Opinión Domingo, 24 de junio de 2018 | Edición impresa

Tu cara me suena - Por Claudio Barros

Nuestro rostro está asociado a miles de acciones que revelan un perfil con usos, gustos y búsqueda que se vuelve mercancía.

Por Claudio Barros - cbarros@ losandes. com.ar

Mis cachetes grandes, mi pelada brillante y mis ojeras marcadas me hacen fácilmente reconocible ante mis familiares, amigos y compañeros de trabajo. También están en mi DNI y mi pasaporte. Mi cara es la parte más visible de mi identidad, pero al mismo tiempo se ha vuelto la característica más valiosa para las nuevas tecnologías. Las huellas digitales o las firmas están quedando obsoletas frente al avance del reconocimiento facial. 

La masividad del método llegó con los teléfonos y, aunque no está desposeído de fallas, avanza sin parar. Samsung lo anunció como opción y le llovieron videos de usuarios que con una foto desbloqueaban smartphones. 

Con el iPhone X llegó lo que parece un sistema más seguro aunque también varios probaron que no es infalible. 

Estas marcas no inventaron el Face ID pero lo popularizan y establecen la tendencia. Y como nada es más fácil de imitar que una moda tech, para allá van las empresas. 

Tres ejemplos que exceden a los teléfonos inteligentes lo muestran bien. 

El primero es el más cercano a nosotros. En 2017 se anunció que en Argentina sería posible abrir una cuenta bancaria sólo con una selfie. Sí, la autofoto estúpida que nos hacemos con nuestros teléfonos ha comenzado a servir para algo más que hacer muecas y subirlas a Instagram.

Siguiendo la tendencia global, el gobierno nacional busca facilitar la bancarización y echa mano de un proceso muy simple para el usuario pero que lleva una compleja tecnología detrás. Básicamente reemplaza el paso final de cualquier trámite que se inicia online pero que requiere firma y presentación física para concretarse. Según detallaron, el interesado debe hacerse una selfie, enviarla junto con el formulario electrónico y si el Registro Nacional de las Personas (Renaper) la valida ya queda autorizada la cuenta bancaria. No tener que ni siquiera pasar por la puerta del banco es el mejor incentivo para prenderse en el proyecto. 

El segundo ejemplo llega de Estados Unidos. Más concretamente de la ciudad de las quinceañeras viajeras: Orlando. Allí las autoridades del aeropuerto internacional han aprobado el uso del reconocimiento facial para reemplazar a los documentos a la hora de registrarse y embarcar en vuelos dentro y fuera del país. Según explicaron, se les toma una fotografía a los pasajeros e inmediatamente se la compara con los datos que se tienen almacenados de los viajeros. ¿Se puede ahorrar tiempo y es seguro? Son dos de las preguntas más frecuentes que los expertos responden con dos datos contundentes: el proceso tarda 2 segundos y tiene un acierto de 99%. Será la primera terminal aérea de ese país en implementar el sistema en forma integral, tanto para partidas como arribos.

Incluso lo insólito tiene también ahora un lugar dentro de la nueva tecnología y así comparto el tercer ejemplo prometido. En China utilizan el reconocimiento facial en los baños públicos para entregarle al usuario... ¡papel higiénico! Suena a fake news pero es una realidad palpable en el distrito Jing'an de la ciudad de Shangái. Al parecer notaron que había un gasto excesivo así que decidieron aplicar el sistema para racionar el papel.

¿Cómo funciona? El usuario pone su cara frente a una pantalla, un escáner lee sus facciones y le entrega 80 centímetros de papel. Si no es suficiente, hay que aguantar y esperar 9 minutos antes de poder volver a sacar una cantidad similar. Según publican medios chinos, el cambio fue resistido pero finalmente exitoso. Redujeron 70% el gasto y pasaron de colocar 14 rollos de papel a solo 4 por día. 

Sin embargo -no todo iban a ser ventajas, ¿verdad?- hay un lado oscuro en dar la cara. Lo vienen denunciando expertos en tecnología y defensores de derechos humanos cuando no reciben respuesta clara de las grandes empresas luego de preguntarles qué hacen con los datos almacenados que acompañan a las caras. 

La gran preocupación de los organismos es que nuestro rostro está asociado a miles de acciones que revelan un perfil con usos, gustos y búsquedas que se vuelve mercancía potencialmente comercial. Basta recordar lo que sucedió con nuestra actividad en redes sociales como Facebook. 

El temor no es infundado. Esa cámara que analiza un rostro para luego permitir que desbloquee un teléfono o abra una cuenta bancaria también es un ojo vigilante de la actividad humana. Recién mencionaba al aeropuerto de Orlando como el primero de EEUU en cambiar documentos por reconocimiento facial, pero el sistema de cámaras que escanea miles de rostros por día funciona desde hace rato en la mayoría de los sistemas de transporte masivo de las principales ciudades del mundo. 

El sistema de reconocimiento facial llegó para quedarse, al menos por ahora, e incluso sigue el camino de las cámaras de seguridad que hace tiempo salieron del clóset y ahora se muestran con orgullo vigilante y ya no espían desde las sombras.

Lo sé, parece una fantasía conspiranoica hecha realidad pero tampoco creo que haya que salir a la calle camuflado para evitar cualquier registro. Aunque estaría bien no abandonar la defensa del derecho de protección de nuestros datos, incluso hasta cuando pongamos la cara para ir al baño.