Da La Nota Miércoles, 17 de julio de 2019

Thelma Fardín: fotos hot e internación en medio de la promoción de su libro

La actriz compartió un fragmento de su primer libro, “El arte de no callar”, acompañado de algunas sensuales imágenes. Luego fue internada.

Por Redacción LA

Desde diciembre de 2018 la vida de Thelma Fardín ha sido un torbellino de emociones. Luego de diez años de silencio, decidió contar su verdad y, con el apoyo del colectivo Actrices Argentinas, denunció a Juan Darthés por violación cuando ella tenía 16 y el 45.

La catarsis mediática y el apoyo de muchos ayudó a la actriz a sacar toda la historia de su mente y materializarla en palabras. Así en tres meses logró escribir su primer libro, "El arte de no callar", su historia autobiográfica que presentó en mayo en la Feria del Libro. 

La alegría por su logro motivó a Fardín publicar algunos fragmentos de su relato acompañados por una serie de fotografías muy sensuales en las que se las ve recostada boca abajo, con unas botas texanas en los pies y luciendo ropa interior. 

“Siempre escribí, siempre soñé con mis libros, pero nunca me imaginé que el primero lo escribiría en 3 meses, acompañada por un amigo tan hermoso y a los 26 recién cumplidos”, dijo la orgullosa de su creación.

 

Luego, eligió compartir una parte del segundo capítulo de su libro. “Me gusta el frío, pero no estoy segura si es por el hecho de haber nacido en el sur. Aprendí a esquiar a los 3, pero a andar en bicicleta, recién a los 10. Recuerdo la sensación de deslizarme con las tablas de esquí por la ladera del Cerro Catedral en pleno invierno. Recuerdo la sensación de no tener miedo a nada. Una de las últimas veces que esquié –por esquivar a una persona– perdí el control en la maniobra evasiva al punto de no poder volver a dominar los esquíes. Intentaba hacer cuña, doblar, inclinarme y cambiar el ángulo de las tablas para ejercer una mayor fricción, lo que sea; no había caso”, escribió.

 

En continuidad a su relato agregó: “Todo pasó en pocos segundos pero recuerdo perfectamente que a pesar de mis esfuerzos no lograba frenar. En ese momento entendí que si no me tiraba, la montaña y la fuerza de gravedad me iban a tirar a mí; algo que, por experiencia, entendía perfectamente que podía llegar a ser mucho peor. En un acto decisivo tan veloz como efímero, me entregué al fracaso, a la caída. Solté los bastones y me tiré de manera voluntaria para desacelerar la bajada empinada y frenética”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

“Me gusta el frío, pero no estoy segura si es por el hecho de haber nacido en el sur. Aprendí a esquiar a los 3, pero a andar en bicicleta, recién a los 10. Recuerdo la sensación de deslizarme con las tablas de esquí por la ladera del Cerro Catedral en pleno invierno. Recuerdo la sensación de no tener miedo a nada. Una de las últimas veces que esquié –por esquivar a una persona– perdí el control en la maniobra evasiva al punto de no poder volver a dominar los esquíes. Intentaba hacer cuña, doblar, inclinarme y cambiar el ángulo de las tablas para ejercer una mayor fricción, lo que sea; no había caso. Todo pasó en pocos segundos pero recuerdo perfectamente que a pesar de mis esfuerzos no lograba frenar. En ese momento entendí que si no me tiraba, la montaña y la fuerza de gravedad me iban a tirar a mí; algo que, por experiencia, entendía perfectamente que podía llegar a ser mucho peor. En un acto decisivo tan veloz como efímero, me entregué al fracaso, a la caída. Solté los bastones y me tiré de manera voluntaria para desacelerar la bajada empinada y frenética. Una pensaría que por elegir la caída puede aminorar el golpe pero no siempre resulta. Di vueltas en el aire con los esquíes puestos ya que en ningún momento se salieron (sí, todavía no me explico cómo no me rompí una pierna) hasta que finalmente el mundo dejó de girar de una sacudida brusca y seca que me dejó desorientada. Primera y única vez que me bajaron en patrulla. Esa sensación quedó grabada en mi cuerpo. Todavía hoy, cuando estoy frente a una situación en la que tengo que tomar una decisión difícil, mi cuerpo recuerda ese instante, ese milisegundo en el que decido lanzarme al vacío y frenar por mi propio peso.” Capítulo 2, El Arte De No Callar (Siempre escribí, siempre soñé con mis libros, pero nunca me imaginé qué el primero lo escribiría en 3 meses, acompañada por un amigo tan hermoso y a los 26 recién cumplidos) @soymaza te quiero una banda

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El posteo de Thelma

“Una pensaría que por elegir la caída puede aminorar el golpe pero no siempre resulta. Di vueltas en el aire con los esquíes puestos ya que en ningún momento se salieron (sí, todavía no me explico cómo no me rompí una pierna) hasta que finalmente el mundo dejó de girar de una sacudida brusca y seca que me dejó desorientada. Primera y única vez que me bajaron en patrulla. Esa sensación quedó grabada en mi cuerpo. Todavía hoy, cuando estoy frente a una situación en la que tengo que tomar una decisión difícil, mi cuerpo recuerda ese instante, ese milisegundo en el que decido lanzarme al vacío y frenar por mi propio peso”, finalizó.

 

Pero la exposición del caso también le ha traído muchas complicaciones a Thelma. En la noche del martes, Fardín debió ser trasladada a un hospital por una grave crisis de nervios por la que colapsó. 

La crisis de nervios de Fardín

Según dio a conocer Confrontados, programa conducido por Rodrigo Lussich y Carla Conte, la artista estaba en la casa de su madre cuando sufrió ataque de pánico con dolores en el pecho. Luego, personal médico ingresó al domicilio y luego decidieron trasladar a la joven a un nosocomio, donde permaneció con custodia policial por pedido de su familia.