Espectáculos Jueves, 31 de octubre de 2019 | Edición impresa

Terminator: secretos de la saga

Hoy estrena “Terminator: Destino Oculto”, la sexta entrega de una de las franquicias más importantes de la historia.

Por Leo González - Especial para Estilo

Faltan exactamente 10 años para que John Connor tome la decisión más importante de su vida: mandar a su mejor amigo, el sargento Kyle Reese (Michael Biehn), al pasado para defender a su madre Sarah (Linda Hamilton) del último intento de las máquinas por no perder la batalla contra la humanidad. Aunque parezca mentira, 2029 era el año que imaginaba la película “Terminator” (1984) en que la Tierra estaba devastada por un holocausto nuclear iniciado una inteligencia artificial que tomaba consciencia de sí misma. Este largometraje, considerado hoy uno de los mejores de la historia, no fue ni siquiera concebido como un gran estreno en su momento. Vale repasar cómo se engendró este proyecto. James Cameron había comenzado en Hollywood trabajando como técnico en efectos especiales, pero fue un digno discípulo del maestro del bajo presupuesto Roger Corman. Con él aprendió todo lo que había que saber para filmar de la manera más barata posible, haciendo todo lo que pudiera con sus propias manos. Pero su debut como director no fue lo que esperaba.

Terminator: Destino Oculto | YouTube

Cameron comenzó su carrera como realizador con “Piraña II: Asesinos Voladores (1981), aunque en realidad la mayoría del trabajo lo hizo Ovidio G. Assonitis, productor del largometraje. Este director egipcio había hecho un trato para conseguir 500 mil dólares, siempre y cuando acreditara a un estadounidense como director. 

Una vez que comenzó la filmación, Assonitis desplazó James y se hizo cargo de todo. ¿Por qué es importante esta historia? Cameron no quería quedar afuera de la postproducción de “Piraña II” y gastó el dinero que tenía en viajar a Roma, donde se editaba el filme, con la esperanza de participar del proceso. Durante su estadía allí se enfermó y, una noche de fiebre altísima, tuvo una pesadilla: un endoesqueleto de metal emergía de las llamas, arrastrándose por el suelo con cuchillos de cocina. Apenas se despertó hizo un dibujo sobre su visión y fue el puntapié inicial para lo que vendría.  

 

James Cameron le vendió el borrador inicial de la película a Gale Anne Hurd por un dólar a cambio de que lo dejara dirigirla. Y así fue; y tan bien funcionaron como equipo que terminaron casándose mientras se rodaba el filme.

Tal vez no sepan que la idea del viaje temporal surgió porque era demasiado caro establecer la trama en el futuro. Y que, para Jim, “Terminator” no era un filme de ciencia ficción sino de terror. Si lo piensan bien, el T-800 va asesinando a todo lo que se encuentra en su camino, trata de matar a la chica inocente y débil, acaban con él y revive para seguir con su cometido. Nada que envidiarles a los asesinos seriales de los filmes slashers de la época. Cameron quedó muy sorprendido de que los espectadores no la viesen como una película de terror, al igual que no esperaba el éxito de taquilla ni las excelentes críticas que tuvo. 

 

Mucho de su gran éxito fue gracias a la incorporación de Arnold Schwarzenegger en el papel del cyborg. El austríaco necesitaba un gran papel para destacarse en Hollywood que no requiera de él mucho talento actoral. Su marcado acento no lo favorecía, ni tampoco sus habilidades frente a cámara. De hecho, está sólo 21 minutos en pantalla y sólo dice 14 líneas de diálogo. Pero nadie puede negar que se preparó muchísimo para su rol, ya que aprendió a desarmar y armar sin mirar todas las armas que utiliza el personaje, y a dispararlas con ambos brazos.

Gentileza

Arnold les ganó la pulseada a unos cuantos, entre los que se destacan Sylvester Stallone (en la película “El último gran héroe, del ‘93, hay un chiste sobre eso, cuando en una escena en un videoclub Stallone aparece en una publicidad como el protagonista de “Terminator 2”) y O.J. Simpson, que fue descartado por los productores porque temían que fuera considerado “demasiado amable” para ser tomado como un asesino a sangre fría. Qué equivocados que estaban, ¿no?

 

Muchas de las ideas que había escrito Cameron en el guion de “Terminator” tuvieron que ser desechadas porque costaban mucho dinero o porque no existía la tecnología para desarrollarlas. Como, por ejemplo, que el T-800 venía acompañado por un segundo Terminator de metal líquido con la capacidad de cambiar de forma. O la explosión de Cyberdine System -donde se desarrolla el sistema de defensa Skynet- que fue la base para “Terminator 2: El Juicio Final” (1991).

Tanto Schwarzenegger como Cameron siempre tuvieron ganas de hacer una secuela, pero no fue hasta que el director pudo conseguir los derechos y la financiación que comenzaron los preparativos. Por supuesto que esta producción fue mucho más grande y tuvo mayor inversión. 

La primera se filmó en sólo seis semanas mientras que esta secuela duró 8 meses y tuvo un presupuesto de 102 millones de dólares. Para ejemplificar los costos: el departamento de gráficos por computadora de Industrial Light and Magic, la compañía encargada de los efectos especiales, tuvo que llevar de seis a más de treinta artistas para poder realizar todo el trabajo que requería darle vida al T-1000 (Robert Patrick), con un costo de 5.5 millones. Su trabajo duró ocho meses y produjeron 3.5 minutos de tiempo en pantalla del terrorífico personaje. 

 

Arnold, que para esta altura ya era una súper estrella, cobró 15 millones de dólares de sueldo. Sólo tiene un total de setecientas palabras de diálogo (le pagaron 21.429 dólares por palabra). De hecho, podemos calcular que la famosa frase “Hasta la vista, baby” cuesta 85.716 dólares. 

Así como fue acertado elegir a Patrick como el nuevo villano, también fue hacerlo con Edward Furlong como John Connor. El chico debutó actoralmente con esta película y tuvo mucha química con sus colegas, sobre todo con Schwarzenegger, con quien reflejaba esa relación padre-hijo que se plasma en la pantalla. 

 

El problema fue que Furlong siguió creciendo durante los muchos meses que duró el rodaje. Su voz comenzó a ponerse más grave y, hacia el final de la filmación llegó a tener que pararse dentro de un agujero en el suelo para mantener la continuidad en la diferencia de altura con Linda Hamilton.

Gentileza

No muchos saben que se filmó un final alternativo en donde se veía a una anciana Sarah, sentada en el parque, contando la historia sobre Terminator, viendo a su hijo John jugando con su hija y atando las zapatillas de su nieta. A último momento, Cameron decidió no utilizarlo y lo reemplazó por el del “camino desconocido”. Muchos consideran a “Terminator 2” dentro de la lista de esas segundas partes que son mejores que la primera. Lo cierto es que fue la única película de la saga que fue nominada a un Oscar. Ganó cuatro de los seis rubros en los que compitió, y hasta “Bourne: El Ultimátum” (2007) y “Mad Max: Furia en el camino” (2015), era la única secuela en ganar un premio de la Academia sin que las entregas anteriores recibieran nominaciones. 

 

Durante años la saga sólo tuvo estas dos estupendas y más que increíbles películas. Pero los estudios querían seguir haciendo secuelas, y durante mucho tiempo Arnold Schwarzenegger se negó a menos que Cameron dirigiera. Finalmente James le dijo: “hazlo y pide muchísimo dinero”, porque al personaje le habían dado vida entre ambos. Así fue como, 12 años más tarde, llegó “Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas” (2003).

En esta tercera parte nos adelantamos 10 años en el tiempo y John Connor (Nick Stahl) vive en la clandestinidad para evitar ser rastreado por Skynet hasta que aparece un nuevo modelo que intenta acabar con su vida: el T-X (Kristanna Loken). ¿Por qué Furlong no volvió a representar su personaje?: no lo ayudó su adicción a las drogas. En la silla de director se sentó Jonathan Mostow y Claire Danes interpretó a Kate, el interés romántico de John. A Hamilton le ofrecieron el rol de Sarah, pero la actriz lo rechazó porque lo consideró una parte pequeña (a mitad del filme la mataban y no dedicaban mucho a llorarla). Los guionistas la sacaron haciendo que John explicara que había muerto en 1997 de leucemia. El largometraje no fue el éxito esperado, pero dejó varias cosas interesantes. Primero que el modelo de Terminator era un T-850, demostrando que se podía hacerle mejoras al anterior. Había una escena que se sacó (pueden buscarla en YouTube) en dónde se explicaba por qué todos los robots tienen la misma apariencia. Resulta que la compañía CRS, que toma la posta en la construcción de Skynet, hace una publicidad para los militares en donde muestran sus proyectos de armamento. Allí muestran el “soldado del futuro”, y aparece el Sargento Candy (Schwarzenegger) explicando que fue seleccionado como modelo de los nuevos robots de combate. Lo gracioso es que tiene un acento sureño muy fuerte, y cuando preguntan si se puede cambiar, un científico responde (con la característica voz de Arnold) que sí. Un dato de color interesante es que los guiones gráficos para las escenas del Juicio Final eran mucho más gráficos de lo que finalmente quedó en el filme. Incluían imágenes como la Estatua de la Libertad derritiéndose o el letrero de Hollywood en llamas. Se decidió dejarlo de lado porque era “demasiado pronto después del 11 de septiembre” para mostrar esa destrucción. 

 

Hay un rumor que dice que James Cameron estaba tan furioso por la dirección que tomó la franquicia por culpa de esta película que casi lloró. También se dice que Schwarzenegger estaba igual de molesto. Lo cierto es que esta tercera parte había sido un revés para la saga, y Arnold no iba a volver a estar disponible a futuro porque iba a convertirse en el gobernador de California. La franquicia no tenía modo de continuar, ¿o sí? 

En junio de 2007 ya rumoreaba que la productora The Halcyon Company había adquirido los derechos de la historia y planeaba una nueva trilogía sin James Cameron, ni el “Gobernator” Arnold, con la intención de darle un nuevo impulso a la saga. La idea de la primera película era que se desarrollara pocos años después de “Terminator 3”, y que el protagonista fuera un treintañero John Connor liderando la resistencia de los humanos contra las máquinas. 

Se comentó mucho la presencia de Vin Diesel como un nuevo Terminator y Edward Furlong en su papel original. Para diciembre de ese año ya se habían confirmado tres cosas: Christian Bale como John Connor, McG en la silla del director y el título “Terminator - La Salvación” (2009).

 

Esta cuarta parte transcurre en el año 2018, en un futuro postapocalíptico. John Connor está a punto de dar un golpe contra Skynet pero todo se altera con la llegada de Marcus Wright (Sam Worthington), un desconocido que afirma haber conocido a su padre (Anton Yelchin). 

Este filme les brindó a los fans algo que habían estado esperando: ver más ese futuro oscuro y enigmático que apenas se había mostrado anteriormente. Y eso fue lo que los productores les dieron, ya que es el único filme de la saga en el que no hay viaje en el tiempo. Pero esta obra perdió identificación con los personajes y tuvo tan mala recepción que se cancelaron las dos películas siguientes. 

Los derechos de la franquicia cambiaron otra vez de manos y se planificó una nueva trilogía que iba a comenzar con “Terminator Génesis” (2015). 

 

El 21 de enero de 2017 se anunció que Cameron regresaría a la franquicia y que planeaba reiniciarla. Tim Miller, que venía de hacer “Deadpool” (2016), aceptó la oferta de dirigir, y Linda Hamilton y Arnold Schwarzenegger volvieron a trabajar juntos desde aquella vez en 1984. Cameron decidió que su nuevo proyecto sería una secuela de “Terminator 2”, obviando todo lo que pasó en las demás películas. Así nació “Terminator: Destino Oculto” (2019).

Más de dos décadas pasaron desde que Sarah Connor (Hamilton) previno el Día del Juicio Final, cambió el futuro y reescribió el destino de la raza humana. Pero eso no quiere decir que el futuro no sea sombrío. “Es para adultos, es cruda, vertiginosa, intensa y lineal. Toda la historia se lleva a cabo en 36 horas y es un viaje aterrador a través de un tipo de tecno-infierno que se presenta hoy en día”, avisa Cameron.

También llegan a las salas locales

Estafadoras de Wall Street. De Lorene Scafaria, está inspirada en una historia real de un grupo de strippers que, en el marco de la crisis financiera de 2008, se dedicó a drogar a sus clientes -hombres de negocios- para robarles. Jennifer Lopez recibió elogios por su papel de Ramona, la cabecilla de la banda. 

 

Crímenes imposibles. De Hernán Findling, lo tiene a Federico Bal como un experimentado detective que investiga una serie de asesinatos sin solución lógica a la vista. 

Mayor será su confusión cuando, inesperadamente, una joven monja le confiese que cree ser la autora de todas las muertes.

Los locos Addams. De Greg Tiernan y Conrad Vernon, es el primer largometraje animado sobre los clásicos personajes creados en 1938 por Charles Addams. Una nueva aventura de Homero, Morticia, Merlina, el Tío Lucas, Dedos, Largo y todo el resto del tan simpático como siniestro clan familiar.

 

Desertor. De Pablo Brusa, es un western nacional filmado en Uspallata. Cuenta la historia de un médico que trabaja en un regimiento de montaña y carga con la deshonra de tener un padre desertor, hasta que se entera de que esa versión es falsa y se lanza a buscar la verdad. Con Santiago Racca y Daniel Fanego.

Que sea ley. Aborda la lucha por el aborto legal en la Argentina, dentro de un contexto en el que mil mujeres por día interrumpen su embarazo en la clandestinidad. Nominado en Cannes y premiado en San Sebastián, este documental de Juan Solanas busca las voces y testimonios de esta lucha. En Cine Universidad.

 

Fondo. La reaparición del FMI, tras la recaída argentina en el endeudamiento externo, disparó una serie de preguntas y debates. El economista y periodista Alejandro Bercovich traza un recorrido que une Grecia, Portugal, Estados Unidos y Argentina en este filme documental. En Cine Universidad.