Opinión Sábado, 29 de febrero de 2020 | Edición impresa

¿Se puede decir ‘muy mucho’? - Por María del Rosario Ramallo

Por María del Rosario Ramallo - Profesora y Licenciada en Letras 

Cuando queremos ponderar en grado sumo una cualidad, podemos hacerlo de diferentes formas; de ellas, hay dos más conocidas: una es la que antepone al adjetivo el adverbio ‘muy’ y la otra, la que forma el superlativo de ese mismo adjetivo con la adición del sufijo ‘-ísimo’; entonces, diré “Estoy muy contenta” o “Estoy contentísima”.

Cabe preguntarse de dónde surgió el adverbio ‘muy’: el diccionario académico nos informa que este vocablo es la forma reducida de ‘mucho’, apócope del antiguo “muito”, derivado del latín ‘multum’; se coloca ante un adjetivo o ante un adverbio: Tiene un problema muy grande: sus hijos viven muy lejos. 

Con respecto a la combinación ‘muy mucho’, la Nueva gramática de la lengua española, obra académica del año 2009, nos dice que era general en la lengua antigua; en la actualidad, es común esa expresión lexicalizada junto a verbos y en registros informales. Destaca esta obra que es común encontrar ‘muy mucho’ en predicados que expresan reflexión, así como actitud cauta o precavida ante algo; transcribe los siguientes ejemplos: Me esmero y me cuido muy mucho de no hacer presión sobre sus sueños más íntimos. Se lo pensarán muy mucho antes de hacer eso a partir de ahora. 

También, dice la Academia, puede aparecer ‘muy’ delante de grupos  preposicionales, para señalar el grado en el que algo o alguien está ubicado  en relación con otra persona u otra cosa: Siento su cuerpo muy al lado del mío. Se levanta, sostenida por abruptos cerros, muy sobre el nivel de las otras circunstantes tierras africanas. 

Incluye, además, otros ejemplos en los que ‘muy’ se usa para indicar que una persona o una cosa se oponen a otras, como en ‘muy contra los deseos’ y ‘muy contra su voluntad’. Asimismo, ‘muy’ se puede colocar junto a grupos preposicionales que denoten lugar, tiempo o modo: Estos precios se ubican muy por debajo de aquellos otros. Ha llegado muy sobre la hora. Siempre camina muy deprisa.

A veces, el adverbio ‘muy’ se puede colocar junto a construcciones que indican posesión o pertenencia: Es muy de ella realizar obras de beneficencia en silencio. Era muy propio de los vecinos de ese lugar el festejo comunitario de las efemérides. La colocación de ‘muy’ ante estas construcciones indica que la propiedad mencionada es poseída en un alto grado. 

En la Argentina y Uruguay, según las fuentes académicas, se puede usar para responder de manera muy breve a una pregunta acerca de alguna propiedad ya mencionada: -¿Te pareció interesante la película? –Muy. Como puede advertirse, en esta brevísima respuesta, quedan callados los elementos de información porque tanto el hablante como su interlocutor manejan un mismo contexto anafórico y, entonces, no es necesario hacerlos explícitos. En este ejemplo, esos elementos en respuesta completa hubieran sido: “Sí, me pareció muy interesante la película”.

¿Y cómo hacer la concordancia entre un sustantivo y ‘mucho’ si va acompañado de ‘más’ o ‘menos’? ¿Funciona siempre como adjetivo o hay veces en que es adverbio y, por lo tanto, queda inalterable? Tiene las dos funciones y las concordancias son diferentes: si es adjetivo, con sus formas masculina y femenina, singular y plural, se irá adecuando al género y número del sustantivo al cual se refiere: Mucho menos calor, mucha más agua, muchos más turistas, muchas menos variantes. De este modo, es incorrecto decir, por ejemplo, *mucho más agua, pues ‘agua’ es de género femenino; tampoco es correcto decir *mucho menos variantes’, puesto que el sustantivo ‘variantes’ es femenino y está en plural.

Cuando ‘mucho’ funciona como adverbio, como tal, permanece invariable y puede anteponerse y modificar a ‘mayor’, ‘menor’, ‘mejor’ o ‘peor’, que son adjetivos ya en grado comparativo: Se recupera con mucho mayor facilidad. Este año se registró mucho menor afluencia de turistas. Vemos con satisfacción una mucho mejor relación. Los vemos mucho peor ubicados que antes. A pesar de ser esta la normativa, a veces, ‘mucho’ concuerda con el sustantivo, en lugar de permanecer invariable: ‘mucha mayor velocidad’, ‘mucha menor demanda’; esta forma, que alterna con la de la invariabilidad de ‘mucho’, no se puede usar si el sustantivo va antepuesto; en ese caso, ‘mucho’ no varía: ‘protesta mucho menor’, ‘paciencia mucho mayor’.

Un niño llega al patio de comidas y exige comer pronto porque tiene ‘*mucho hambre’: ¿está bien o mal la expresión? Es incorrecta porque el sustantivo ‘hambre’ es de género femenino; lo que sucede es que, al comenzar con la sílaba tónica ‘ham-‘ no puede llevar el artículo femenino. Entonces, decimos ‘el hambre’, aunque digamos ‘tremenda hambre’. En el caso del reclamo infantil, debió ser ‘mucha hambre’.

Hay frases hechas cuyo significado no siempre conocemos acabadamente; así, por ejemplo, “ni con mucho”, locución adverbial usada para expresar la gran diferencia que hay de una cosa a otra: Tu talento no llega ni con mucho al de tu padre. Otra locución es “ni mucho menos”, también de carácter adverbial, usada para negar algo rotundamente: “- ¿Pudiste finalizar la lectura de la obra? – Ni mucho menos.

Cerremos la nota con algunas paremias en que aparezca ‘mucho’, ya como adjetivo, ya como adverbio: “Mucho donaire causa desaire”. Este refrán pone en evidencia que un exceso de gentileza o de gracia en el hablar o en el comportarse puede ocasionar comentarios negativos, molestias, envidia. Otro refrán nos dice “Muchos cocineros estropean el caldo”: esta frase proverbial de origen español nos advierte que no es conveniente que, en un determinado asunto, intervengan demasiadas personas pues así puede producirse desorden o desconcierto, al haber exceso de opiniones. 

Similar es la reflexión planteada a la de “Muchas manos en un plato hacen mucho garabato”. Otro refrán en el que se condena la ambición nos dice “Muchos ajos en un mortero, mal los maja el majadero”, con lo que se da a entender que resulta sumamente difícil para una única persona manejar a la vez demasiados negocios. Finalmente, “A la herradura que mucho suena, algo le falta” da a entender que cuando alguien presume en exceso de poseer una habilidad, es posible que carezca de ella. El contenido apunta a la misma reflexión del refrán “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.