Turismo Domingo, 15 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Sitges: la perla de la costa dorada

Gastronomía, cultura y mucha diversión ofrecen las las playas de esta ciudad costera al sur de Barcelona. Museos, arte y vida nocturna.

Por Federico Chaine - fedechaine@hotmail.com

Barcelona tiene playas céntricas donde tomar sol y remojarse en el Mediterráneo después de recorrer las variadas atracciones que ofrece. Si estando allí disponés un día libre en tu agenda, una opción muy interesante es ir hasta la cercana Sitges que ofrece cultura, gastronomía y mucha diversión, además de numerosas playas con excelentes servicios. 

Los Andes
 

La forma más rápida de ir es la Línea R2 del tren de cercanías que sale cada 20 minutos. Se puede tomar en la parada del Paseo de Gracia y el viaje dura 35 minutos. Sitges es ideal para caminarla. Desde la estación a la costanera marítima del Pasaje de la Ribera demanda 15 minutos. Cuando vi sus palmeras, las construcciones y el azul del mar me recordó mucho a la costanera del Paseo de los Ingleses en Niza, la Costa Azul Francesa. 

 

Su amplia playa de 260 metros de extensión rebosaba de bañistas ya que era julio, pleno verano. Ofrece servicio de aseos, reposeras, sombrillas, rampa de acceso para discapacitados y la posibilidad de alquilar un bote a pedales con tobogán incluido para divertirse con los amigos aguas adentro pasando la línea de las olas. 

 

Un chapuzón en el Mediterráneo y a seguir recorriendo. Justo al lado está la playa de la Fragata que es más pequeña y donde funciona el Club Náutico de vela. Desde allí se accede a una escalera en cuya base encontramos una escultura que es uno de los emblemas de la ciudad: La Sirenita. No solo en Copenhague (la más famosa) o en Varsovia encontramos esta figura icónica. La de Sitges fue creada por el escultor catalán Pere Jou en 1964. Cada viajero que pasa por aquí se hace la foto “chocando los cinco” con la palma de la figura que, de tanto roce, presenta un importante desgaste con respecto al resto de la escultura. Esa misma escalera te deja a las puertas de la Iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla erigida en el siglo XVII que ofrece la tradicional misa de los domingos y visitas guiadas. 

 

Justo enfrente encontramos el edificio del Ayuntamiento y a pocos pasos de allí, en la calle Fonollar 6 sobre la línea del mar, está el Museo Cau Ferrat que funciona en la que fue la casa-taller del pintor barcelonés Santiago Rusiñol (1861-1931). Se pueden apreciar pinturas del dueño de casa, de Pablo Picasso y diversas esculturas trabajadas en hierro, vidrio y cerámica.

 

Sobre la misma calle también se puede visitar el Museo Maricel que alberga obras de artistas locales. Caminar por este casco viejo con sus estrechas callecitas y vistas panorámicas del mar es una delicia. Descendiendo la loma encontramos otra de las playas más aprovechadas por visitantes y los mismos sitgeanos: la de San Sebastián. Está rodeada de pequeños restaurantes y cafés donde comer algo para cortar la tarde y descansar un rato de los rayos solares. Es más pequeña y familiar que la playa de la Ribera. Integró la lista de las mejores playas urbanas del mundo según el prestigioso diario New York Times.

 

Otro rato tumbado en estas arenas después de visitar museos y regreso a la Ribera desde donde se puede apreciar un atardecer de ensueño con la luz dorada de Febo iluminando la silueta de San Bartolomé y Santa Tecla en lo alto, las palmeras del paseo, la arena y las aguas transparentes reflejando los últimos rayos.

Fui testigo de una de las mayores tradiciones de los pueblos catalanes: los Castells. Son torres humanas de hasta 10 metros de altura donde varias personas se trepan unas encima de otras hasta coronar la cima con un niño que al llegar a lo alto eleva sus brazos para que la multitud que observa aplauda a los valientes. Los más fornidos van sosteniendo a los más ágiles que trepan apoyados en los hombros de sus compañeros hasta formar la figura. Da un poco de vértigo verlos en medio de la plaza alcanzando alturas de hasta un segundo piso entre los edificios circundantes en delicado equilibrio y sin red alguna que contenga una posible caída.

 

La diversión nocturna no tiene límites en Sitges. Hay restaurantes, boliches, shows en vivo y bares abiertos hasta la madrugada. Esta ciudad ha sido declarada “gay friendly” y es un destino ideal para este colectivo que encuentra aquí una de las urbes más abiertas mentalmente de toda España. También es conocida por la organización del tradicional Festival de Cine celebrado desde 1968, en octubre.

Datos

Tren de Barcelona a Sitges: 5 dólares

Playas: gratuitas

Bote a pedal con tobogán para 4/5 personas: 23 dólares (edad mínima 10 años)

Foto con La Sirenita: gratuita

Visita Guiada Iglesia Bartolomé y Santa Tecla: 6 dólares. Reservar en: reservesms@dlba.cat

Museo Cau Ferrat: 6 dólares. Diariamente de 10 a 20 hs. (cerrado los lunes)

Museo Palacio Marciel: 6 dólares. (Mismos horarios que el Museo Gau Ferrat)