Mundo Sábado, 13 de abril de 2019 | Edición impresa

Un millón de dólares al año para mantener a un “malcriado”

Es el monto que gastaba la embajada de Ecuador en Londres para proteger al activista australiano.

Por Christine Armario y Gonzalo Solano - Agencia AP

¿Qué fue lo que provocó el arresto de Julian Assange? ¿Los medios de comunicación occidentales y la hipocresía de los gobiernos o los malos modales del fundador de WikiLeaks?

El dramático final del asilo de Assange ha despertado la curiosidad sobre los siete años que pasó en el interior de la embajada de Ecuador en Londres, que los funcionarios dicen que se caracterizó por sus paseos nocturnos en patineta, el acoso físico hacia sus cuidadores y hasta la exhibición de sus propias heces sobre las paredes de la casa diplomática.

Esto habría puesto a prueba la paciencia de cualquier anfitrión, pero para el pequeño Ecuador, que se enorgullece de su hospitalidad y que gastaba casi un millón de dólares al año para proteger al activista australiano, esto fue visto también como un insulto nacional. “Hemos quitado el asilo a este malcriado”, dijo el jueves el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, en un discurso implacable con el que explicó su decisión de retirar la protección a Assange y entregarlo a la policía británica.

 

“De ahora en adelante tendremos mucho cuidado de dar asilo en el momento que sea, a darlo a gente que realmente valga la pena, y no a miserables hackers cuya única intención es desestabilizar gobiernos”, agregó.

Su predecesor en el cargo, Rafael Correa, quien concedió protección a Assange en 2012, dijo que aunque el activista violó los términos de su asilo y era una carga para el país “no por eso hay que entregarlo a los leones”. Ecuador se volvió un refugio seguro para el fundador de WikiLeaks en 2012, cuando sus opciones legales para evitar la extradición a Suecia por un supuesto delito sexual se evaporaban en Gran Bretaña.  

Un día de junio de ese año, se trasladó a la embajada ubicada cerca de los lujosos grandes almacenes Harrods, para lo que muchos pensaron que sería una estancia corta. 

Dirección permanente

Sin embargo, la pequeña legación diplomática -donde una pequeña oficina fue transformada en su dormitorio- pasó a ser su dirección permanente. Muchos la compararon con una prisión de facto. A medida que se alargaba su asilo, la relación con sus anfitriones se complicó y su comportamiento se volvió más errático.

El personal diplomático se quejó de que patinaba por la noche, ponía música muy alta y se paseaba en ropa interior sin preocuparse por los demás. Un alto cargo ecuatoriano describió su habitación como un “territorio soberano dentro de un territorio soberano” al que ningún trabajador del número 3 de Hans Crescent podía entrar, pero el hedor tras 
pasar semanas sin ducharse y un problema dental derivado de la mala higiene eran molestias constantes, según el funcionario, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a comentar los detalles del comportamiento del australiano.

 

Entonces surgió el problema de las heces, que según las autoridades Assange esparció por las paredes de la embajada en al menos una ocasión en un desafío frontal que mostró su poca preocupación por sus anfitriones. “No puedes llegar a una casa que te da efecto, comida y cuidado, y denunciar dueño de casa”, dijo Moreno en un acto en Quito.

A los pocos meses de asumir la presidencia en 2017, el gobierno de Moreno volvió a reprender a Assange por entrometerse en asuntos internacionales al mostrar su apoyo a los independentistas catalanes desde la embajada ecuatoriana. Las relaciones empeoraron el año pasado, cuando Ecuador aumentó las restricciones en el acceso a internet y le pidió que limpiara la suciedad generada por su gato James.

Las reglas contemplaban que, si no se limpiaba y alimentaba correctamente a la mascota, ésta sería entregada a una institución. 

Desafiante y acosador

Assange intentó en vano desafiar las restricciones ante un tribunal ecuatoriano. Más recientemente, a medida que la disputa era cada vez más pública, comenzó a acosar física y verbalmente a sus cuidadores, acusándolos de ser espías de Estados Unidos que buscaban intercambiar información sobre WikiLeaks para conseguir un alivio de la deuda de Ecuador.

El canciller ecuatoriano, José Valencia, declaró que un audio grabado hace unos meses registró el momento en el que Assange amenazó al embajador, Jaime Merchán, con pre
sionar una especie de botón del pánico que, según dijo, tendría consecuencias devastadoras para la embajada si era detenido.

Aunque no quedó claro qué quería decir con su amenaza, las autoridades compartieron su preocupación con sus homólogos británicos y la redada del jueves se cuidó para evitar que el activista pudiese regresar a su habitación para ejecutar posibles planes de emergencia.

La gota que derramó el vaso para Moreno fue la decisión de WikiLeaks de publicar información sobre una supuesta cuenta bancaria en el extranjero controlada por su hermano. Además, se filtraron fotografías personales de Moreno tumbado en la cama y de familiares bailando, lo que exacerbó su indignación. Correa, sin embargo, criticó el “doble estándar” de los medios occidentales y de los gobiernos que, según dijo, condenaron rápidamente a Assange por publicar información confidencial sobre los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

Según el expresidente, Moreno “vendió a Assange a  EE.UU.”, y ofreció entregarlo a la justicia  a cambio de recibir apoyo financiero. Ecuador y el FMI firmaron una acuerdo en febrero por 4.200 millones de dólares.  En una entrevista con AP en Bruselas, Correa agregó que, aunque Assange suministrara la información, quien la publicó fueron medios como The New York Times, The Guardian o El País.

 

“¿Por qué no meten presos a los periodistas aquellos? ¿Por qué no meten presos a los dueños de esos diarios?”, cuestionó. Según Correa, si Assange hubiese sido un disidente chino exponiendo secretos rusos en lugar de enfrentarse a la detención y extradición “ahora mismo estaría recibiendo premios en Gran Bretaña y Estados Unidos”.

El temor a la extradición y a una cárcel en EEUU

Julian Assange pasó su primera noche en una prisión británica, a la espera de que comience en las próximas semanas el proceso para extraditarlo a Estados Unidos, donde teme que pueda ser condenado a décadas de prisión. Washington reclama al hácker australiano por cargos que suponen una pena máxima de cinco años, pero el equipo de Assange piensa que el Departamento de Justicia estadounidense podría agregar nuevas acusaciones en el futuro, según expresó el director de su portal WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson.

“Creemos que la acusación que se ha presentado con la solicitud de extradición es solo una parte de la historia. Vendrán más, se agregarán más cargos”, declaró.