Sociedad Lunes, 20 de mayo de 2019 | Edición impresa

Teresita Garibaldi: la joven que luchó junto a su padre Giuseppe

Una de las hijas de uno de los artífices de la unificación italiana tuvo destacada actuación en el frente de batalla. Concibió 16 hijos.

Por Luciana Sabina - Especial para Los Andes

En 1845 las injerencias de Juan Manuel de Rosas en la política interna de Uruguay desencadenaron el conocido bloqueo anglofrancés, pues ambas naciones eran garantes de la flamante independencia del país oriental.

Por entonces Giuseppe Garibaldi —prócer de la Unificación Italiana— se encontraba en nuestro continente y actuaba como militar pago del país vecino. Fue entonces cuando encabezó un saqueo a la ciudad argentina de Gualeguaychú. En sus memorias, publicadas años más tarde por Alejandro Dumas (padre), refiere al episodio y al plan que pergeñó para secuestrar a Rosas: “El buen éxito que habíamos obtenido con aquél golpe de mano, me alentó á proponer otro al gobierno, que fue el de embarcar á la legión italiana en la flotilla, cruzar con ella el río, ocultando á mis soldados del mejor modo posible, llegar a Buenos Aires, desembarcar por la noche, encaminarnos a casa de Rosas, apoderarnos de él y conducirlo preso á Montevideo. Esta expedición, llevada á cabo con buena suerte, hubiera terminado la guerra de una sola vez, pero el gobierno rechazó mi proyecto”.

 

Dentro de este contexto llegó al mundo Teresita, tercera hija de Giuseppe y su mítica pareja, la brasileña Ana María de Jesús Ribeiro da Silva. En 1848 los Garibaldi abandonaron Montevideo rumbo a Italia. Allí, la pareja dejó a los niños al cuidado de su abuela paterna. Partieron con el fin de luchar por la Unificación Italiana.

Anita, embarazada por cuarta vez, no pudo seguir el ritmo de su esposo y éste la dejó en un pueblo de Ravena custodiada por una familia amiga. La mujer falleció días más tarde, siendo sepultada apresuradamente en la arena. Poco después, el 10 de agosto de 1849, un grupo de niños la descubrió y su cuerpo terminó en un cementerio de la zona. Llegó a decirse que el mismo Garibaldi la había estrangulado para seguir adelante sin esperarla. Al cumplir doce años, Teresita se reunió con su padre y lo acompañó en diversas contiendas. En septiembre de 1859, fueron juntos a Ravena para recuperar el cuerpo de Anita. Decidieron trasladarla a Niza. Sin embargo ese no sería su destino final. El 2 de diciembre de 1932, utilizando “tren fúnebre” aquellos restos fueron trasladados a Roma, donde se colocaron permanentemente en la base del monumento ecuestre erigido su honor a Anita Garibaldi. La ceremonia tuvo mucha relevancia y contó con la presencia del Primer Ministro Benito Mussolini.

 

Volviendo a Teresa, en 1861 se casó con Stefano Canzio, un lugarteniente destacado de su padre, a que conoció mientras realizaba curaciones a los soldados. Recibió como obsequio de bodas un collar de piedras preciosas por parte del rey Vittorio Emanuele II.  La pareja tuvo dieciséis hijos, doce de los cuales llegaron a la edad adulta, emigrando tres de ellos a la Argentina.

Al igual que la memorable Anita, luchó junto a Giuseppe y fue iniciada en la masonería por él.

Teresa pereció a los 58 años. La Cámara de Diputados italiana concedió inmediatamente una pensión vitalicia para cada una de sus hijas, que también eran hijas de Italia.

Sin embargo, a nivel internacional, su muerte no tuvo demasiada repercusión. Algo sumamente diferente sucedió, pocos meses más tarde, al fallecer su hermano mayor: “Ha muerto en Roma el hijo mayor del célebre caudillo italiano leemos en “El Liberal” de España, hacia agosto de 1903-. Menotti había nacido el 16 de setiembre de 1840 en un humilde rancho de orillas del Plata. Se cuenta que al nacer tenía una cicatriz en la cabeza, por efecto de una caída del caballo que había sufrido su madre, la célebre Anita, intrépida amazona”.

 

Como podemos intuir por la última oración, espacio aparte merecen los mitos que rodean a esta familia aguerrida y numerosa, cuyo apellido se fundió en la historia de dos continentes.

Lamentablemente,  a pesar del rescate constante de la vida de Anita, poco se documentó sobre su hija. Personaje fascinante que heredó el talante y la valentía de sus padres, porque como es sabido: la rama nunca cae muy lejos del árbol.