Política Opinión Sábado, 9 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Un pedido de lealtad y unidad para lo que viene - Por Javier Álvarez

Por Javier Álvarez

La crisis económica aún no toca fondo y Alberto Fernández teme que esto erosione el arranque de su gestión. Todos los pronósticos, incluso los propios, hablan de un 2020 oscuro. Como si fuera poco, la disputa de poder en la heterogénea coalición de Gobierno ya comenzó.

El acto que ayer le armó la CGT tuvo mensajes cruzados. Héctor Daer miró a los ojos al presidente electo y levantó el dedo índice: “No somos terceras personas, somos parte del Gobierno que viene”, dijo. El sindicalismo en pleno, con 140 enquistados jefes de gremios del país, exigió lugar en la toma de decisiones.   

Fernández respondió que eso no estaba hablado. Pero salió por la tangente: dijo que ese protagonismo ocurrirá por el propio peso de las “convicciones” compartidas. Y dejó un mensaje implícito: si van a ser parte, también serán responsables de lo que ocurra.  

Reivindicó a Cristina Kirchner, dirigente que despierta amores y odios en el sindicalismo. Remarcó que no alcanza con la tolerancia y exigió “respeto por el  distinto”.

Destacó a Sergio Massa, a los gobernadores e intendentes, sus aliados para contener al cristinismo más duro. E hizo tributo al sindicalismo: enalteció a Felipe Vallese, José Ignacio Rucci y Saúl Ubaldini.

Son signos de un llamado a una unidad real. El heterogéneo Frente de Todos esconde tensiones tácitas. Por ello, Fernández pidió lealtad para forjar su propia gobernabilidad.