Sociedad Domingo, 9 de febrero de 2020 | Edición impresa

Superación: Noelia, la futura ingeniera que cosecha y estudia

La joven de 25 años cursa Ingeniería Química en la UTN y se esfuerza a diario para salir adelante.

Por Carla Romanello - cromanello@losandes.com.ar

El cielo nublado y la amenaza de lluvia del pasado viernes por la mañana fueron un gran alivio para Noelia Ibáñez (25). La joven se sumó a la cosecha de uva en una finca de Fray Luis Beltrán durante el primer lunes de febrero, por lo que llevaba varios días trabajando a pleno sol. Para esta tarea ella tuvo que valerse de una gorra, un par de tijeras y un tacho y dejar de lado sus cuadernos, libros y habitual vestimenta universitaria.

Es que la maipucina está en cuarto año de Ingeniería Química en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) pero, en paralelo, debe trabajar en el campo para mantenerse y ayudar a su mamá. Además durante 2019 estuvo abocada a la construcción, lo que también le permitió generar algunos ingresos.

Ignacio Blanco / Los Andes

Superar el dolor

La vida de Noelia nunca fue fácil. Cuando tenía 5 años sus padres se separaron y su mamá se dedicó a criarla tanto a ella como a sus dos hermanos. Para ayudar a su familia, la joven trabajó desde los 9 años, tanto en la cosecha de uva, ciruela y aceituna como en un galpón de empaque de ajos. “Mis maestros de Primaria me preguntaban por qué tenía los dedos cortados y yo me ocultaba atrás de varias curitas”, recordó. Sin embargo, para ella este esfuerzo valió la pena ya que le permitió comprarse los útiles escolares que necesitaba.

 
Labor. Desde los 9 años trabajó cosechando uva, ciruela y aceituna | Ignacio Blanco / Los Andes

El momento más triste de su infancia ocurrió a sus 13 años, cuando uno de sus hermanos se ahogó en un canal de riego. De todas formas, ella no se dejó vencer, sacó fuerzas de toda la situación y erigió como bandera la última frase que él le dijo antes de fallecer: “No quiero que trabajes la tierra, quiero que estudies”. 

Así Noelia terminó el secundario como abanderada provincial en una escuela técnica y entró a la facultad.

Justo cuando había comenzado a cursar, su mamá sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) por lo que tuvo que dejar sus estudios en pausa para abocarse a su recuperación. “Fue como volver a iniciar: tuvimos que enseñarle a hablar de nuevo, a caminar y mover los brazos”, detalló. Si bien su madre quedó con algunas secuelas, la joven se siente feliz de tenerla a su lado.

Ignacio Blanco / Los Andes

Agitada rutina

Parte de la rutina de la maipucina durante el ciclo lectivo consiste en ir a la cosecha, bañarse, cambiarse e ir a cursar. “Una vez que termina la temporada de cosecha me pongo más tranquila con los estudios”, comentó Noelia.

Además relató que durante 2019 incursionó en el rubro de la construcción. “Estuve haciendo la mezcla y poniendo ladrillos casi un mes”, detalló. Para ella fue bastante pesado pero similar al esfuerzo que requiere llevar el tacho y recorrer una finca. “No me quejo porque todo trabajo tiene su dificultad, la cuestión es ayudar a la casa”, dijo convencida la futura ingeniera.

 

La residencia, “un lujo”

Noelia vive en San Roque, Maipú, por lo que diariamente se tomaba un micro hasta la terminal y se iba caminando a la UTN. “Una vez, en pleno invierno, llegué a mi casa a las 3 de la mañana, así que me di cuenta de que así no podía seguir y me inscribí para vivir en la residencia universitaria”, narró.

Tras un proceso de selección, fue aceptada y durante el año pasado pudo vivir allí durante el cursado. “Para mí la residencia es un lujo; en mi casa no tenemos gas natural, la cocina no tiene techo y el baño está afuera así que estoy muy agradecida”, remarcó.

Ignacio Blanco / Los Andes

Estar allí además le permitió enfocarse más en su carrera, ir a clases de consulta y estudiar en la biblioteca.

A pesar de estas satisfacciones, durante 2019 pasó algunos meses sin tener trabajo y tuvo que empezar a pedir ayuda. “Mi mamá cobra una pensión mínima, no podía pedirle a ella. Así que había días que no tenía para comer y a la noche me tomaba un tecito”, recordó con angustia. Para enfrentarse a esta situación le recomendaron hablar con el centro de estudiantes, desde donde la contactaron con Fonbec, una fundación extendida a nivel nacional que otorga becas para estudiantes destacados a través del padrinazgo.

Allí le encontraron un padrino y una madrina, quienes le brindan una mensualidad con el objetivo de que siga estudiando y no tenga que abandonar por motivos económicos. Si bien esto es una gran ayuda, ella sigue en la búsqueda de empleo para poder mantenerse y lograr su objetivo. “Me gustaría tener un trabajo más afín a lo que estudio y también sacar provecho de mi título de secundaria que es técnica en Industria de Procesos”, aseguró la joven esperanzada.

 
Ignacio Blanco / Los Andes

Elección vocacional

Noelia eligió la Ingeniería por la admiración que le generaron sus docentes de esta profesión. De hecho, cuando estaba terminando el secundario, estaba entre ésta y el profesorado de matemática pero un profe ingeniero la ayudó a decidirse. “Me preguntó qué iba a seguir y cuando le conté mis dudas me dijo que tenía mucho potencial para seguir la carrera de Ingeniería”, recordó la joven.

Ella sueña con recibirse, tanto por vocación como para poder colaborar con su madre. “Quiero darle una buena casa a mi mamá y cumplir con lo que me encomendó mi hermano”, aseguró.

Si bien a Noelia le pesa un poco el hecho de haberse atrasado en la carrera, no se deja vencer. “De a poquito voy avanzando, siempre adelante y con la meta presente”, dijo demostrando gran sabiduría. Tal como comentó, muchas chicas de su edad ya tienen familia y se les hace más complicado estudiar. “Es una pena porque todos los jóvenes deberían tener la oportunidad”, deseó. En su caso está convencida de poder lograrlo: “Yo sigo mi estudio, mi trabajo y no aflojo nunca”.