Guarda14 Viernes, 26 de julio de 2019

Tolerancia Cero: El Fondo Vitivinícola estima que la discusión reclama un abordaje serio

La institución insiste en que el tema merece una política de estado en la que esté involucrada todos los actores sociales.

Por Redacción LA

El Fondo Vitivinícola Mendoza también aportó a este debate sobre el consumo de alcohol como factor de riesgo en los siniestros viales. ¿La tolerancia cero es la solución a esta problemática? Aquí, un aporte constructivo de la institución a esta discusión. 

El foco de la discusión se ha centrado en las últimas semanas en la relación entre el consumo de alcohol como factor de riesgo en la siniestralidad vial. Lo primero que hay que decir es que la mayoría de los siniestros viales y sus consecuencias son evitables. Para lograrlo, es necesario abordar la compleja relación entre el consumo de alcohol y la siniestralidad. Aquí intervienen varios factores que derivan en la necesidad de una política pública integral que incluya:

- Controles policiales viales eficientes, estrictos y constantes como medio de persuasión y sanción;

- Involucramiento del Estado en la formación de los conductores;

- Campañas, integrales y constantes, de prevención y concientización sobre el riesgo que implica manejar habiendo consumido alcohol.

 

Con la intención de sumar elementos de análisis y no abonar una discusión que reduzca el tema a una legislación que no comprenda cabalmente la complejidad de esta problemática, proponemos repasar los principales aspectos, cuyo análisis debería derivar en una política pública con el compromiso de todos los actores sociales

La recomendación de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a la conducción bajo los efectos del alcohol como uno de los factores de riesgo intervinientes en la problemática de la siniestralidad vial y señala que conducir bajo tales efectos aumenta la probabilidad de que ocurra un siniestro y de que éste termine en muerte o traumatismo grave. “En este contexto, la OMS sugiere que se promulguen y hagan cumplir las leyes que establecen el límite de concentración de alcohol en sangre (CAS) en 0.5 g/l como una forma de contribuir a reducir considerablemente los siniestros viales relacionados con el consumo de alcohol”, según afirma un documento de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

Esta relación está sustentada en evidencia científica, pero los hechos demuestran que los riesgos de conducir bajo efectos del alcohol no son suficientemente claros para la población. Un documento de la Dirección Nacional de Observatorio Vial (DNOV) plantea estas preguntas: el vínculo entre este factor de riesgo y la siniestralidad ¿es igual de claro para la población? ¿Se conocen los riesgos vinculados? Las personas, ¿actúan en consecuencia de este conocimiento? ¿Cómo piensan al respecto los jóvenes argentinos, que constituyen el principal segmento de riesgo para este factor? Algunas preguntas Y es precisamente aquí donde proponemos situar el análisis. ¿Cuánto alcohol es 0,5 gramos por litro de sangre? 

Es casi imposible determinar exactamente esta proporción, pues depende de muchos factores. Al respecto, el titular del Observatorio Vial Latinoamericano precisa que "la alcoholemia depende del sexo, peso, contextura física, tipo de bebida, edad, contenido estomacal, ritmo y velocidad de ingestión, tolerancia adquirida, enfermedades, condiciones psíquicas, hora del día, consumo de drogas, etcétera”.

No obstante, es posible indicar algunas medidas aproximadas. El médico especialista en toxicología del Ministerio de Salud de Mendoza y director del Observatorio de Salud Pública y Problemática de consumo de la UNCuyo, Sergio Saracco, confirma que "no hay forma exacta de saber cuánto puede tomar una persona para no traspasar los 0,5 gramos de alcohol en sangre permitidos para conducir. Cada caso es particular porque el alcohol actúa sobre el Sistema Nervioso Central (SNC) que es el que limita nuestras capacidades. El alcohol en un hombre influirá distinto que en una mujer por una cuestión de peso corporal (…). En un caso promedio de un hombre que pesa unos 70 kg, al límite se llegaría con dos unidades standar de 300 ml de cerveza que contenga 4° (dos latas chicas), dos unidades de vino de 100 c/c (dos copas medianas) o dos unidades de fernet de 30 ml con coca (trago), aproximadamente".

¿Cuál es la situación del vino?

Según el estudio “Perfil de los consumidores de vino y bebidas sustitutas”, coordinado por el Fondo Vitivinícola Mendoza y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Vitivinícola Argentina, el vino se consume mayoritariamente en el hogar y con las comidas. El hogar es el ámbito más habitual de consumo de vinos, se trata de una bebida que se comparte eminentemente en la casa. Más de 8 de cada 10 consumidores habituales de bebidas alcohólicas afirman consumir el vino en el hogar.

De manera que, en función de los datos de mercado y de la evidencia respecto del consumo de vinos, hay un comportamiento diferente de los consumidores: el vino es una bebida preferentemente hogareña, asociada a las comidas y, vale decir también, que se comunica siempre y explícitamente con referencias a la moderación.

“No existe en las campañas genéricas del vino argentino, referencia a la exaltación y el descontrol. Los valores que comunicamos están siempre asociados a la unión, a la relación inseparable del vino con las comidas y al vínculo cultural que ha caracterizado a los argentinos con relación a la bebida nacional”, subrayan desde el Fondo Vitivinícola, institución responsable de la promoción genérica del vino en Argentina.

Sobre la implementación de la “tolerancia cero”

La presencia de alcohol en sangre es medida a través de un instrumento denominado alcoholímetro o etilómetro, el cual debe estar homologado (habilitado y calibrado) por el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial).

El titular del Observatorio Vial Latinoamericano, Fabián Pons, agrega que los instrumentos usados para medir el alcohol en sangre “tienen su propio margen de error (…), requieren de una calibración periódica, lo mismo que ocurre con gran cantidad de sistemas de medición. Y advierte: "A esto se suma que pueden darse falsos positivos en gente con ciertos problemas de salud, como la diabetes o por ayunos prolongados. Es por eso que siempre debe establecerse un margen de tolerancia por pequeño que este sea y en función de los errores a la que pueda estar expuesta la medición”.

Y la misma fuente es contundente en su conclusión: “La diferencia en los indicadores de siniestros viales no radica en el valor del límite máximo del alcohol en sangre tolerado, sino en la cantidad y calidad de los controles de alcoholemia que se realicen en cada lugar, así como también en la educación vial.

En los países en los que se redujo el límite máximo sin que se mejoraran los controles, la medida no arrojó resultados favorables en el largo plazo. En cambio, aun en países en los que los límites son superiores a los de la Argentina, pero en los que el control es estricto y la reincidencia es severamente penada, los ratios de siniestralidad han bajado considerablemente.

El factor determinante del éxito de una política para la disminución de los siniestros viales vinculados al consumo de alcohol es hacer cumplir la Ley vigente a través de controles estrictos y penas acordes, y no la de plantear la tolerancia cero al alcohol en sangre para conducir”. Vale destacar este aspecto fundamental: incluso en las provincias en las que se ha implementado la “tolerancia cero”, la baja en la siniestralidad está basada en el incremento de los controles.

Así ocurrió en Jujuy, que aumentó en 100% sus controles. Los especialistas resaltan que los controles deben acompañarse de estrategias de comunicación y concientización, por un lado, y de un mayor involucramiento del Estado en el proceso de iniciación a la conducción.

La necesidad de una política de Estado y campañas de concientización

Algunas preguntas que resulta interesante plantear: ¿disponen las autoridades de aplicación de la ley de tránsito de cantidad suficiente de instrumentos para la medición, homologados y calibrados?, ¿cuentan con el suficiente personal capacitado para realizar controles eficientes, para detectar y castigar a quienes no respetan las leyes?, ¿se cuenta con base de datos e información estadística sólida sobre el resultado de los controles, su efectividad y cobertura? ¿Están disponibles los resultados de campañas públicas de prevención y concientización que permitan orientar acciones en este sentido, mejorar y potenciar sus resultados positivos y corregir los posibles errores?

Éstas y otras preguntas y sus respuestas son las que pueden contribuir a diseñar estrategias y políticas de Estado que aborden seriamente el problema de los siniestros viales, evitables, causados por conductores con alcoholemia positiva.

Políticas que deben necesariamente incluir campañas de educación vial, prevención de siniestros y accidentes; acciones que den visibilidad a los riesgos que conlleva conducir bajo los efectos del alcohol -para sí mismo y para otros- y a las sanciones, y que alienten a conductas positivas, como “conductor designado”.