Fincas Lunes, 14 de octubre de 2019

Visita al vivero: ¿cuándo comprar frutales y a qué prestar atención?

Existen algunos detalles a tener en cuenta para obtener un árbol sano, con una buena producción de frutos.

Por Redacción LA

De acuerdo con el Instituto de Desarrollo Rural, organismo dependiente dle ministerio de Economía de la provinicia, la calidad de una planta de vivero no es solo su buen aspecto y sanidad externa sino también su identidad genética y la sanidad interior.

Para que una planta (copa y portainjerto) sea de calidad debe provenir de una selección varietal y sanitaria. Para ello es fundamental contar con material de propagación de origen confiable proveniente de plantas madres cultivadas especialmente para esta finalidad.

 

En la producción de fruta para consumo la mayoría de las plantas frutales cultivadas resultan de la unión artificial del sistema radicular y se denomina patrón, pie o portainjerto, mientras que el otro es conocido como el injerto o variedad, que aportará la parte aérea.

La compra de los frutales deben ser en viveros registrados ante Senasa y éstos deben poseer toda la documentación que acredite el origen, la sanidad y la variedad de las yemas y del porta injerto. Al momento de trasladar el material vegetal desde el vivero hasta el lugar de plantación, se debe tener la guía de sanidad para el tránsito de plantas y/o sus partes que otorga Senasa.

El estado fenológico ideal para la compra y plantación de un frutal es a raíz desnuda, durante el otoño y/o invierno. En este estado las plantas no tienen raicillas activas y no hay pérdidas por manipulación. Si se compra con hojas en la copa, es importante que éstos se comercialicen con las raíces cubiertas con tierra tipo cepellón.

El sitio de plantación debe ser alto, bien drenado, protegido de los vientos predominantes y el perfil de profundidad de por lo menos 1 m para que las raíces puedan desarrollar correctamente. Mayormente iluminado por el sol para lograr una maduración uniforme de los frutos.

 

En la plantación se debe observar el estado de las raíces del frutal, podando aquellas que se encuentren dañadas o muy largas. Se realiza el hoyo de 40 a 60 cm de profundidad donde se va a colocar la planta. Se debe separar y no mezclar los perfiles, los primeros 20 cm del perfil se pueden mezclar con abonos orgánicos o lombricompuestos y utilizarlo para tapar las raíces. Los 40 cm restantes del hoyo se utilizan para el llenado del pozo una vez plantado. 

Respetar una distancia mínima entre árboles de 2,5 m para evitar los entrecruzamientos de ramas y raíces y la distancia mínima permitida por ordenanzas municipales respecto de las medianeras.

El pie o porta injerto debe quedar por fuera del hoyo, no tapado para no inducir la brotación de las yemas adventicias del portainjerto. Aprisionar con cuidado y regar con agua libre de sales, en lo posible de lluvia evitando los encharcamientos.

Una vez plantado el frutal se procede a la poda de formación, el propósito es darle fortaleza a la estructura para que optimice el manejo y una rápida iniciación de la producción frutal. Esta operación puede llevar (dependiendo del frutal y de la variedad) de 1 a 3 años desde la plantación.

 

En la etapa de fructificación del árbol, la poda debe realizarse en función de los objetivos planteados. Podar para obtener fruta en el verano y generar la formación de ramas donde se localizarán las yemas florales para la cosecha del año siguiente.

Para lograr con éxito estos objetivos, se deben conocer los hábitos de fructificación de cada especie y hasta de cada variedad en particular. Los durazneros, pelones y las vides florecen en ramas el último año de crecimiento, mientras que los manzanos, perales y cerezos lo hacen en ramas de más de dos años de vida (ramas viejas).

En general, el duraznero, pelón y vid son frutales que demandan una poda invernal anual intensa de raleo y acortamiento, mientras que los ciruelos, almendros, manzanos, perales, damascos y por último los cerezos, una poda moderada o nula.