Opinión Viernes, 22 de mayo de 2020 | Edición impresa

Un empate que todos necesitan y quieren firmar - Por Javier Alvarez

Por Javier Alvarez - Corresponsalía Buenos Aires

Datos, hay que mirar los datos. Todo lo demás es folklore. El Gobierno, para su tribuna, dice que no aflojará en la patriada de estabilizar la deuda. Y los fondos de inversión usan su poderosísimo lobby para presionar. Ambos juegan en una negociación en la que cada décima representa varios cientos de millones de dólares.

Si se hila fino, la expectativa de un acuerdo entre la Argentina y sus acreedores nunca se ausentó desde que se inició el proceso de reestructuración, el 17 de abril.

Si bien hubo un rebalanceo en el indicador, el riesgo país ha caído 28,8%, a 2.795 puntos básicos.

El bono Discount pasó de 40,14 dólares a 46,75 y el papel Par subió de 26,25 a 30,24 dólares.  Son precios que marcan una  profunda crisis de deuda del soberano. Pero la proyección desde que se inició el proceso da cuenta de que el mercado apuesta a que habrá entendimiento. 

No obstante, hasta que no se registre el acuerdo ante la Comisión de Valores de Estados Unidos, no existe. Por el momento, todo indica que se está cerca.

Alberto Fernández no puede pensar en un default si quiere tener alguna chance de éxito económico a partir de 2021, porque el 2020 ya está perdido por la pandemia.

Los acreedores tampoco, dado que necesitarán liquidez en los próximos años. No les sirve litigar contra un país quebrado o vender la deuda a precio basura a fondos buitre. Representan inversores a los que algo tienen que devolver.

Y más si ese algo se ajusta a una tasa superior al 2,5% porque el Covid-19 dejará al mundo en una recesión profunda y duradera en la que los países centrales mantendrán sus tipos de interés por el piso para darle impulso a sus economías ante demandas sociales que se irán incrementando con celeridad.