Opinión Domingo, 29 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Tiempo de vacaciones - Por Jorge Sosa

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Es el mes de las vacaciones. Aunque uno no se las pueda tomar es el mes de las vacaciones, todo entra en un letargo intenso, en una modorra palaciega de la que es difícil salir, salvo que uno  salga de vacaciones.

Tal como ha sido el año que terminamos de vivir, 2019, no creo que haya mucha gente que tenga acumulados unos cuantos pesitos para gastarlos en el dolce far niente. Pero siempre hay alguno, son los que se salvan a pesar de la crisis, es más  son los que crecen a pesar de la crisis, los que la aprovechan, le sacan provecho. 

De todos modos esos se verán restringidos con las nuevas medidas sobre el dólar viajero, que no van a ser fáciles de sobrellevar. 

Hasta ir a Chile, cosa que siempre nos resultó atractiva, es difícil en estos momentos, no sólo por las restricciones al dólar sino porque Chile todavía no está apaciguado y es probable que terminen en Reñaca, debajo de una sombrilla, mientras al lado se pelean manifestantes y carabineros. No es buena alternativa. 

Los menos ambiciosos buscarán algún lugar de nuestro país que merezca que uno se desparrame en un terreno lejano (si es con mar, mejor) y entonces aparece el mar argentino con decenas de playas adonde extender la anatomía debajo de Febo asoma. 

Pero hay otras variantes, y  Córdoba es una de ellas. Los cordobeses son maestros en esto del turismo. Encuentran un arroyito que apenas te moja los juanetes, debajo de un sauce viejo y para colmo llorón, y se mandan un centro turístico espectacular. Hay que admirarles el sentido de la oportunidad. 

Ir a las cataratas, en el noreste argentino, es una posibilidad realmente interesante, pero las temperaturas que hacen en Misiones en enero pueden llegar a derretir hasta las propias cataratas. 

Una opción válida y muy propiciatoria es el noroeste argentino, y entonces llevarse por delante los valles Calchaquíes, Quilmes, la Quebrada de Humahuaca con tantos pueblos que siguen reviviendo tradiciones ancestrales. Pero también el calor es riguroso y rigurosa la falta de agua, por lo tanto mejor dejarlo para el otoño, o para carnaval, cuando se hace la gran fiesta de los pueblos originarios. 

Nos quedan los lagos, los magníficos lagos argentinos, donde la temperatura se hace más agradable y los paisajes son tan maravillosos que adonde apuntes tu cámara fotográfica obtendrás un poster inolvidable. Eso sí, no pretendas meterte a las aguas porque son lagos de deshielos y entonces pasás para el otro lado, te recontra cantás de frío. Pero es una buena opción y más si le apuntamos al sur del país con Calafate, por poner un nombre, Lago Argentino, por poner dos y Tierra del Fuego por poner tres.

Todas son opciones valiosas que habrá que tener en cuenta de acuerdo a nuestras posibilidades. El momento es bueno, lo que no es buena es la billetera que acompaña el momento. 

Por supuesto que queda la opción de Mendoza, de no salir de nuestro territorio, porque es buena la perspectiva del Valle de Uco y de San Rafael, y de Potrerillos y de Uspallata, pero deben ser una de las más caras de todas. 

En fin a veces la caridad empieza por casa, pero las vacaciones no.