Opinión Domingo, 22 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Suárez se ajusta al libreto y Sagasti gira a la derecha - Por M. Zentil

El candidato oficialista remarca la gestión provincial. Su principal rival, ha sido cristinista, albertista y ahora parece cornejista

Por Marcelo Zentil - mzentil@losandes.com.ar

Las elecciones están a la vista. Su silueta, como si fuera la de la cordillera, asoma cercana. Los que estudian al electorado mendocino hace años y lo conocen bien dicen que la gente ya fijó su postura, más allá de los nombres. El primer paso de esa definición es alistarse en el oficialismo o la oposición. Y recién luego se comienza a hilar más fino, a analizar los detalles. 

Esa conclusión explica aquella decisión del gobernador, Alfredo Cornejo, de separar la elección provincial de la nacional. En la contienda local, son mayoría los que se identifican con el oficialismo, al contrario de lo que ocurre cuando se habla del país.

De ahí que Rodolfo Suárez no se haya movido ni un milímetro del eje de campaña definido antes de las PASO para ganar la gobernación: hasta el jingle de los spots es el mismo.

El intendente expresa la continuidad del gobierno cornejista, es el defensor del orden en el Estado y la obra pública, y todo eso lo garantiza exponiendo su gestión como intendente, un capital que sus rivales no pueden exhibir.

En las propagandas, entrevistas y debates, una y otra vez Suárez remarca lo hecho por Cornejo, el “buen gobierno” de los últimos años y contrapone aquel pasado caótico de las gestiones de Pérez y Jaque.

No hay menciones a Mauricio Macri en su discurso, aunque fondos nacionales hayan ayudado a pagar varias obras de su municipio, ni incómodas visitas del Pro previstas para los próximos días. 

“El manual dice que cuando vas bien, no tenés que moverte mucho para no caer en errores”, dice uno de los integrantes de su círculo de confianza, que se muestra tranquilo por los resultados de las encuestas. En el oficialismo ubican la brecha con su seguidora, Anabel Fernández Sagasti, entre 10 y 14 puntos.

En este largo recorrido de al menos cinco meses de campaña intensa, hubo sólo dos hechos que rompieron el plan radical. La dura derrota de Macri en las PASO llevó a  Suárez a sobreactuar en los días siguientes las críticas al Presidente. En la semana que pasó, salió a cuestionar la viabilidad de las promesas peronistas de boleto estudiantil y otros servicios gratis.

“Si algo no te hace daño, no salís a responder”, dicen con satisfacción en el PJ sobre esa reacción. “No le vamos a dejar pasar una”, avisan en la UCR y remarcan: “Están repitiendo el mapa del delito”.

El radical y la kirchnerista tienen marcadas diferencias de personalidad. Suárez mantiene a rajatabla su estilo moderado, casi cansino, salvo raras excepciones. Con dos décadas menos en el DNI, Fernández Sagasti se muestra deseosa de protagonizar. 

Pero también hay entre ellos muchas semejanzas: son abogados, llevan menos de una década ocupando cargos electivos y más allá de expresar una renovación, están rodeados por dirigentes políticos de largo recorrido.

Así, con Suárez suele verse a ex iglesistas como Enrique Vaquié, Roberto Grillo y Sergio Bruni. Mientras que con la actual senadora nacional están encumbrados ex funcionarios y ex legisladores de los ciclos Jaque y Pérez, como Félix González, Eduardo Bauzá hijo y el oculto pero siempre presente Carlos Ciurca.

En los últimos días, quedó expuesto que la referente de La Cámpora debió mutar y mucho, aunque sostiene las críticas a la deuda provincial y la asimilación de Cornejo y Suárez a Macri. Nada quedó de aquel “Vuelve Cristina”: ni las fotos con su jefa política, ni el eslogan, ni el discurso. Sólo mantiene firme el diálogo cotidiano con la ex presidenta.

En el camino a la general, Fernández Sagasti primero, moderó el discurso para contener a los votantes de su rival de las PASO, Alejandro Bermejo, y así garantizarse ese piso del 35 por ciento.

Luego vino la “albertización”. El aplastante triunfo de  Fernández en la primaria nacional lo convirtió en la referencia repetida y única. El candidato presidencial del Frente de Todos reunió acá el 40 por ciento de los votos, un número que pondría la gobernación a tiro en la provincia.

De ahí el uso reiterado de la expresión “prender la economía” y una batería de medidas que ejecutaría Fernández Sagasti, como el boleto estudiantil gratuito (una vieja promesa de la izquierda), guarderías para los hijos de madres trabajadoras y medicamentos gratis para los jubilados (que obviamente daría el Pami). 

Ante la ira oficialista, en el cuartel del peronismo remarcan que esas medidas serán financiadas por la Nación gracias a un compromiso ya asumido por Fernández. Lo que no dicen es que la situación fiscal nacional es peor que la provincial y la ayuda escaseará.

Con Cristina, la unión de todo el PJ local y Alberto hasta ahora no alcanza: según los números que cuentan pero no muestran en el PJ, la candidata está cuatro puntos abajo de Suárez. Esto tal vez explique el nuevo y sorprendente giro, esta vez a la derecha.

En el debate organizado por las cámaras empresarias el jueves, la candidata se apropió de buena parte del discurso cornejista, incluso a contramano de los postulados tradicionales del kirchnerismo, buscando los votos que necesita para ganar. 

Anabel sostuvo que tiene como meta “el orden fiscal”,  aseguró que va a reducir el empleo público y los impuestos, y fue la única de los cuatro que se comprometió a bajar el peso del Estado en la economía “haciendo más eficaz y eficiente el gasto público”.

Casi como un calco de lo que decía Cornejo cuatro años atrás, prometió “mano firme con el crimen organizado” y fue más allá: afirmó que los policías “la han pasado mal” con el actual gobierno y que serán los empleados públicos mejor pagos en el suyo. También le reprochó al oficialismo la eliminación del aparato de inteligencia policial, que respondía a Ciurca.

El FIT de Noelia Barbeito celebró lo que escuchaba. Así, tal vez, pueda recuperar el domingo próximo algunos de los votos que Fernández Sagasti le quitó en las PASO. Y Ramón, rápido de reflejos, hizo propio el discurso estatista que hasta hace unas semanas era propio del kirchnerismo.