Sociedad Aniversario Domingo, 20 de octubre de 2019 | Edición impresa

Valores generacionales: jóvenes de todos los tiempos

Más que definida por un rango etario, son el efecto de sutura entre un período y los condicionamientos políticos, económicos y sociales.

Por Octavio Stacchiola - Sociólogo y becario doctoral de Conicet

¿Quiénes son los jóvenes de hoy? ¿Qué dicen, qué piensan, qué hacen? Inmediatamente, el ejercicio mental nos lleva a tropezar con el primer obstáculo epistemológico para dar respuesta a estas preguntas: primero, la crítica y luego, la reflexión. En general, la opinión sobre la generación de jóvenes de la actualidad se construye sobre la base de una mirada adultocéntrica (“los jóvenes no eran como los de mi época”) y profundamente ético-normativa (“la juventud no tiene valores” o “la juventud no sabe lo que quiere”).

Abandonando estos obstáculos, observamos que las generaciones de jóvenes de hoy -como las de ayer- más que ser la resultante de caracteres intrínsecos a lo que constituye un rango etario determinado por su edad biológica, son el efecto de sutura entre un período vital y los condicionamientos políticos, económicos y sociales de una época. Es más, ni siquiera hubo jóvenes en todas las épocas.

 

Si nos retrotraemos a principios del siglo XX, a la época de nuestros abuelos, en aquellas sociedades, para ellos y ellas, estaban bien delimitadas las etapas para jugar y divertirse; instruirse y madurar y finalmente, conformar una familia y trabajar. El compás de las transiciones de la niñez a la adultez estaba codificado culturalmente de ese modo, resultado de los ritmos de producción económica y de las configuraciones familiares, fundamentalmente.

Hacia mediados de la década del ‘50 surge la posibilidad de lo que en sociología se denomina “la moratoria social”: la posibilidad de postergar exigencias (contraer matrimonio o insertarse rápidamente en el mercado de trabajo) para dedicarse al estudio y la capacitación. Bajo los modelos de Estado de Bienestar, las políticas de pleno empleo, la universalización educativa y la ampliación de derechos, otorgó creciente autonomía a una nueva categoría sociológica: la juventud. Sin embargo, el estatus de categoría sociológica relevante y como sujeto con demandas e intereses propios recién llegaría en las épocas posteriores.

 

Los ‘60 y ‘70 mostraron que las formas de “ser joven” eran muy diversas, cultural, política e ideológicamente. La revolución juvenil, la revolución sexual, la revolución socialista aparecieron como emergentes no sólo de una nueva generación, sino de una nueva sociedad. Eran juventudes que sobrepasaban los límites de lo instituído y las autoridades (adultas) tomaron cartas. Así, la última dictadura militar en Argentina aplacó, destruyó y disgregó todo ese espíritu de época.

Ya en democracia las nuevas generaciones de jóvenes pivotearon entre un primer entusiasmo, para luego pasar a la apatía, el desencanto con determinadas formas de la política y la proliferación de nuevas pautas de consumo cultural y estético. Estas modalidades de lo juvenil no se otorgaron a todos por igual, clausurando drásticamente las posibilidades a muchos jóvenes de las clases populares a no acceder a determinados niveles de instrucción o que debían insertarse rápidamente al mercado de trabajo. Las desigualdades se hacían presente en las franjas juveniles, manifestando que no son un grupo homogéneo, sino que se encuentran atravesados por diferencias de clase, género y demás. 

 

Por tanto, la generación actual de jóvenes es la resultante de todos estos avatares que le han sido legados del pasado y que ellos no han elegido. No se las puede juzgar comparativamente con las generaciones anteriores porque los mundos en que se socializaron aquellas no son los mismos de ahora. Los millennials y centennials (categorías que son segmentaciones de mercado, más que demarcaciones sociológicas) confrontan y discuten no sólo con el universo de la adultez, sino entre ellos mismos. Son una generación que sabe que no va a vivir mejor que sus padres, pese a estar más formada educativamente. Son una generación que va a rotar por numerosos trabajos precarios. Sin embargo, está por verse si constituyen como expectativa generacional redireccionar el curso de la época que les toca vivir.