+ Deportes Viernes, 3 de abril de 2020

Un 3 de abril, Traverso le ganó al fuego en General Roca

El piloto de Ramallo edificó uno de los hechos más épico de su carreras tras vencer a Oltra con su auto en llamas

Por Redacción LA

El 3 de abril de 1988, Juan María Traverso escribía una de las páginas más ilustre de su larga y exitosa carrera deportiva. El “Flaco” lograba la victoria en la competencia del TC2000 en General Roca con su Renault Fuego en llamas y defendiéndose del ataque de Silvio Oltra.

“¡Ganó Traverso!” fue el grito del relato televisivo en lo que fue uno de los hechos más espectaculares de la historia del automovilismo nacional. Tras cruzar la línea de sentencia, el hombre de Ramallo estacionó su auto a un costado de la pista y rápidamente se bajó entre la humareda blanca que brotaba de su unidad.

“El conducto de aceite que se había cortado de la cupe de Juan Maria hacia que el lubricante cayese por todos lados, pasando por la rueda trasera derecha de la Fuego blanca y bañando el parabrisas de la dorada de Oltra. El resto se desparramaba sobre el piso y ponía la pista casi intransitable, por lo menos al ritmo de los tiempos que venían haciendo los punteros. Así fue que Traverso fue elevando sus tiempos de giro a razón de casi un segundo por vuelta, mientras hacía malabares para llevar la Fuego en medio de una humareda infernal que la envolvía por todos lados e invadía el habitáculo. Medio ahogado por el humo que producía el aceite al derramarse sobre los escapes calientes, Traverso abrió totalmente la ventanilla para poder respirar y, mientras trataba de "adivinar" donde estaban la pista.., y también el campeón”, narraba el periodista Néstor Carbia sobre lo sucedido en la revista Corsa.

Traverso habló luego de esa épica definición y la publicación así lo reflejaba: “Esta victoria se la dedico al equipo de mecánicos que hicieron un trabajo impecable para entregarme este auto. Fue clave lo que se hizo en los refuerzos del auto luego de las pruebas del Cabalén en las dos semanas anteriores. Al respecto quiero reconocer el valor que tuvo la labor de Angel Guerra para detectar los problemas que tenían los autos y posibilitar que pudieran ser corregidos. Esas vueltas finales fueron realmente terribles. El habitáculo se llenó de humo, no veía nada.

Tuve que abrir la ventanilla para poder respirar. Los tiempos de vuelta se fueron para arriba porque el aceite mojaba una rueda trasera y la Fuego se puso ‘intenible’; si la carrera tenía una vuelta más creo que no llegaba porque ya había comenzado a bajar la presión de aceite y a mermar el rendimiento del motor”.