Opinión Domingo, 8 de marzo de 2020 | Edición impresa

Viñas de ira - Por Carlos Salvador La Rosa

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

A pesar de los modos institucionalmente a la mendocina, grandes pasiones se movilizaron en este nuevo año vitivinícola en la provincia.

Esta vez ocurrió de modo explícito la ruptura -que ya hace mucho existía de modo implícito- entre el sector que dirige la Coviar, hoy representado por su nuevo presidente, José “Pepe” Zuccardi, y Bodegas de Argentina, conducida por Patricia Freuler de Ortiz. 

El desayuno lo hicieron sólo los primeros y el almuerzo sólo los segundos. Aunque  el desayuno, desde que se instituyó, fue una idea de los primeros para competir con el almuerzo de los segundos que siempre hicieron solos el agasajo que antes se llamaba de “las fuerzas vivas”.

Nunca pudieron solucionarse las diferencias ideológicas, políticas y económicas que ambos grupos mantienen, pese a que la Coviar fue el intento más avanzado de lograrlo. Tanto que ambos siguen sosteniendo a la institución. Los de Zuccardi quieren otro plan que continúe al que este año finaliza mientras que los de Freuler quieren también un plan, pero que tenga poco que ver con el actual.

Es que aunque ambos sectores admitan autocríticas al PEVI y la Coviar, los unos creen que lo ocurrido fue más positivo que negativo por los logros alcanzados, mientras que los otros creen que fue más negativo que positivo por los logros que no alcanzó.

Luego todo se tiñe con las categorías de la política. Para Zuccardi, los bodegueros que se fueron representan al sector más concentrado y con más intereses fuera que dentro de Mendoza. Para Bodegas, las autoridades de la Coviar son un grupo cerrado que se apropió de la conducción de la entidad sin dejarlos participar y que reconocen una identificación política con el peronismo. Lo que el ex gobernador Cornejo también manifestó al acusar a la Coviar de blanda con el gobierno nacional.

Algo de eso se expresó ayer por la gran proliferación de dirigentes peronistas que asistieron al desayuno de la Coviar, cosa que no ocurrió en el almuerzo de Bodegas.

A la vez mientras unos desayunaban y otros se preparaban para almorzar, un grupo de productores que no se sienten representados por ninguno de los dos, contradesayunaban por las calles mendocinas para expresar que no pueden más. Protesta que los mismos criticados de ambos lados decían compartir.

 Las autoridades que vinieron del Ministerio de Agricultura del gobierno de Alberto Fernández fueron de segunda línea y eso ocurrió porque no tenían nada que anunciar.

Y la autoridad nacional importante que vino, Wado de Pedro, dijo poco y nada y lo que dijo lo hizo a través de un tweet. Sin embargo, aprovechó su fugaz paso por Mendoza para empoderar a la senadora Anabel Fernández Sagasti como la jefe indiscutible del peronismo mendocino y la que en última instancia decidirá  qué obras de infraestructura de las que pide el gobierno de Rodolfo Suárez se autorizan y cuáles no. Había entre los dirigentes radicales quienes miraban con tirria al joven Wado, porque juran que fue este ministro quien les propuso autorizar obras al gobierno mendocino a cambio del apoyo a Rafecas como procurador. 

Zuccardi, pese a criticar a los de Bodegas, dijo que el plan que viene, hasta ahora es una “página en blanco” a la espera de que todos la llenen con sus propuestas, lo que se puede interpretar como el dejar una puerta abierta para el retorno de los de Bodegas.

En cambio, Freuler fue más drástica, su crítica hacia la Coviar abarcó casi todo su discurso y fue implacable. Coviar sí, pero otra Coviar, pareció decir, y con lo que están ahora, muy poco y nada.

Mientras en el desayuno se criticaba a los del almuerzo por oligarcas que ni les interesan los pequeños y medianos productores, los del almuerzo decían que en lo principal que tenía que hacer la Coviar, que era la promoción, había fallado estrepitosamente, como indicaban los números de las exportaciones. Sostenían que quizá al principio el plan estratégico fue bueno, pero luego al ser cooptado por un solo sector, fue arrastrado hacia el fracaso. 

Y así seguían las diatribas en estas viñas de la ira, donde hasta el duro debate presupuestario entre radicales y peronistas pasó a segundo plano, sin que por ello el gobernador  dejara de enrostrarles su negativa a la oposición.

Y  hablando del gobernador, éste fue un protagonista muy importante de esta Vendimia iracunda, tanto por lo que dijo como por lo que no dijo. 

En el almuerzo hizo varias propuestas, de las cuales la más importante es la de un banco de vinos para guardar el vino cuando haya que malvenderlo, pero lo más valioso fue que, sin tomar partido, se ofreció como mediador para reconciliar a los contrincantes. Lo mismo dijo en el almuerzo, pero allí el calor excesivo y la malaeducación de algunos hizo que se lo escuchara poco y nada. Entonces Suárez, enojado pero sin perder la compostura se retiró sin pronunciar lo que le faltaba del discurso, pero cerrándolo con una queja a la dificultad que tenemos entre nosotros para escucharnos. 

Lo dijo porque no lo escuchaban en su alocución, pero también puede ser entendido como una metáfora de las dificultades que estamos teniendo los mendocinos por encontrar los puntos en común y por enfatizar sobre todo en las divisiones. Como en estas Viñas de ira.