Sarmiento Sábado, 15 de septiembre de 2018 | Edición impresa

Sarmiento: la casa que lo vio crecer y gobernar

En el corazón de San Juan se encuentra el Monumento Histórico Nacional.

Por Luciana Sabina - Enviada especial

Nombrar a Sarmiento es nombrar a San Juan. En el corazón de esta ciudad se encuentra la casa en la que nació el prócer. A pesar de que debió ser reconstruida -en gran medida- luego del terremoto de Caucete, la habitación donde llegó al mundo Domingo Faustino siguió en pie, como un sino de su estirpe. 

Entre esas paredes de barro, con techos de paja, el maestro aprendió a leer con sólo cuatro años. Semejante habilidad le dio popularidad temprana; lo llevaban por las casas del barrio “El Carrascal”: todos querían oír al pequeño Sarmiento leer de corrido. Era entonces una zona muy pobre. 

 

Se trata del primer Monumento Histórico Nacional, declarado así el 7 de setiembre de 1910, por ley nacional 7.062. Fue construida con el esfuerzo de su madre y a medida que los hijos crecían ayudaron ampliándola. Llegó a tener nueve habitaciones principales y dos patios. Allí, “a poca distancia de la puerta -escribe el prócer en “Recuerdos de provincia”-, eleva su copa verdinegra la patriarcal higuera, que sombreaba aún en mi infancia aquel telar de mi madre, cuyos golpes de husos, pedales, lanzaderas, nos despertaban antes de salir el sol, para anunciarnos que un nuevo día llegaba”. 

Refieren los textos del Museo: “Las hijas -hermanas del prócer- que habían entrado en la pubertad con ideas reformistas, la arremetieron con muchas cosas de la casa, y también con la higuera, que fue cortada en una salida de su madre. Este centenario árbol, más allá de haber sido cortado, rebrotó y a través de sus retoños, hoy el Museo tiene la representativa higuera que se yergue en el patio central, dando sombra, brevas en noviembre e higos en febrero. El visitante, al ingresar por el hall central de la casa, encuentra como estandarte de la casa este simbólico árbol  debajo del cual Doña Paula realizaba sus tejidos a telar y donde Sarmiento leía sus primeros libros”.     

 

La agresión contra la higuera desesperó a la anciana, haciéndola derramar lágrimas llenas de amargura que su hijo consolaba desde la distancia. 

Gobernador

La ampliación continuó luego de su muerte. Cuando Domingo Faustino se hizo cargo de la gobernación de San Juan, a principios de 1862, hizo construir una nueva habitación que utilizó como despacho: dirigió la provincia desde su casa. Entre los diversos muebles se conserva el sillón de gobernador, que era utilizado más por una chuña domestica que le hacía compañía.  

Muchos de los aspectos del histórico inmueble han sido reconstruidos en base a “Recuerdos de Provincia”, por ejemplo la huerta que Sarmiento obsequió a su madre con su primer sueldo. 

Fue en este hogar donde la mirada atenta de un niño a su madre descubrió la fortaleza que existe bajo la suavidad de las formas femeninas. Lo dijo claramente al describirla: “Su alma, su conciencia, estaban educadas con una elevación que la más alta ciencia no podría por sí sola producir jamás. Yo he podido estudiar esta rara beldad moral viéndola obrar en circunstancias tan difíciles, tan reiteradas y diversas, sin desmentirse nunca, sin flaquear ni contemporizar, en circunstancias que para otros habrían santificado las concesiones hechas a la vida”. 

Viéndola luchar prácticamente en soledad, sorteando necesidades para garantizar el sustento a la prole, Sarmiento admiró a través de ella a todas las mujeres y procuró otorgarles beneficios, en un mundo del que podían gozar a hurtadillas.   

Como casi todos los espacios en los que habitó Sarmiento, la casa se transformó en una escuela. Allí dieron clases sus hermanas. Parte del recorrido muestra los pupitres de la época. El arte tiene su espacio, donde se destaca un retrato que Eugenia Belin hizo de su abuelo, en él la mirada severa de Sarmiento se desvanece respondiendo al modo en que seguramente observaba a su nieta.  

Visitar la Casa Natal en San Juan es adentrarse en la infancia de uno de los hombres -que con errores y aciertos- fue uno de los más inmensos y gloriosos del pasado nacional. Allí, entre esas capas de adobe vetusto, empezó a latir su historia y gran parte de la nuestra.

 

Punto sanjuanino en CABA

El edificio que es sede de la Casa de San Juan en Buenos Aires fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1948. Domingo Faustino Sarmiento habitó con su familia la vivienda entre 1875 y 1888.

La construcción -ubicada en Sarmiento 1251, que está abierta al público- es de estilo neo clásico italiano con patios interiores, parras, galerías, un aljibe, un enorme zaguán con habitaciones que la rodean y un gran patio. 

 

Allí vivió con su familia y, entre sus visitantes ilustres, recibió a Dalmacio Vélez Sársfield, Bartolomé Mitre, Nicolás Avellaneda y Leandro N. Alem. 

Este año este punto de encuentro de los sanjuaninos en Buenos Aires cumplió 70 años. En el festejo de la institución dirigida por Ana María López de Herrera, el gobernador Sergio Uñac indicó: “Estamos en un lugar histórico; espero que podamos hacer gala de los valores, no solamente de Sarmiento, sino de los grandes próceres que nos ha dejado nuestra Patria”.

Huella sarmientina en San Luis

Es la referencia que identifica a San Francisco del Monte de Oro a nivel nacional, se trata de la primera escuela donde Domingo Faustino Sarmiento, con sólo 15 años, enseñó las primeras letras a habitantes del lugar de distintas edades, alrededor de 1825. Allí vivía su tío José Oro. 

El antiguo edificio se encuentra ubicado en la Banda Sur, a pocos minutos del centro del pueblo. Fue declarado Monumento Nacional el 16 de setiembre de 1941. Se trata de una humilde construcción de adobe y barro cocido con vigas de madera de álamo. En la actualidad se encuentra protegida por un techo de hormigón y se pueden realizar visitas.

San Juan

Diario Los Andes agradece al Gobierno de San Juan por sumarse al proyecto de conmemoración de los 130 años de la muerte de Sarmiento y de los 150 años de asunción de su presidencia.