Turismo Domingo, 23 de junio de 2019 | Edición impresa

San Rafael: aventura, vinos y buenos paisajes

Este destino del sur de la provincia atrae con el dique Los Reyunos, el Cañón del Atuel, las fincas agroturísticas y el Laberinto de Borges.

Por Cristian Sirouyan - Especial para Los Andes

La mañana de otoño se despereza en el sur de Mendoza y todos los brillos del sol cuyano aterrizan sobre las anchas veredas de Hipólito Yrigoyen. Es el anuncio de una jornada espléndida detectado en la avenida principal, el mejor punto de partida para ir en busca del vistoso collar de imágenes, colores y perfumes naturales extendido en los cuatro costados de San Rafael.

Las hojas amarillentas desprendidas de las alamedas carretean junto a las acequias antes de levantar vuelo, empujadas por un viento leve que baja de la Sierra Pintada y también arroja hacia la ciudad la fragancia a uva madura impregnada en el aire que envuelve los viñedos.

San Rafael se despereza así, apenas sacudida con las melodías de la naturaleza decididas a silenciar el rumor de los primeros vehículos, las largas charlas de los vecinos de a pie y las combis encendidas, a la espera de los turistas antes de salir disparadas hacia los dominios de la Cordillera.

 

Favorecido por una innumerable sucesión de sitios de interés, San Rafael es una amable puerta abierta hacia la aventura y los mejores sabores regionales. Su traza simétrica empezó a tomar forma a partir de 1805, cuando el virrey Sobremonte ordenó establecer el fuerte San Rafael del Diamante sobre el suelo semiárido en el que se movían a sus anchas los originarios pobladores.

Impactante. Unas de las figuras caprichosas en el embalse El Nihuil

De a poco, las aguas transparentes de los ríos Diamante y Atuel, junto a la tierra fértil que floreció alrededor de este oasis urbano y los insondables misterios guardados entre los pliegues de los Andes, hicieron de San Rafael un destino moldeado a la medida de los espíritus más sensibles.

La población criolla se fue nutriendo del aporte cultural de inmigrantes franceses, italianos y españoles, mientras los embalses para riego y energía hidroeléctica construídos desde la década del 40 se erigían en obras determinantes para el florecimiento de bodegas y fincas agrícolas.

Al mismo tiempo, el furioso torrente y los ríos mutados en gigantescos lagos que generó la mano del hombre se convirtieron en aliados de la montaña para impulsar el desarrollo de las actividades de aventura y los deportes extremos.

Aquí va un itinerario de cinco pasos, un programa posible que sugiere dejarse llevar por la encantadora atmósfera que se respira en el bucólico diseño de los parques y plazas de San Rafael y se extiende como tentáculos a las calles y los caminos rurales trazados por las alamedas.

1. Dique Los Reyunos

Hacia el oeste de San Rafael, la ruta 143 toma la posta de la avenida Hipólito Yrigoyen para atravesar las fincas de productos regionales, rodear la Rotonda del Mapa y apuntar hacia los cerros precordilleranos del cordón Sierra Pintada. El camino pavimentado se deshace en una polvorienta senda de ripio, que esquiva con curvas la vegetación baja de aguaribay, jarilla , piquillín, coirón y cactus. El suelo reseco pide agua y un hilo de agua de deshielo es una aparición providencial una vez que el camino se cierra entre altas paredes de roca y se oscurece en un túnel de 160 metros de largo que perfora la montaña.

Abajo, al fondo del precipicio, el semblante del río Diamante no puede presentarse mejor: el manto verde esmeralda del lago planchado que forma el embalse Los Reyunos replica los brillos del sol, que también ilumina a destajo las casitas de alquiler desperdigadas sobre la ladera.

 

“Trucha al roquefort, a la provenzal o al limón”, propone Jorge Royón como menú ideal para entrar en clima en este lugar de impactante belleza, antes de dejar atrás la comodidad de la combi. Un rato después, la sugerencia del guía es copiada al pie de la letra por Mauro Mella, el chef y enólogo del restaurante del Club de Pesca, de blasones bien ganados por sus platos de pescado, el locro y una insuperable versión de carne a la masa.

Un té de jarilla termina de templar el cuerpo para encarar debidamente aclimatados un paseo por el lago del embalse. Fabián de Ondarra volantea con movimientos suaves y detiene la lancha cada vez que alguno de los pasajeros se dispone a captar las imágenes de la costa, las cabañas de la villa turística colgadas al borde del lago o el enorme peñasco de roca de la isla de la Cruz. El hombre conoce el cauce ensanchado de 18 kilómetros de largo y también sabe de las debilidades del paladar de los visitantes. Rápido de reflejos, ofrece excursiones embarcadas con degustación de vinos.

2. Corredor productivo

En el casco urbano de San Rafael, la doble alameda de la ruta 143 dibuja una alternancia de luces y sombras sobre las fachadas de los almacenes de productos regionales. El turista que pone pie por primera vez aquí puede ir en procura del más recomendable aceite de oliva extra virgen, un vino cabernet sauvignon o bonarda sanrafaelino o aceitunas, pero cualquier idea preconcebida se pulveriza en El Secreto, donde las estanterías albergan más de 250 especialidades producidas por veinte familias locales.

Ciudad. El centro de San Rafael crece año a año | Archivo / Los Andes

El dueño de casa -Lautaro Cáceres- da la bienvenida señalando las virtudes de las cremas nutritivas de San Rafael, mientras las miradas saltan de las variedades de frutos secos a las pastas de aceituna, duraznos y zapallos en almíbar, salames, quesos, sidras, mermeladas, frascos de miel y cervezas, hasta quedar fijados en los ahumados marinados con malbec. Cáceres deja para el final la especialidad de la casa: los alfajores artesanales El Secreto, una delicia, indistintamente si la combinación sea de mermelada de manzana con galleta de limón, maicena con dulce de leche o de chocolate con frutos rojos.

3. Ruta del Vino

En todo el corredor vitivinícola cuyano está extendido el concepto “terroir”, que refiere a las condiciones del suelo, el clima y la mano del hombre y explica las razones de fondo de la calidad y el prestigio alcanzados por los vinos de esta región. Entre las 92 bodegas de San Rafael, Valentín Bianchi es una de las 15 que organizan visitas guiadas.

“La variedad más destacada de esta zona es cabernet sauvignon aunque también gozan de prestigio el malbec, los espumantes y, en esta bodega nacida hace 90 años, el blend Enzo Bianchi, nuestro vino estrella”, explica el enólogo Sergio Pomar, el guía más idóneo (el otro es el jefe de Bodega, Miguel Muñoz, que trabajó en 40 vendimias y está a punto de jubilarse) que uno pudiera pretender para comprender la técnica de poda del viñedo durante el invierno, el control de brotes y racimos que crecen en primavera, la “crianza” de espumantes en una cava oscura y fresca del subsuelo y la producción de vinos de alta gama diferenciada de las variedades “de mesa”, como borgoña, chablís y marlot.

 

Entre las parcelas cubiertas por plantaciones de uva en Cuadro Nacional, a 7 kilómetros al este de San Rafael, Guadalupe Fathalla retoma la palabra de experto detentada por Pomar durante la visita a la bodega Bianchi. La responsable de la bodega familiar Bournett atribuye el eslogan “Vinos con tradición francesa” y la introducción de la cepa corbeau desde Dijon a la intención de homenajear de la mejor manera a Margarita Bournett, la abuela francesa de los fundadores. .

4. Cañón del Atuel

El cerro El Nevado asoma a la izquierda, en el primer tramo del circuito del Cañón del Atuel, que completa 144 kilómetros ida y vuelta desde San Rafael. En el fondo de la panorámica, alrededor de ese cono perfecto de 3.833 metros de altura, se extiende el gigantesco campo de montañas volcánicas, 900 cráteres y lenguas de lava petrificadas de La Payunia. Aquí, en cambio, la ruta 144 atraviesa una cuesta posada sobre la parte más alta de la Sierra Pintada y baja a una planicie encajonada entre cerros -la Depresión de los Huarpes-.

Colores. El cañón entre las aguas del rió Atuel | Archivo / Los Andes

Un desvío por la ruta 180 conduce hasta el parador con hogar a leña del poblado El Nihuil. La línea recta de un muelle parece señalar la presencia de dos pescadores en bote en el centro exacto del lago de la represa El Nihuil. Llegan tres buses cargados de turistas y aventureros en 4x4 y el comedor se llena de gente ávida por la fama de las más sabrosas tortas fritas en decenas de kilómetros a la redonda. El hogar a leña encendido del salón ayuda a alargar la escala para llenar el bolso de mano con algunos de los productos regionales exhibidos en las estanterías, como uvas al malbec, licores, vino patero, salsa malbec y dulces de frutilla y de higos con castaña.

A partir de esta escala, la traza de ripio de la ruta 173 se acomoda sobre el paredón del dique El Nihuil y empieza a bordear el cañón formado hace 30 millones de años, cuando surgió la Cordillera. A lo largo de 56 kilómetros, el camino atravesará cuatro veces la secuencia paredón-embalse-túnel-central hidroeléctrica, las obras de ingeniería realizadas para aprovechar el cauce vital del río Atuel. Azuzados por Jorge Royón, los pasajeros se mantienen atentos a la aparición de más de 70 geoformas en el paisaje montañoso, el esbozo de una gigantesca obra escultórica inconclusa.

En el paraje Las Tinajas, camino a San Rafael, Gabriel Bessone descubrió hace dos años una estrecha meseta en medio de los cerros de la Sierra Pintada. 

En ese sitio desolado, apenas transitado por chivos y pastores curtidos ante las exigencias climáticas, creyó encontrar el mejor lugar para establecer la base del Parque de la Aventura.

5. Laberinto de Borges

“Alta en la tarde / altiva y alabada / cruza el casto jardín y está en la exacta luz del instante irreversible y puro que nos da este jardín y la alta imagen silenciosa. La veo aquí y ahora, pero también la veo en un antiguo crepúsculo de Ur de los caldeos o descendiendo por las lentas gradas de un templo”, escribió Jorge Luis Borges para elogiar a su amiga Susana Bombal. En la Finca Los Álamos (en Cuadro Bombal, 18 km al sudoeste de San Rafael), que el futuro escritor frecuentaba de niño con su familia, la familia Aldao recurrió al paisajista y diplomático inglés Randoll Coate para diseñar un laberinto todo vegetal.

Clásico. El laberinto que homenajea a Borges | Archivo / Los Andes

La obra de 96 por 76 metros -iniciada en 1989 y concluida en 2003- se aprecia de punta a punta desde lo alto de un mirador construido para eso.

Sólo esa perspectiva permite detectar la palabra “Borges” en espejo, formada por más de 8 mil plantas de buj, entre los que se recortan 2.500 metros de senderos creados. 

 

“Otros visitantes ilustres de esta estancia eran Manuel Mujica Láinez, Raúl Soldi y las hermanas Ocampo”, comenta el guía Luis Sandoval Guzmán en la casa del capataz (cuyas paredes de adobe y techo de cañas resisten desde 1830), transformada en un museo que exhibe una detallada maqueta del laberinto, cartas intercambiadas por Borges (que firmaba “Georgie”) y Bombal en los años 70 y fotografías de época.
 

Algunos sitios

Parque de los Niños. En el centro está el Parque de los Niños, un espacio que combina recreación con áreas didácticas.

Para chicos. El Parque de los Niños esta en la ciudad.

Museo del Olivo. Creado en las instalaciones de Yancanelo, la aceitera más antigua de San Rafael y la más grande de de Mendoza.

La Abeja. La bodega más antigua de San Rafael, inaugurada en 1883 por el inmigrante francés Rodolfo Iselín

Dunas del Nihuil. A 80 km de San Rafael, camino al Cañón del Atuel y el dique El Nihuil, un desierto de arena volcánica de 30 mil hestáreas.