Sociedad Vecinos Viernes, 26 de abril de 2019 | Edición impresa

Tía Tita: la mujer que da todo por los chicos en La Casa del lago de San Martín

Dirige desde hace años esta institución que cobija a jóvenes con diversas necesidades. “Básicamente necesitan cariño”, asegura la mujer.

Por Javier Hernández - jhernandez@losandes.com.ar

“Vine por 15 días y acá estoy. Me quedé 15 años”, dice con una sonrisa Tita Leyes (66), la mujer al frente de La Casa del Lago, una institución municipal que atiende en San Martín a niños y adolescentes en riesgo social.

Tita acomoda un almohadón en el respaldo de su silla y cuenta que le duele la espalda, que tuvo neumonía en febrero y que aún se está recuperando: “Se me bajan las defensas pero no puedo quedarme en mi casa sabiendo que acá hay mucho por hacer”, justifica, mientras abarca con las manos al pequeño salón del establecimiento, que hace las veces de comedor y sala de estudio para los chicos.

 

El lugar luce limpio y -aunque pequeño- también resulta acogedor, por lo que no es extraño que muchos chicos prefieran pasar el tiempo allí a estar en sus propias casas: “Son chicos con muchas carencias, pero básicamente necesitan cariño”, dice ella, y cuenta que “a diferencia de las escuelas, donde en un día de lluvia los alumnos faltan, acá es cuando más vienen, porque en sus casas pasan frío o se llueven”.

La Casa del Lago está recién pintada, un trabajo que hizo Tita junto con algunas colaboradoras y parte de las mamás de los 50 chicos que allí comen y repasan tareas escolares. La comuna paga sueldos o becas del personal y acerca cada día la comida, pero es el esfuerzo de Tita lo que hace que el asunto funcione cada día. A la pintura de las paredes, por ejemplo, la donó alguien que conoce el trabajo que allí se hace, y lo mismo ocurre con casi todo el mobiliario.

Patricio Caneo / Los Andes

“Lo único que les exijo a los chicos es que vayan a la escuela, eso no lo negocio con nadie”, dice tajante, y en muchos casos -tal vez en la mayoría- ha sido Tita quien tramitó la escolarización de los niños en las escuelas de la zona.

La Casa del Lago ocupa un terreno en el parque Agnesi, muy cerca del anfiteatro Juan Pablo II y del cuartel de la policía montada. El lugar abrió en 2004 y a los pocos meses llegó Tita Leyes, quien venía de conducir el jardín maternal del Venier, un barrio cercano y de los más humildes de San Martín.

 

Así, ocurre que muchas veces Tita conoce a algunos de esos muchachos y chicas desde que eran bebés y no es extraño entonces que la llamen “abuela” o “tía”. El lugar abre de 8 a 17, da tres comidas y recibe a niños y adolescentes entre los 8 y 18 años, pero son formalidades administrativas muy flexibles y el lugar suele cerrar mucho más tarde o recibir a grupos completos de hermanos, algunos de apenas 3 o 4 años.

“Cada caso es distinto. Algunos tienen al papá preso o han quedado con los abuelos. También están los que cuidan a hermanitos discapacitados o viven en casas donde casi no entra dinero. Es una época difícil pero para estos chicos es mucho más triste todavía; acá comen, repasan las tareas y juegan”, dice ella y enseguida cuenta de los proyectos en marcha o los ya realizados, como la panadería que quiere abrir para que los chicos y sus mamás aprendan a hornear o la huerta, que ya funcionó en 2018 y permitió que muchas familias llevaran algo de verdura extra a sus casas o la murga, que entusiasma a todos y los lleva a participar en distintos eventos.

Patricio Caneo / Los Andes

La tarea de Tita Leyes es así todo el tiempo y bajo su control se arman rifas, se cocinan postres y se preparan dulces para vender y juntar algo de dinero; se reciben donaciones, se festejan los cumpleaños y se organizan actividades, como en 2013, cuando vino a tocar muy cerca el Indio Solari y desde la Casa del Lago salieron a vender hielo y agua caliente: “Con el dinero terminamos de armar un viaje para los chicos”, recuerda.

 

Juan tiene 60 años y es uno de los pocos hombres que se ve en el predio. Es abuelo de cuatro niños que atiende La Casa del Lago y su manera de agradecer es colaborar con la limpieza: “Tita es una mujer increíble y le dedica a esto mucho tiempo y esfuerzo”, dice, mientras pasa un rastrillo en los fondos del terreno.

Tita escucha y agradece el comentario, pero se la ve avergonzada por el elogio y entonces para cambiar de tema vuelve a una pregunta que quedó inconclusa: “¿Cuánto tiempo más voy a estar acá? No lo sé, ya debería estar jubilada pero la verdad es que todavía me quedan muchas ganas”.

Patricio Caneo / Los Andes

“Ella es como mi segunda mamá”

Hace cuatro años, La Casa del Lago presentó un proyecto de inclusión en la Nación que resultó ganador. Como premio, recibieron un televisor y una computadora entre otras cosas.  

Ese proyecto (que se llama “Me veo, me escucho, me incluyo”) fue durante el año pasado parte de un programa de radio que condujo Candela, una chica de 20 años que asistió durante toda su niñez a La Casa del Lago.

“Tita es como mi segunda mamá y esta es como mi segunda casa”, dice Candela, con una expresión de agradecimiento que le ilumina el rostro: “Por acá todos saben lo buena gente que es ella. Ojalá que con esta nota muchos otros también se enteren”.