sistemas de inteligencia artificial, no sólo indican nuestras preferencias al momento de consumir, sino también toda nuestra vida que puede manipularse con facilidad algorítmica. 

Cambridge Analítica ha dado prueba de ello, lo que pone en riesgo no sólo la privacidad, las libertades, sino también la propia organización política y los sistemas de control de todos los aspectos propios de los seres humanos.

Todo esto se hace patente en la Orden Ejecutiva del presidente estadounidense para mantener el liderazgo en la inteligencia artificial. Una respuesta tardía al “Plan de Desarrollo de la Próxima Generación de Inteligencia Artificial” presentado en julio de 2017 por el Consejo de Estado de China, y al “Pan?Canadian Artificial Intelligence Strategy”, de marzo de 2017 y a la “Artificial Intelligence Technology Strategy” que Japón dio a conocer en marzo de 2018. Los Emiratos Árabes Unidos han sido los primeros en crear un Ministerio de la Inteligencia Artificial.

Pero este resumen de las más elaboradas estrategias globales, sería incompleto si no destacamos que los datos no sólo se multiplican sino que se mueven a una velocidad con aceleración creciente. Las redes 5G se proyectan 40 veces más rápido que las actuales 4G pero el volumen de datos comunicados a través de ellas, podría ser significativamente mayor, al menos 100 veces. Y la big data, en redes 5G serán procesadas con una nueva generación HPC de computadoras de alto rendimiento: exaflops (10 a la 16 cálculos por segundo) que multiplicaría por mil las actuales supercomputadoras petaflop. Ello sin tener en consideración la próxima computación cuántica.

Esta articulación: grandes datos, redes de alta capacidad y velocidad, HPC, configurarán la infraestructura de la industria 4.0, de la agricultura 3.0 y de los servicios que a su vez han de integrarse continuamente. 

La convergencia ciencia, desarrollo e innovación alcanzará su potencial disruptivo al tiempo que la concentración del nuevo capital se apropia de los datos de todo el mundo, en todas partes y en todo tiempo.

Decía en mis cursos, hace 20 años, que las fuerzas motrices de la globalización eran la aceleración de la historia (del conocimiento); la perdida de significación de la distancias, y la crisis de los estados-nación. Un mundo en tiempo real, donde el tamaño relativo del mundo es igual a cero y los poderes mutan de los estados formales a nuevas concentradas alianzas corporativa-gubernamentales de las grandes potencias. Será inevitable antes que afrontemos dos nuevas elecciones presidenciales.

Las cantidades de cambios y el alcance de los impactos futuros de la tecnología no son bien conocidos por quienes deben adoptar decisiones tanto en el campo político, empresarial o social. Ello se explica porque se desconocen las tecnologías disponibles y aquellas que vendrán en un futuro próximo. Si bien se menciona el cambio en casi todos los discursos políticos, y empresariales  no se han asignado recursos a la información que permita anticipar los impactos intersectoriales de las tecnologías radicales y las innovaciones sociales.

Si no gestionamos nuestro futuro en términos de las próximas transformaciones estamos condenados a repetir errores.