Opinión Viernes, 12 de julio de 2019 | Edición impresa

Tuninetti, ciudadano del aluvión alfonsinista - Por Fabiana Mastrangelo

Por Fabiana Mastrangelo - Magister Presidenta Junta de Estudios Históricos Filial Godoy Cruz

Entre los deseos infinitos del hombre, los principales son los de poder y de gloria, sostiene Bertrand Russell en su clásica obra “El poder en los hombres y en los pueblos”. Incluso ese impulso tiene dos formas: explícita en los caudillos e implícita en los secuaces. 

Por otra parte, en la Antigua Grecia era mal vista la persona que despreciaba los asuntos públicos y sólo se preocupaba por su goce privado. El término utilizado para denominarla era “idiota” (la raíz “idio” significa propio). Como afirma Jorge Simonetti en su libro “Crítica de la razón idiota (2018)”, la moral griega era una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad. Esto significaba que la ocupación de los asuntos públicos requería un grado de equilibrio entre lo público y lo particular. El deseo por el poder que trascendía esa justa medida era considerado una enfermedad, llamada “hybris”, que era castigada por los dioses. 

Esta patología comienza a aflorar –describe Simonetti– cuando “el pecho se hincha de orgullo, mira a los demás desde el hombro, tus pensamientos ya no necesitan de los demás pues eres autosuficiente (…), es la enfermedad del idiota, ese orgullo desmesurado que conlleva la ceguera moral”. La ocupación de los asuntos públicos cuando se convierten en privados significa un gran riesgo para las instituciones y la democracia.

Existe también el ciudadano que más allá de lo personal considera que el poder es un medio para trabajar por el bien común y no un fin en sí mismo. Es consciente de que su desarrollo como ser humano requiere una mirada integral y que existen los asuntos públicos (el consorcio, el barrio, la ciudad, la provincia, la nación, el mundo) y también los privados (el trabajo, la profesión, la familia, los amigos). 

El siguiente es un ejemplo de ese tipo de ciudadano y cuyo nombre y trayectoria eligió una comunidad educativa para denominar a su escuela. 

En marzo de 2015 durante una entrevista al arquitecto Roberto Tuninetti, ex intendente de Godoy Cruz (1983-1987), éste comentaba: “Cumplí con mi obligación como ciudadano y con mi deseo de ser intendente de Godoy Cruz. Cumplido mi mandato, después no tuve otras ambiciones políticas. Me dediqué a mi profesión y a mi familia. Además de la política, hay que tener un proyecto de vida y si uno lo cumple, es feliz”. 
Esta declaración revela un equilibrio entre la vida pública y la privada. Y sobre todo conciencia de las propias limitaciones y fortalezas a la hora de brindarse a la sociedad.
Las elecciones de 1983 consagraron, a nivel nacional, a Raúl Alfonsín como presidente de la Nación; a nivel provincial, a Santiago Felipe Llaver como gobernador y en el municipio de Godoy Cruz, a Roberto Tuninetti como intendente. De este modo la figura de este último es sinónimo de “retorno de la democracia y del aluvión alfonsinista en Godoy Cruz”.

Se identificaba como un ciudadano que había cumplido con el rol de intendente. Es difícil definirlo como un político o, por lo menos, como un político de estos tiempos. 
Luego de su labor de intendente y diputado provincial, se dedicó a su profesión, en su estudio de arquitectura, y a su tarea de docente universitario. 

Durante más de cuarenta años y hasta su fallecimiento (2015) vivió en la misma casa del barrio Decavial. En la conversación confesaba: “Todo lo que tengo económicamente se lo debo a mi labor profesional”. Incluso denotaba su transparencia y honestidad al recordar esta anécdota: “En los meses previos a mi asunción como intendente estábamos remodelando la casa. Mi esposa me decía que la termináramos antes de que asumiera, porque podían pensar que la habíamos hecho con beneficios obtenidos desde la función de intendente. Finalizamos la casa antes de mi asunción, en 1983, y seguimos viviendo en el mismo lugar”. Transparencia no sólo en el ser y el hacer sino también en el parecer, un legado vital para la nueva generación de funcionarios públicos que la ciudadanía reclama: honestidad y transparencia. 

El pasado 5 de julio, en un acto al que asistieron docentes, alumnos, vecinos, autoridades provinciales y municipales, se impuso con el nombre de Arquitecto Roberto Tuninetti al Centro de Educación Básica de Jóvenes y Adultos (Cebja 3-246) del barrio Dolores Prats de Huisi. Esa denominación fue consensuada por la comunidad educativa, aprobada por la Dirección General de Escuelas (Resolución 2599/18) y declarada de interés por el Concejo Deliberante departamental. Su nombre está ligado al departamento y también a ese emblemático barrio. 

Es oportuno recordar que el 26 de enero de 1985 Mendoza sufrió un movimiento sísmico que dejó sin vivienda a numerosas familias de la provincia. Godoy Cruz fue uno de los departamentos más afectados. Este fue el origen de ese barrio llamado por los vecinos “La Estanzuela”. 

El gobierno provincial, con el acompañamiento del municipal, a cargo del arquitecto  Roberto Tuninetti, inició, en 1986, la construcción de dicho barrio (1.750 viviendas) para ayudar a los damnificados. La primera entrega se realizó el 17 de diciembre de 1989.