Fincas Sábado, 5 de octubre de 2019 | Edición impresa

Viñedos: cómo mejorar la poda, el atado y el injerto

Los viticultores preparan la siguiente cosecha mientras la viña está en período de reposo. Las labores culturales mejoran los rendimientos.

Por Redacción LA

Para los viticultores, los meses de invierno son la época ideal para la tarea de poda, ya que es el momento en el que la vid se encuentra en estado de reposo invernal. Las bajas temperaturas ayudan al descanso de la planta que se prepara para el nuevo ciclo vegetativo.

La fase de reposo vegetativo comienza en el momento en el que caen las hojas del viñedo. En esta época los viticultores deben iniciar los trabajos de reducción de la parte vegetativa de la cepa. El objetivo es controlar el número de las yemas y la longitud de los sarmientos para obtener así racimos de mejor calidad. Para lograr una buena cosecha es importante prestar atención a esta fase que requiere una técnica adecuada y un buen conocimiento de las cepas.

La primera fase de la poda es el marcado, en donde se quita el ramaje superfluo de la cepa, de modo que tenga un tamaño que nos convenga. Se eliminan las ramas secundarias y se dejan solo las más próximas al tronco de la vid, que nos servirán para diseñar una estructura y distribución ordenada de la planta durante su crecimiento.

 

La segunda fase consiste en rebajar la madera de la planta. Esta tarea es la más complicada y requiere hacerla con mucho cuidado, ya que las heridas de poda suponen el principal foco de entrada de enfermedades de la madera. La selección y orientación de los sarmientos y yemas permitirá que las uvas tengan una mayor ventilación y que el sol llegue de forma óptima.

Para finalizar, el último paso es el atado que tiene como objetivo redirigir las ramificaciones de la planta. Este proceso se realizaba tradicionalmente con mimbre, un material que todavía utilizan algunos productores.

La injertación

El injerto en “T” leñoso fue creado por el ingeniero agrónomo Ángel Gargiulo, ex Director del INTA Rama Caída, Mendoza. Es un injerto de muy fácil ejecución, de elevado porcentaje de prendimiento y especialmente indicado para el cambio de variedades en vid.

Consiste en injertar un trozo de sarmiento que conforma un escudete leñoso con una yema. La injertación se hace sobre madera de dos o más años, es decir, sobre el tronco o brazos. Generalmente se aconseja efectuarlo en el tronco. En el caso de parrales, y según el diámetro del tronco se pueden hacer 2, 3 o 4 injertos a una altura tal que permita una adecuada formación de la planta.

 

La época de ejecución comienza en el momento que la corteza despega con facilidad, lo cual normalmente ocurre cuando los brotes tienen unos 30 centímetros de largo como mínimo. El trabajo se aconseja hasta fines de noviembre. En diciembre puede hacerse en otras zonas más frías que Mendoza. Cuanto más temprano pueda injertarse, dentro de los términos indicados, mejor resultado se obtiene, porque el desarrollo del injerto es mucho mayor al disponer de más tiempo para crecer, y por ende mayores son las posibilidades de cosecha al año siguiente.

Técnica para injertar

En la época de poda, se extraen estacas de 5 a 6 yemas, eligiendo sarmientos de vigor medio, que son los que presentan las yemas bien desarrolladas. Debido a la época en que se realiza la injertación (octubre en adelante) es necesario evitar la brotación de las yemas. Eso se puede conseguir de tres formas:

1. Estratificación en arena. En cajones especiales de 60 cm de largo por 40 cm de ancho y 30 cm de alto, se colocan capas alternativas de arena y estacas (100 estacas por cajón).

Una vez lleno los cajones (que llevan en el fondo un número variable de perforaciones de 3 a 5 mm) se procede a regarlos con regadera hasta que la arena este bien húmeda.

Se procede luego a taparlos en el fondo, evitando que queden separaciones, y luego se guardan en cámaras frigoríficas a cero grado centígrados, hasta el momento de la injertación.

 

2. En bolsas de plástico. Las estacas se disponen en atados (150-200 estacas) atados con alambre en cada extremo emparejados con tijera.

Los atados se humedecen y se lavan bien. Luego cada uno se envuelve en bolsas de arpillera, extendida y previamente mojada en suspensión de algún fungicida. Previo un leve escurrido del bulto, este se coloca en una bolsa de polietileno de 60 a 100 micrones de espesor y de un metro de largo por 70 centímetros de ancho. Se retuerce el extremo y se ata firme. Las bolsas plásticas se conservan en cámara frigorífica a 0° C hasta que vayan a injertarse.

3. Escudetes en frigorífico. A partir del momento de la extracción de estacas (en el invierno), en mesa taller se sacan los escudetes y se colocan en recipientes de agua. Luego se estratifican en cajones con arena y se lleva a frigorífico a 0°C.

Proceso

En la planta a injertar, se corta el tronco mediante serrucho o tijera de dos manos. Si la injertación se va a practicar en el tronco, el mismo se corta por debajo de sus ramificaciones o brazos. Luego se procede a “pelar” el tronco sacando la cáscara (ritidomis).

Para extraer el escudete hay que hacer dos cortes. El primer corte determina el largo del escudete, que debe tener entre 5 a 6 cm. El mismo se inicia en forma semioblicua, 2 o 3 cm por arriba de la yema, y se termina 2 o 3 cm debajo de ella, y casi al centro de la estaca.Para finalizar la extracción se hace un segundo corte en “chanfle” que comienza en el “lomo” del escudete, entre medio y 1 cm arriba de donde finalizó el corte anterior. Así queda el escudete libre.

En el lugar donde se efectuara el injerto se hacen dos cortes formando una “T”. El corte correspondiente a la parte superior de la “T” tendrá un largo igual al doble del ancho del escudete. El que corresponde a la parte inferior de la “T” tendrá un largo casi igual al escudete.

En el punto donde se juntan los dos cortes se abre la corteza hacia afuera.Luego se coloca el escudete con el “chanfle” hacia abajo y se lo hace deslizar en el mismo sentido. Se aprieta bien la corteza y se ata con cinta plástica. 

La atadura se inicia en la parte inferior de la “T” y se termina en la parte superior rematándola con un nudo por sobre la yema, luego de haber dado dos o 3 vueltas en ese lugar. Debe tomarse la precaución de dejar suficiente espacio sin atar por debajo y por encima de la yema para que esta quede libre de manera que el brote pueda emerger sin quedar estrangulado.