Opinión Fincas Sábado, 22 de febrero de 2020 | Edición impresa

Y sin embargo, se mueve - Por Héctor Huergo

Por Héctor Huergo - Especial de Clarín Rural para Los Andes

La preocupación del agro está subrayada por gruesos trazos de evidencias. Cuando uno quiere hablar de futuro, la realidad lo sacude con un presente complicadísimo y un horizonte lleno de nubarrones. El rumor del retoque de tres puntos a las retenciones de la soja, el de la vuelta de los ROEs en trigo o algo parecido, la crisis financiera de Vicentín (más las de algunos “correacopios”), la incertidumbre sobre lo que van a hacer con las exportaciones de carne vacuna, impregnan la diaria de nuestra labor periodística. Los dirigentes en estado de deliberación, y soportando la presión de “las bases”, que exigen medidas de fuerza. Por ahora no hay consenso, en la Mesa de Enlace, para desatar hostilidades, pero todo pende de un hilo muy finito.

“Y sin embargo, se mueve”. La rápida reacción de los productores de La Pampa, ante la decisión del gobierno provincial de prohibir la venta de agroquímicos, llevó a una solución inmediata. Se puso en marcha el protocolo de Campo Limpio que resuelve adecuadamente la cuestión de los envases. Habíamos planteado la preocupación anteriormente. El agua no llegó al río, la cosa está encarrilada. Se puede.

Ojalá ésta sea la dinámica. Hay cosas que tiene que resolver el sector privado. Un claro ejemplo es el caso Vicentín, que presentó convocatoria la semana pasada, frente a una serie de medidas cautelares y embargos promovidos por algunos acreedores. 

Hay otras cosas que serán privativas del sector público. Ahí reside la preocupación y el estado de alerta de productores y dirigentes.

Por ejemplo, la cuestión del trigo. El ritmo con el que se comercializó la cosecha que se acaba de levantar fue vertiginoso. También fueron muy fuertes los embarques de enero, con la exportación muy activa en la compra del cereal. Obviamente, el gobierno sigue con atención este tema. El secretario de Agricultura, Julián Echazarreta, que de esto sabe un rato largo, dijo en una mesa de trigo en Córdoba que faltando nueves meses para la próxima cosecha, es un rol del gobierno mantenerse vigilante y eventualmente “intervenir”. El término levantó algo de polvareda, pero desde el propio sector comercial salieron a poner paños fríos, contando que hay un acuerdo entre exportadores, molineros y gobierno para asegurar el abastecimiento fluido de trigo a lo largo del año. Es una cuestión sensible siempre. Tampoco en este caso pareciera que el agua llegará al río. O el trigo al mar.

El ministro Luis Basterra se manifestó también en repetidas oportunidades con mucha prudencia, y no parece querer fogonear mecanismos utilizados en el pasado. Esta semana dio también una buena señal, al acompañar a la Asociación de Semilleros Argentinos al lanzamiento de la cosecha de semilla de maíz en un criadero de Salto. Allí estuvo también Ramón Ayala, titular del gremio de Trabajadores Rurales (Uatre), resaltando la relación de armonía que existe en una industria clave, porque todo nace en la semilla y porque es la expresión concentrada del avance tecnológico de toda la cadena agroindustrial.

El otro tema es el de la carne vacuna. Esta semana se reunió, por primera vez, en la era Alberto Fernández, la mesa de carnes. Fue en la sede de Unica, una de las cámaras referentes del sector frigorífico. Allí se repasaron todos los temas, muchos que siguen pendientes, en particular la necesidad de una ecualización de la cadena en lo fiscal y lo sanitario. Pero el foco estuvo puesto en mantener un necesario flujo de exportaciones, garantizando un buen nivel de abastecimiento interno. Es lo que le interesa a un gobierno que sabe que ahora las carnes pesan en la balanza comercial (tema clave) pero que también tienen alto impacto en el consumo interno.

Los frigoríficos exportadores están planteando un mecanismo que permita mantener una proporción adecuada, que garantice el flujo de embarques y asegure la oferta local. La idea es que se grave con derechos de exportación más bajos (5%) a los cortes de alta calidad, que a los cortes populares (9%). Es una forma de desestimular la exportación de asados y otros cortes que tienen alta demanda interna, y mejorar la ecuación de los cortes de mayor valor como los lomos, bifes anchos y angostos, entre otros.

Es muy conocido el hecho de que cuando la exportación funciona a pleno, los frigoríficos venden barato los asados y otros cortes que no forman parte de la cuota Hilton. Con la irrupción de China esto cambió, porque ahora se llevan todo, además con o sin hueso. Una “auto-restricción” podría ser viable, pero un mecanismo como el propuesto (hay otros) tendría el doble efecto de no castigar la exportación y al mismo tiempo asegurar el consumo.