Espectáculos Domingo, 18 de agosto de 2019 | Edición impresa

Sebastián Borensztein: “Mi ambición es que la película sea un mojón anti-grieta”

Volvió con un exitazo: “La odisea de los giles”, una comedia que hace pie en el contexto del 2001 para volverse contemporánea.

Por Lorena Cancela - Especial para Estilo

“La Odisea de los Giles”, basada en la novela “La noche de la Usina” de Eduardo Sacheri es uno de los estrenos argentinos más difundidos y esperados del año cuyo arranque este jueves se quedó con el primer lugar de la película más vista superando a “El Rey León”. Si bien su lanzamiento estaba planificado desde el año pasado, “La Odisea de los Giles” se posiciona en el campo cultural local como un filme que se mantendrá por un tiempo, seguramente sostenido por el boca a boca, porque los temas que toca son 100 x 100 nuestros y actuales. Y todo está sostenido por el formato de una fábula y un elenco de lujo integrado por Ricardo Darín, su hijo “el Chino”, Verónica Llinás, Rita Cortese, Daniel Aráoz, Carlos Belloso y un Luis Brandoni que encuentra un personaje que le quepa a la perfección, entre otros. El mentor, digamos el DT, detrás de este gran equipo es Sebastián Borensztein que dialogó en exclusiva con Estilo después de conocerse las primeras cifras de recaudación del estreno. Y sostiene: “quisimos contar una película a 10 cm. del suelo”.

Equipazo. Ricardo Darín, Verónica Llinás y Luis Brandoni escuchan las indicaciones del guión de Sebastián Borensztein.

- La película tiene una estructura coral y cada actor se luce en su rol magníficamente ¿Cómo trabajaste con los actores?

- Fue un fácil porque cuando trabajás con grandes actores y cuando tenés el oficio de trabajar con ellos a lo largo de la carrera, de la vida, y uno los conoce tan bien, es fácil. Lo que hacés es que vayan por el andarivel deseado, no más que eso.  

 

- La novela “La noche de la Usina” de Eduardo Sacheri y la película no son del todo iguales a nivel trama y también el título es distinto. ¿Cómo fue el proceso de búsqueda del título? ¿Buscaste consenso entre los actores? 

- La novela original tiene una estructura que oculta a lo largo de la historia qué es lo que están haciendo los personajes y solo lo clarifica en el final. El cine no sostiene ese tipo de estructura y hubo que hacer un cambio estructural muy grande para poder contar la misma historia, con los mismos personajes, desde el punto de vista cinematográfico. El consenso del título fue entre Ricardo, el Chino, los productores y yo. Se enunció antes de empezar a rodar y no se lo definió hasta un tiempo después porque era un título fuerte, pero cuando se terminó la película nadie dudó de que se tenía que llamar así.

Los Darín. El Chino y su padre Ricardo, dialogan con el director

- Es muy interesante ver cómo la película empieza con un flashforward (escena del futuro) musicalizado por un vals que después va a tener significación muy fuerte en la trama. Otro de los cambios es la presencia de un personaje femenino nuevo, el que interpreta Rita Cortese. ¿Por qué hiciste esta modificación?

- Decidimos que Lorgio sea mujer porque sentíamos que le faltaba un personaje femenino fuerte a la trama. Porque si bien hay personajes femeninos, como el que interpreta Verónica Llinás y la secretaria de Manzi, eran 8 varones y solo 2 mujeres.

Entonces, cambiamos de Francisco Lorgio a Carmen Lorgio.

- Los actores son muy disímiles, con recorridos distintos, todos grandes actores que están parejos. Uno se imagina el rodaje como algo lindo. ¿Cómo fue el clima de trabajo?

- Fue espectacular, así como los personajes de la película son muy variopintos y en algunos casos ideológicamente antagónicos, también ocurre en nuestro elenco: son personas multi-ideológicas. Y fue muy lindo el trabajo: no hubo diferencias de si “vos sos K”, o “vos sos M”. Nos juntamos todos a hacer una película que era lo que queríamos hacer, compartimos nueve semanas de rodaje y viajes por el interior, viviendo en hoteles. Trabajamos, nos divertimos, fue un clima de gran camaradería y compañerismo. Esto deja claro que no hay nada que no se pueda hacer cuando la gente tiene un objetivo común.

 

- En la película confluyen ideologías como el anarquismo, el peronismo, pero todos los personajes tiran para el mismo lado. ¿Te interesaba mostrar eso?

- Eso es parte de lo que a mí me enamoró de “La Noche de la Usina”: la historia original, los personajes y el tema ideológico: absolutamente anti-grieta. Yo he dicho en otro reportaje que mi ambición con esta película es que pueda quedar como un mojón en la cultura, un mojón anti-grieta, de final de grieta. Porque la cultura es el vehículo ideal para llevar este tipo de mensajes. Es la cultura, son los artistas, los que pueden formar una corriente que lo genere. Seamos diferentes, tolerémonos como somos, cada uno pensando como quiera, democráticamente, libremente, sin tener que esconder nuestro pensamiento por temor a que el otro nos agreda por no pensar igual.

- Si bien “La odisea de los giles” es distinta a “Un cuento chino” las dos tienen cierto aire de fábula. Incluso en “La odisea...” la acción transcurre en 2001, pero aparece una bóveda que fue un tema más reciente, y sin embargo por momentos todo parece como extemporáneo. ¿Qué pensás de esto?

- Diste en la tecla, las dos están contadas con aire de fábula. De hecho, una de las cosas que hablábamos con Ricardo cuando empezamos a trabajar es que yo quería contarla con los pies 10 cm arriba del piso: darme permisos para generar un mundo con un verosímil particular. Y que el espectador entre en ese código de fábula, de cuento. La novela se publicó alrededor del 2015 y traía este concepto de un tipo que guarda plata en una bóveda en un campo, a raíz del corralito, temas que resuenan en todos nosotros y son ideales para armar una fábula como la que plantea la película.

 

- Hay una escena en la película que si no es la central, me parece muy elocuente en términos de retrato del villano: me refiero a la escena del casamiento. Allí se produce un contrapunto muy interesante entre lo que está viviendo Manzi, bailando el carnaval carioca, yéndose de tono con lo que mira y el resto del grupo de los “giles”. Hay una mirada muy sarcástica sobre este hombre que cuida más a la plata que a su mujer. ¿Así lo quisiste mostrar?

- El tipo se está divirtiendo mientras está pasando todo lo otro. A mí me gusta cuando las intenciones que uno tuvo al filmar son interpretadas. Y es tal cual: este tipo está bailando el carnaval carioca y los giles están en la suya, Manzi no se la ve venir.

- Para terminar, en la película hay una confluencia de política y sarcasmo que tu papá supo plasmar maravillosamente en la televisión. ¿Creés que esta película tuya reflota algo de su legado?

- Creo que todo lo que hago reflota eso porque el legado no tiene que ver solamente con lo político. De hecho, no ejerzo el humor político (lo hace mi hermano en la columna de Clarín), pero el legado tiene que ver con una forma de encarar los trabajos, de vincularse con la gente que uno trabaja, la mirada que uno tiene. Por ahí suena medio antiguo, pero me refiero a ciertos valores éticos y ciertos valores de persona que son importantes y yo recibí. No sé si ve pero sí se siente a través de cómo se arma esto de ser un equipo.