Opinión Sábado, 11 de enero de 2020 | Edición impresa

Vocablos de moda - Por María del Rosario Ramallo

Por María del Rosario Ramallo - Profesora y Licenciada en Letras

Muchas veces, en el transcurso de mis clases, he dicho a mis alumnos que las palabras son viajeras a lo largo del tiempo. En ese viaje incesante, ellas, como si fueran personas, han ido despojándose de valores viejos y, en cambio, han adquirido otros que han concordado con las exigencias de los diferentes contextos. Así sucedió, por ejemplo, con el vocablo ‘arroba’, que proviene del árabe y que designaba una medida de capacidad y también de peso; tuvo un largo uso para distintas aplicaciones, según se puede leer en los diccionarios etimológicos especializados. Hoy, en cambio, según los conceptos académicos, la arroba a través de su símbolo @ se ha popularizado en los últimos tiempos por ser el que aparece, en las direcciones de correo electrónico, entre el nombre que identifica al usuario y el sitio de internet donde está ubicado su servidor de correo. Además de este uso electrónico, aparece para abarcar masculino y femenino en expresiones como ‘tod@s’, en un empleo que no tendría su correlato en la oralidad, por la imposibilidad de darle una lectura coherente.

Y en los discursos políticos, ¡cómo se ha abusado del verbo ‘empoderar’, para aludir al hecho de un poder súbito para un grupo que no lo tenía antes! La Fundéu, siempre atenta a la evolución de los términos, nos dice al respecto: “Para traducir el verbo ‘to empower’ y el sustantivo correspondiente, ‘empowerment’, se están empleando en español las palabras ‘empoderar’ y ‘empoderamiento’. ‘Empoderar’ es un antiguo verbo español que la vigesimotercera edición del Diccionario académico recoge ya con el nuevo significado con el que se utiliza: ‘Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido’. 

El empleo de ‘empoderar’ y ‘empoderamiento’ con este nuevo significado, que comenzó en el ámbito de la sociología política, es cada vez más extenso y ello se refleja, por ejemplo, en la frecuencia de su aparición en los medios de comunicación o en los documentos normativos europeos”. Hasta aquí, la palabra de la Fundéu; veámoslo en ejemplos: ‘empoderamiento de las mujeres’, ‘empoderamiento y promoción de la salud’. La otra acepción que figura en la edición del tricentenario, acorde con la primera, nos dice “dar a alguien autoridad, influencia o conocimiento para hacer algo”.

Otra palabra que se ha puesto de moda, tanto en los medios de comunicación como en el habla juvenil, es ‘disrupción’: se trata de un sustantivo femenino, cuyo significado es “rotura, interrupción brusca o súbita”. El origen remoto del vocablo se encuentra, una vez más, en el latín, idioma en el que “disruptio”, equivalente a “fractura”; también queda vinculado al participio “disruptus”, con el valor de “quebrado, roto, escarpado”. Según los etimólogos, se vincula además con el inglés “disruption”, término ya registrado a mediados del siglo XVII, con el sentido de “separación forzada o contundente de algo en partes”; en los negocios, “cambio radical y brusco”, para indicar que se interrumpe o evita la continuidad de algo, que se destruye la forma de hacer algo. En la familia léxica de ‘disrupción’, encontramos el adjetivo ‘disruptivo’, que se aplica a algo que ocasiona un cambio determinante. Así, hay conductas consideradas disruptivas porque son comportamientos caracterizados por el mal comportamiento, por la insolencia y falta de respeto, la agresión, la desobediencia y la provocación. Si, en cambio, se aplica a una innovación, se dirá que es disruptiva cuando engendre un cambio drástico; en el ámbito de la física y la electricidad, se habla de una descarga disruptiva cuando es brusca y origina un chispazo con ruido seco. 

Entre las palabras que la Fundéu propone como destacadas en 2019, se encuentra ‘neonegacionismo’; al respecto, nos dice: “En la prensa, en las noticias relacionadas con el cambio climático, se está empezando a emplear la voz ‘neonegacionismo’ para aludir a una nueva actitud que no niega la existencia del problema, pero que en la práctica no trabaja para combatirlo o retrasa todo lo posible la toma de decisiones al respecto”. 

Todos hemos conocido a alguien de nombre Dana; interesados por el origen de este nombre, aprendimos que Dana era una diosa celta, madre de los dioses y de los humanos. Era polifacética ya que no solamente era la diosa de la tierra, de la vida y de la luz, sino que también lo era de la literatura. Se la asociaba a la fertilidad, al crecimiento, la abundancia, la agricultura, el cultivo y la crianza de la tierra. Pero, cuando leemos en una noticia “Las danas vienen acompañadas de un importante aparato eléctrico”, indudablemente, no pensamos en la diosa celta; estamos en presencia de un acrónimo, pues primero nació como la sigla de “depresión aislada en niveles altos” o “DANA”. Es otra palabra propuesta por la Fundéu como término importante de 2019 y su equivalente es la expresión “gota fría”, que se define como una “masa de aire que se desprende de una corriente muy fría y que desciende sobre otra de aire caliente”. Si se usa la sigla DANA, se escribe íntegramente con las letras en mayúscula; si la usamos como sustantivo común, diremos que la sigla se hizo un acrónimo y lo escribiremos totalmente en minúscula. Usada como sigla, carece de plural –como toda sigla- y solamente lo indica a través del artículo: la DANA y las DANA; pero si usamos el término como acrónimo, al tratarse de un sustantivo, podremos decir en singular ‘la dana’ y en plural, ‘las danas’.

Otra palabra que llama nuestra atención es ‘influente’; inmediatamente, pensamos que debió ser ‘influyente’; según la Fundéu, es una alternativa para el inglés “influencer”, que se define como la “persona con conocimiento, prestigio y presencia en determinados ámbitos en los que sus opiniones pueden influir en el comportamiento de otras muchas personas”. Agrega esta fuente que se usa en el ámbito de la mercadotecnia. ¿Y de dónde emana ‘influente’? Ya hace más de dos siglos que figura en el diccionario académico y rivaliza con ‘influyente’. Los dos se definen como ‘que influye’ y ‘que goza de mucha influencia’.