Espectáculos Lunes, 21 de octubre de 2019 | Edición impresa

Vitillo Ábalos: un folclorista de leyenda

Era el último de los Hermanos Ábalos en sobrevivir y falleció el sábado a los 97 años.

Por Redacción LA

Vitillo Ábalos, el renombrado folclorista santiagueño, murió este sábado a los 97 años. Víctor Manuel Ábalos (su verdadero nombre) fue el penúltimo de los cinco hermanos Ábalos. Compositor, músico (tocaba el bombo legüero, la guitarra y la quena), cantante y bailarín, fue integrante de Los Hermanos Ábalos durante casi sesenta años. Un cuadro de neumonía precipitó el desenlace en el Sanatorio de la Providencia. Poco antes había sido operado en la cadera en el Sanatorio Guemes.

 

“Vitillo”, quien se caracterizó por mantener un perfil bajo y una profunda sensibilidad que transmitió a lo largo de toda su vida y su obra, nació en Santiago del Estero el 30 de abril de 1922 en de una familia de músicos. 

En actividad desde 1933 (y hasta el fin de su vida), Vitillo aprendió a bailar todo tipo de danzas folclóricas en la compañía infantil de Andrés Chazarreta y junto a sus hermanos, Machingo, Adolfo, Roberto y Machaco formaron el famoso grupo Los Hermanos Ábalos, que estuvo vigente durante casi 60 años y con quienes recorrió el mundo.

Vitillo Ábalos. Falleció el sábado a los 97 años. | Los Andes

En 1938 fundó el histórico grupo con sus hermanos Machingo, Adolfo, Roberto y Machaco. Fueron los creadores y recopiladores de clásicos del cancionero popular como “Agitando pañuelos”, “Chacarera del rancho”, “Nostalgias santiagueñas”, “Carnavalito quebradeño”, “El gatito de Tchaikovsky”, entre más.

 

Un salto en la popularidad del conjunto se consumó con la interpretación de “Carnavalito” en la película “La guerra gaucha” (1942), dirigida por Lucas Demare.

Los Hermanos Ábalos llegaron al Festival de Cosquín en 1966 y se despidieron de esa espacio en 1997. “No queremos que uno zapatee y los otros lo estén sosteniendo”, justificaba “Vitillo” entonces, con una dosis de humor, su retiro del festival. 

 

El año pasado le contaba a Clarín cómo fue la reunión en la que decidieron la separación: “Llegamos y [Roberto Ábalos] nos dijo: ‘Los he citado para contarles y pedirles lo siguiente: Dejemos de tocar’. Se hizo un silencio. ¿Por qué? Porque la gente se acuerda de nosotros, personas muy grandes, sin muletas, sin silla de ruedas... Que sí, que no; al final nos convenció, y se terminó. Al otro año, extrañaba tanto, que armé El patio de Vitillo Abalos” (con el que visitó por última vez Mendoza en el Americanto del 2013). 

Entre la nostalgia y lo nuevo

La historia le hizo un guiño y el bombisto volvió al escenario cordobés en 2011 como invitado de otro santiagueño, Raly Barrionuevo.

 

“No se puede amar lo que no se conoce”, aseguró a Télam Vitillo, cuando hace unos años fue consultado acerca de la indiferencia de parte del público contemporáneo a la inmensa tradición de los Hermanos Ábalos.

En su amplio recorrido, Vitillo cantó para dos papas, tomó parte de un videoclip junto a Roger Waters (Pink Floyd), de un ciclo televisivo en Japón junto a Los Beatles y Arthur Rubinstein, en 1966; y hasta tuvo la oportunidad de zapar con el trompetista Louis Armstrong en un bar de Manhattan durante la gira del grupo, en 1951.

 

Sus sobrinos nietos, el guitarrista Juan Gigena Ábalos (integrante de Ciro y Los Persas) y Josefina Zavalía Ábalos, impulsaron la idea del concretar un documental, “Abalos”, que lo tuvo como protagonista. El filme retrató la vida cotidiana de esta leyenda de la música argentina, dueño de una vocación musical incesante y de una espíritu joven. “Yo soy un viejo joven, por eso sigo trabajando”, señaló en una de sus últimas entrevistas Vitillo, quien trabajó ciertamente hasta lo último, e incluso borrando fronteras: fue invitado, por ejemplo, para el último disco de Attaque 77, “Triángulo de fuerza”. 

 

Vitillo Ábalos fue velado ayer, entre las 10 y las 22, en la Avenida Córdoba de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tras la despedida, los restos del músico serán trasladados al cementerio de la Chacarita, hoy a las 11 de la mañana. 

Quedará el recuerdo de un hombre con porte de leyenda.  “¿A qué piensa dedicarse cuando ya no toque más?”, le preguntó Clarín el año pasado. “¡A ser joven!”, contestó.