Opinión Miércoles, 17 de abril de 2019 | Edición impresa

Un salvavidas de plomo - Por Arnold Rubén Simoni

Por Lic. Arnold Rubén Simoni - Ciencias Económicas (UN Cuyo)

Economía es un fenómeno natural, que aunque no es físico, no deja de ser fenómeno. Los fenómenos naturales son todos aquellos procesos constantes  de movimientos o transformaciones que tienen lugar en la naturaleza sin que medie intervención humana.

¿Cuál y cómo es el proceso natural económico?  

La génesis del fenómeno  económico es la condición natural humana denominada necesidad. Después la vida en comunidad y la variedad de necesidades físicas, psíquicas y espirituales provocan el intercambio, la transacción de bienes y servicios por otros bienes y servicios, es decir, la actividad económica.

Por lo tanto,  la actividad económica, la buena o mala economía,  depende de la magnitud de  intercambios de bienes y servicios; es decir, el bienestar social  es consecuencia de la magnitud de intercambios de bienes y servicios.

¿Y de qué dependen los intercambios?  

Además de la necesidad humana,  requieren que el cambio lo consideren favorable ambas partes. Cuando no es así, cuando  alguna de las partes no lo considera favorable, no se realiza.

¿Cómo es posible, que sea favorable para ambas partes?  

Simplemente por una condición propia del fenómeno: la subjetividad del valor económico. El valor asignado a un bien determinado es propio de cada sujeto. El valor económico es subjetivo.

Cada individuo conoce la intensidad o importancia de su necesidad, origen del valor económico y su consecuencia, el precio.

El realismo ingenuo cree que las cosas son bienes por sí mismas, a pesar que la física ha demostrado que las cosas se consideran por el efecto que producen en el sujeto; y la ciencia económica enseña  que las cosas no son bienes ni males por sí mismas, sino por la apreciación de utilidad de cada individuo.

Si la acción humana interrumpe por cualquier medio, el proceso natural económico, modificando o perturbando el precio verdadero (natural), inclusive de la moneda, se resienten las transacciones por no considerarla favorable (conveniente) a una de las partes intervinientes; por no coincidir con la realidad, dando lugar a un  agujero negro económico: paralización económica y recesión.  

Argentina, entre otros países aun con peores historias económicas, tiene larga data sobre intervenciones en los precios, tales como leyes de abastecimiento, fijaciones de precios, márgenes de utilidad, precios máximos, compre nacional, ley de alquileres, congelamiento de precios, convenios, precios cuidados, cotización del dólar, tabla, ley de convertibilidad y franja cambiaria.

Todas dichas intervenciones humanas son estériles y contrarias al desarrollo económico y bienestar social, porque afectan la consecuencia de la necesidad; necesidad  que no cambia por dicha acción. Nunca, ninguna de dichas medidas dio  buenos resultados. Por el contrario, en todos los casos produjo desabastecimiento, colas para adquirir productos, desocupación, empobrecimiento social, parálisis económicas y recesión.

El meollo de la cuestión radica en comprender el fenómeno denominado precio. Reiteramos: el origen de la actitud económica es la necesidad humana, cuyo efecto económico es la apreciación subjetiva de la importancia del bien que la satisface y posibilidad de conseguirlo (escasez o abundancia del bien); ambas condiciones  determinan el valor económico y su consecuencia, el precio.

No cabe la menor duda que el valor económico y su efecto el precio no provienen del costo del producto, sino de la necesidad humana y escasez o abundancia del bien. Costo es otra cosa, es el esfuerzo que se debe realizar para satisfacer la necesidad; es posterior a la necesidad, al valor económico y al precio. Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

El origen de la actitud económica es la necesidad humana; antes, el proceso psicofísico que la determina, después, el juicio de valor, después el precio y por último el costo.  

El  precio aceptado por un conjunto social es el precio que permite las transacciones y un determinado volumen de ventas.  Si se reduce el precio, aumentan las ventas, por cuanto aumenta la cantidad de sujetos que lo consideran favorable.

En consecuencia, los formadores de precios son los consumidores y no los productores, por cuya razón, toda medida que afecte la consecuencia (el precio) no modifica la causa (apreciación de utilidad) pero traba y perjudica  la actividad económica.

Los precios son la válvula natural económica que regula producción y consumo. Tienen la importante función de buscar continuamente el equilibrio entre necesidad social y posibilidades. Cuando los precios son impuestos, son falsos, la información que transmiten también es falsa y por lo tanto perversa y perjudicial.