Sociedad Martes, 18 de junio de 2019

Segunda Guerra: la perversa táctica de usar soldados congelados para asustar a los rusos

La guerra psicológica fue clave para intentar doblegar al enemigo. Algunas estrategias fueron demasiado tétricas.

Por Luciana Sabina

Liuba Y. Peña Galbán – psiquiatra- señala que “la guerra psicológica consiste en asustar al enemigo para reducir sus posibilidades de éxito en el combate. (…) busca, por un lado, paralizar al adversario, derrotarlo antes de que siquiera entre a combatir y, por otro lado, ganar las ‘mentes y los corazones’ de las personas que no se piensa aniquilar (…) La guerra no se gana solo en las trincheras, o desde el aire con refinados y sofisticados sistemas de armas automatizadas; hay que ganarla también en las mentes de la gente, tanto en el bando propio como en el enemigo”.

La propaganda comenzó a funcionar plenamente durante la Primera Guerra Mundial y se perfeccionó durante la segunda. En 1914 el primer ministro inglés David Lloyd George seleccionó a un grupo de grandes escritores –entre ellos a  Arthur Conan Doyle y G. K. Chesterton- para escribir panfletos a favor de Inglaterra que se distribuyeron a países neutrales e incluso a Alemania, lanzándolos sobre las trincheras.

 

En el marco de la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar la Guerra de Invierno que enfrentó a rusos y finlandesa, caracterizándose por un fuerte contenido psicológico. A fines de noviembre de 1939 la URSS atacó Finlandia con casi medio millón de soldados. Para los invadidos hacer frente directamente al Ejército Rojo era un plan suicida. No sólo los superaban en número, también en armamentos. Eligieron entonces llevar a cabo una la lucha de guerrillas y camuflarse en la nieve. Para esto último llevaban vestimenta blanca, mientras que los rusos un verde fácilmente identificable. Entre sus elementos de apoyo se hallaban los esquíes.

Siendo oriundos de la zona estaban más adaptados a las bajas temperaturas -que podían llegar a los -30º- por lo que eran más los muertos soviéticas por congelamiento. Finlandia utilizó esto último a su favor de un modo macabro y terrorífico: “plantaron” soldados rusos congelados en los caminos, como un modo de advertencia.

El cadáver de un soldado congelado | Archivo Los Andes

El país atacado logró conservar su independencia, a pesar de haber perdido un 10% del territorio y un porcentaje importante de recursos energéticos. Para los rusos significó una gran frustración no lograr vencerlos. Según Nikita Jrushchov  la URSS perdió unos 270 000 soldados, contra las 25.000 bajas finlandesas.

Esta verdadera carnicería se materializó en  100 días.