Policiales Domingo, 12 de enero de 2020 | Edición impresa

‘Sr. Willy’, único amigo de Pereg: “Me dijo que en Europa él cobraba por sexo”

Es la única persona que iba a visitarlo al penal. Durante años visitó y ayudó al israelí. Sus insólitas anécdotas.

Por Oscar Guillén - oguillen@losandes.com.ar

Uno de los últimos testigos en declarar en la causa contra Gil Pereg fue “El Señor Willy”, un profesional que trabaja para el Estado provincial y que conoció y ayudó al israelí cuando éste fue estafado por un arquitecto que le birló unos 300.000 dólares.

Se trata, según sus palabras, de “su único amigo y referente acá. Durante tres años lo veía dos veces por semana”.

 

Los abogados del israelí -Maximiliano Legrand, Lautaro Brachetta y Marcos Segovia- descubrieron que una persona lo visitaba en la cárcel. “Es el señor Willy”, les dijo Pereg cuando le preguntaron.

Según consta en la declaración judicial, el Colegio de Arquitectos le suspendió la matrícula al estafador con la intervención del Sr. Willy, quien luego le perdió el rastro por más de 6 meses.

 

Un día se lo encontró por el Centro y Pereg le dijo que tres ladrones le habían entrado a robar al lote y le habían disparado tres tiros, uno de ellos en la columna. Por eso había estado internado en el hospital Central durante varios meses.

Luego le contó que se dedicaba a prestar plata -que le mandaba su madre- y le mostró  una libretita con anotaciones de sus clientes.

 

“A esa altura era como un hijo para mí; él estaba sólo, lo cagué a pedos, le dije que era un boludo, que vendiera todo y se volviera a Israel. Se ve que no le gustó porque actuó como un hijo: no lo vi más, desapareció”, declaró Willy.

Años después, el amigo de Pereg lo vio en televisión, tras ser detenido. Ahí decidió visitarlo en la cárcel, dos o tres veces “hasta que me pidió comida para gatos”.

 

Durante la primera visita, Pereg le dijo que en el hospital, cuando lo operaron de la columna,  su vida cambió, cuando apareció el señor Balthus -un gato grande, gris, de 500 años-, un animal “mágico que lo protege y lo visita en la celda porque puede meterse por una fisura o atravesar paredes”.

Entre los “animales mentales” que pueblan sus fantasías, Pereg también le habló de los “Ghoulies”, unos demonios chiquitos que salen de los agujeros de la cloacas.

 

En la siguiente visita, Pereg -como a todo el mundo- le dijo a su amigo que quería que le llevaran sus gatos al penal. También le confesó que no había matado a su madre  ni a su tía, que tenía que buscarlas porque estaban “por algún lado”.

En Europa cobraba por sexo

La relación de Pereg con el “Señor Willy” era de cierta familiaridad: un domingo lo invitó a una almuerzo familiar donde el israelí “comió asado como lima nueva”.

 

Otra vez, fueron a una fiesta con gente “de treinta y pico para arriba” y la dueña de casa -divorciada, de 43 años, con buen pasar económico- le cayó bien, le tiraba onda”, contaría luego el arquitecto.

Como Pereg se mostraba tímido, Willy trató de animarlo. Le preguntó si se había bañado porque “no olía tan desagradable” y Pereg le contestó: “Me lavé las partes”.

 

Entonces Willy le dijo que sacara a bailar a la mujer y Pereg le dijo: “Son muy viejas para mí. A mí en Europa me pagaban por sexo”.

Durante su declaración el testigo contó por qué le decía “Sr. Willy”. Durante una reunión en el Colegio de Arquitectos, todo el mundo lo llamaba Willy, algo que también empezó a hacer Pereg. Entonces, como un chiste,  Willy le dijo: ‘Vos no me conocés, me tenés que decir “Sr Willy”’. Desde ese momento “el sumiso” Pereg lo llamó así.