Opinión Lunes, 30 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Viajeros a China, siglos XIII a XIV - Por Alberto Oliveri

Por Alberto Oliveri - Ingeniero electromecánico UBA

Humanismo renacentista italiano - segunda nota*

En el siglo XV Europa todavía se encontraba en la periferia del conocimiento y del comercio. Estaba enclaustrada entre las inmensidades del Océano Atlántico al Oeste y del Islam al Este. El Califato de Bagdad poseía los conocimientos en matemáticas y astronomía e India y China superaban a Europa con sus avances tecnológicos. La porcelana china era muy apreciada en las cortes. Limonges y Sevrés aparecerán recién en 1700.

Hasta avanzada la Edad Media, salvo los países del Mediterráneo que por su clima cultivaban una variedad de hortalizas y frutas, los países del norte de Europa tenían una cocina insípida y sosa. Grecia y Roma, debido a sus conquistas, conocieron las especias, también la seda, perlas, gemas preciosas y hasta la porcelana china. 

El comercio del Este hacia el Oeste había sido el gran impulsor del comercio a lo largo de la Ruta de la Seda y el océano Índico, con registros a partir del año 300 AC, creando un gran espacio multicultural y fantásticas ciudades como Samarcanda, Bukhara, Kashgar, Khotan, Dunhuang hasta Chang an (Xian). 

Los reinos europeos recién comenzaban a despertarse de su aislamiento. En 1578 parte de Portugal el jesuita Mateo Ricci, con solo 26 años rumbo a Goa. Nacido en Macerata, Italia, estudió en el prestigioso Colegio Jesuita de Roma. Goa era un enclave comercial portugués en la costa oeste de la India desde que en 1498 Vasco da Gama arribó a ese sitio, seis años después que Colón a América. 

Las dos potencias marítimas de Europa, Castilla y Portugal, se disputaban la navegación por los mares para llegar al país de las especias. En 1493 se firma el Tratado de Tordecillas, cuando todavía no habían recorrido la costa africana, ni llegado a la India, solo a las Antillas; estos dos reinos con la bendición de Roma, se repartieron el mundo.

En 1582 (con 30 años) Ricci es transferido a Macao, otro puerto comercial portugués en la China, abierto mediante un acuerdo en 1557 con la Dinastía Ming (1368-1644). Esta poderosa dinastía fue fundada por un monje budista campesino que se rebela contra los mongoles (Dinastía Yuan). Algunos historiadores la describen como “uno de los mejores periodos de gobierno disciplinado y estabilidad social en la historia humana”. Ricci arriba bajo el reinado del emperador Wan Li (1572-1620). Al estar separada la religión del estado, las clases bajas no estaban sujetas al temor del castigo divino por rebelarse contra el emperador.

En 1594 (a los 42 años) traduce al latín los Cuatro Libros de Confucio (551-479 AC). Fueron escritos por sus discípulos luego de la muerte de Confucio y son un listado de máximas sobre cómo se debe actuar, desde un simple individuo hasta los gobernantes.  Son conocidos como: 

Gran Saber o Ciencia, Doctrina de la Medianía, Analectas de Confucio, Mencio; escrito por este seguidor de Confucio que vivió entre 371-289 AC. 

Los Cuatro Libros fueron los textos básicos de los exámenes imperiales para cargos en la administración del Estado bajo las dinastías Ming y Qing. Ricci toma nota de que China, siendo una monarquía absoluta como las europeas, era gobernada por una clase dirigente culta, altamente preparada para administrar los asuntos del Estado y que para ello debía pasar por exigentes pruebas. 

En 1610 (con 58 años) fallece en Pekín. Ricci tenía una opinión muy favorable sobre China y Confucio. Escribió que “si examinamos críticamente sus acciones y escritos a través de su historia, deberemos admitir que fueron iguales e incluso superiores a nuestros filósofos paganos”. Se refería a los filósofos griegos. Esta visión favorable de los jesuitas acerca de la civilización China sobrevivió al colapso de la Dinastía Ming en 1644 y continuó con otros talentosos jesuitas que viajaron y se establecieron durante la Dinastía Qing hasta finales del siglo XVII. 

Dirigentes de esta dinastía ubicaron a jesuitas en altos puestos de la oficina de estudios astronómicos y recibieron sus conocimientos en medicina, armas de guerra, astronomía con la introducción del pensamiento de Copérnico y en pintura el manejo de volúmenes y el claroscuro.

En 1616 se publican en Europa las cartas y manuscritos de M. Ricci por el jesuita Nicolás Trigault. A través de ellos se descubre el alto concepto que tenia de China, un extenso imperio, unificado, bien ordenado y controlado por un gobierno central. La administración diaria era llevada a cabo por una burocracia altamente profesional y seleccionada por medio de una complicada examinación basada en el mérito. Para Ricci cumplía con lo establecido por Platón y se diferenciaba de los reinos europeos embarcados en sus guerras religiosas y económicas en permanente disputa por los nuevos territorios conquistados. 

En China, Mateo Ricci fue conocido como “El hombre sabio de Occidente”, considerándolo un importante historiador, científico, filósofo y pensador, precursor de las ideas jesuitas y temas morales. En suma: un gran científico que dejó importantes avances como un calendario más exacto y la confección de mapas jamás vistos en China. Con sus investigaciones fue capaz de predecir eclipses y hasta traducir los cuatro libros de Confucio al latín. 

El sitio donde fue enterrado Mateo Ricci fue donado por el emperador Wan Li y el epitafio labrado sobre su sepultura dice:

“A alguien que alcanzó renombre para la justicia y escribió libros ilustres. Li Ma-tou, un hombre del Gran Occidente. Huang Chi-shihi, gobernador de la Ciudad Real de Pekín”. (*) La primera nota se publicó el 3 de diciembre.