Sociedad Viernes, 7 de junio de 2019

Viven el poliamor, tienen hijos y cuentan sus secretos: "Es mucho más civilizado"

Analía, Diego y César viven una historia poco común, pero no por eso menos apasionante. Abandonaron la monogamia y se la jugaron por amor.

Por Redacción LA

Analía, Diego y César viven una relación extraña para algunos, pero que los mantiene unidos y felices, incluso con sus hijos. El trío decidió abandonó la monogamia y darle una oportunidad al poliamor. "Es mucho más civilizado esto porque no andás con el cuchillo entre los dientes tratando de matar al tipo que te da celos", aseguran ellos.

La historia arrrancó con Analía y Diego, cuando se conocieron una década atrás. Ella daba clases de idioma en la oficina de él. El flechazo fue instantáneo: compartían gustos musicales y los chispazos eran evidentes. Sin embargo, había un freno: Analía estaba en pareja, convivía con la violencia de manera cotidiana y necesitaba irse de su casa. Diego le ofreció que se mudara a su casa, pese a que, si se aplican etiquetas, eran amigos.

 

"Yo le ofrecí mi casa. En ese momento vivía solo, nos estábamos conociendo pero no éramos pareja, -yo le dije- ‘si no llega a funcionar ahorrás plata, buscás un departamento y te podés ir’. Hace 10 años que sigue buscando casa y no se va", contó Diego en Clarín. Lo que vino después los arrasó como una topadora: convivencia, noviazgo, amigos, familia, hija y poliamor. 

César, periodista de la escena metal, es la pareja de Analía. "A los ocho años de estar juntos, con una hija de por medio, nos decidimos a ver qué había más allá (de la pareja)", contó la mujer.

"Primero salí yo -cuenta él-, lo encaré por el lado de conocer gente. Mis salidas eran con un grupo de gente que practicaba el poliamor, pero no de cara a tener sexo sino de salir y pasarla. La primera vez que estuve con una persona a nivel sexual me pasó a mi primero, con todo el miedo del mundo", señaló Diego.

 

Claro que al principio tuvieron que aprender a lidiar con los celos y a establecer acuerdos provisorios para apuntalar el vínculo. Analía reflexiona: "Son cosas que no sabés cómo manejar. Al principio fue esa cosa de no saber cómo manejar los espacios y los tiempos de cada uno. Los primeros años no tuvimos armonía, porque tuve que entender que él no era más mío".

Distinto era el caso de César. Como autodeclarado amorlibrense luego de un derrotero de exploración sexual y malas rachas afectivas -matrimonio fallido-, se inició en el intercambio swinger, transitó por el erotismo del BDSM y tuvo un intento de pareja abierta que no prosperó. El nacimiento de su hija significó un interludio en esa fase exploratoria y precipitó la decadencia de la relación: “Después de la nena se cortó todo y cuando retomamos, lo hicimos en un ambiente enrarecido. En algún punto, empecé a pasar noches con la otra chica hasta que en un momento mi pareja sufrió una involución terrible de celos y eso me obligó a cortar la relación con la otra chica".

Clarín

La pequeña V. es una de "las hijas del poliamor". A sus cinco años, sabe los detalles de la relación. Al haber hijos de por medio -ensamble-, Analía y Diego lograron construir una red afectiva en la que todos cooperan para cuidar y contener a los chicos.

César tranquliza y aclara: "El tema no es tanto los chicos, sino que a quien metés en tu cama sea alguien que sabés que los va a tratar bien, la responsabilidad afectiva pasa por ese lado. Si se sienten queridos y contenidos, no hay ninguna diferencia para ellos. La diferencia viene de los adultos que creen que la monogamia es norma y entonces los chicos se van a volver locos, pero eso no pasa. Mi nena pasó por esto y está todo bien. Los chicos no sufren eso, lo que sufren es cuando no se les presta atención a sus necesidades”.

 

¿Cómo es una reunión de padres? Analía no se guarda la relación: "Escuchaba a todos los padres que tienen una realidad normal, monógama, previsible y yo salté y dije: ‘A mi hija la educo con la ESI abajo del brazo y lo que ve la nena en casa es que mamá y papá tienen libertad, que nosotros tenemos, fuera de la vida en pareja, una vida aparte y lo llevamos re bien’. Di a entender que somos una pareja con ciertas libertades. Tengo ese miedito que algún día me llamen del jardín y me digan: ‘señora tenemos que hablar con usted’. Espero fervientemente que eso pase".