Opinión Miércoles, 9 de octubre de 2019 | Edición impresa

Semáforos: de la onda verde a la onda marrón - Por Leonardo Oliva

¿Dónde se puede circular sin que la ciclotimia de los semáforos nos obligue a la lotería de frenar o avanzar?

Por Leonardo Oliva - loliva@losandes.com.ar

Esquina de Pedro Molina y Costanera, Guaymallén. Un lugar renovado con nuevo asfalto y un puente más ancho para cruzar hacia Capital. También con un flamante cartelito led (¿por qué no pusieron uno más grande y legible?) que, entre otras cosas, informa que allí hay onda verde. Es decir, circulando a velocidad constante de 55 km, se puede llegar hasta la Rotonda del Avión sin detenerse. Y sin pegar acelarazos y frenazos ante cada semáforo. Que son siete entre calle Buenos Aires y la rotonda (dos de ellos nuevos), el trayecto que el Gran Mendoza ha incorporado a su escasa onda verde.

A ver, hagamos un ejercicio de memoria rápida: ¿dónde se puede circular sin que la ciclotimia de los semáforos nos obligue a la lotería de frenar o avanzar? Enumeremos: el eje Zapata-Colón-Arístides; Paso de los Andes de la Quinta a la Sexta; Corredor del Oeste; calle Beltrán en la Cuarta; avenida San Martín en Godoy Cruz…   Y hasta acá llegamos.

¿Por qué tan pocos semáforos están sincronizados? La respuesta de los funcionarios suele ser, más o menos, la siguiente: “La red semafórica es muy antigua, cuando se reemplace por una nueva con mejor tecnología el tránsito será más fluido”.

El Gran Mendoza tiene 1.100 intersecciones semaforizadas, según la secretaría de Servicios Públicos. Muchos de esos aparatos son nuevos gracias a la renovación que encararon los municipios en la última década. Sin embargo, los vehículos siguen apelotonándose sin avanzar con continuidad porque la onda roja le gana por goleada a la verde.

Tal vez el diseño vial de la ciudad y sus alrededores colabore a este problema. Un dato: Mendoza es una de las urbes del país con menos autopistas. Y si a eso le sumamos que tampoco abundan las avenidas, es decir las vías rápidas, la conclusión es obvia: vivimos y circulamos en un embudo al que los semáforos no sincronizados magnifican. 

Además del beneficio ambiental que significa evitar frenar a cero y volver a acelerar (genera menos smog), la onda verde tiene otra ventaja según explica Federico González, licenciado en Accidentología y Prevención Vial: “Reduce el número de colisiones por alcance (el famoso golpe de atrás: cola con trompa o viceversa), se agiliza el tránsito en zonas de congestión y se mantienen velocidades límites seguras”. Este experto también anota en esta saludable lista que “se mejora la realización de giros sin semáforos para introducirse a la vía sincronizada, ya que la marcha en pelotones de autos provoca intervalos amplios entre uno y otro, aumentando la posibilidad de pasar entre ellos”.

Es decir, si sincronizamos la mayor cantidad de semáforos posible habrá aire más limpio, menos choques y tránsito más ágil. Un paraíso para cualquier conductor.

Sin embargo, desde el área de Servicios Públicos no son tan pesimistas como esta columna. Dicen que hay 240 equipos programados con onda verde en el Gran Mendoza y aclaran que a veces no es recomendable en zonas como el microcentro mendocino, por el riesgo que significa para peatones. 

También aseguran que están por incorporar tecnología inteligente (se estrenará en el carril Godoy Cruz de Guaymallén) con equipos que “cuentan” vehículos y sensores para adaptar los tiempos de los semáforos a los flujos vehiculares. Es decir, una “onda marrón” que mezcle la verde que falta y la roja que sobra.