Opinión Sábado, 25 de enero de 2020 | Edición impresa

Romper la paciencia - Por María del Rosario Ramallo

Por María del Rosario Ramallo - Profesora y Licenciada en Letras

“Rompieron el hielo”, “No me rompas la paciencia”, “Rompió a llorar desconsoladamente”, “Se rompió la coalición”, “Se quedaba horas mirando romper las olas”…  Indudablemente, el común denominador de estas expresiones, que todos usamos, es el verbo ‘romper’: ¿tiene siempre el mismo valor? Veámoslo: la acepción más común de este verbo es la de “separar las partes de un todo”; también “quebrar, hacer pedazos alguna cosa”: “Era imposible restaurar el jarrón porque, al caerse, se rompió en mil pedazos”. También, “hacer un tajo o un corte en algo, especialmente en forma accidental”: “Ese objeto punzante me fue rompiendo el bolsillo y por allí se me cayeron las monedas”. Otra acepción es la de “poner fin a una relación con alguien o algo, en especial en lo sentimental: “Después de esa discusión, rompieron las relaciones que mantenían desde hacía tanto tiempo”. Hay que apreciar que se puede usar este ‘romper’ para indicar el no cumplimiento de un compromiso o de una promesa: “Rompieron el pacto preestablecido”. En ese sentido, puede también indicar que se ha traspasado un límite prefijado: “Es necesario castigarlo porque ha roto todos los límites”. Usamos también ‘romper’ para el comienzo del día con el despuntar del alba o para indicar el choque de las olas contra algo: “Cuando rompa el día, empezaremos el viaje” y “La furia del mar se veía en cómo se rompía violentamente el oleaje contra paredón”. En la naturaleza, se usa ‘romper’ para señalar que los capullos de las flores se abren: “En primavera, jazmines y rosas rompieron en un estallido de blanco y rojo”.

Si una persona se esmera extremadamente para hacer algo, se dirá que “se rompe”: “Marta se rompió entera para atendernos”. Consigna el Diccionario integral del español de la Argentina, como entrada separada, la voz ‘romperla’, con valor coloquial y con valor similar al ya apuntado: “Hacer algo extremadamente bien”; da como ejemplo “Es un equipo que la rompe en cualquier cancha”. 

Se puede detectar una serie de frases hechas, formadas a partir de ‘romper’, cada una con un valor distinto: ‘romper el alma’ significa hacer que alguien sienta una gran tristeza o compasión, como en “Me rompe el alma verlo tan abandonado”. Esta misma frase puede indicar que se pega a alguien con fuerza: “Amenazó con romperle el alma si hablaba”.

A los ahorristas, sobre todo a los niños, se les habla de ‘romper el chanchito’, en alusión a la alcancía con este formato, si se quiere aludir a un gasto o inversión grande de dinero: “¿Rompiste el chanchito para realizar semejante viaje?”; ‘romperse el coco/el cerebro/la cabeza’, a nivel coloquial, significará que se hace un gran esfuerzo con las facultades intelectuales: “Se rompió el cerebro hasta que pudo recordar los nombres de aquellos parientes”.

Cuando se desea indicar que se pone fin a una situación de tensión, incomodidad o desconocimiento con otra persona y que se abre el diálogo o el canal de comunicación, se dice ‘romper el hielo’: “Dejó de lado su timidez y su resentimiento y pudo romper el hielo con Marcela”.

Para señalar que alguien es novedoso, original y distinto y que no se ajusta a lo convencional, se usa la expresión ‘romper el molde’: “Para progresar en esa empresa, es preciso que se rompan moldes”. En el ejército, se usa la frase ‘romper filas’ para señalar que se deshace una formación: “Ya se relajó el orden cuando el sargento ordenó romper filas”. En el ámbito del tenis, ‘romper/quebrar el saque’ significa ganar el juego en el que saca el adversario: “Le rompió el saque a su rival en varias oportunidades”.

Lo interesante es que si se usa ‘romper’ más la preposición ‘a’ y un infinitivo, se habrá formado una frase verbal que señalará el comienzo de una actividad: “Rompió a llorar al ver ese espectáculo”.

Hay palabras que asociamos inmediatamente a la familia semántica de ‘romper’: el adjetivo ‘rompible’, que indica que algo se puede romper, o su término complementario ‘irrompible’; otro adjetivo es ‘rompedor’ que, aplicado a una persona, indica que es muy molesta. Entre los sustantivos, tenemos ‘rompedero’, que solamente aparece en la frase ‘rompedero de cabeza’, con el valor de “ser causa de muchos problemas”; otro es el sustantivo ‘rompiente’, como lugar contra el cual choca una masa de agua que se levanta formando una cresta: “Sobre los acantilados se forma una rompiente”. También se da el sustantivo ‘rompimiento’, que puede indicar la acción de quebrarse, como en ‘rompimiento de la estructura’, o la transgresión de una ley o separación de una tradición, como en “Desearíamos que, cada vez que se renuevan las autoridades, no hubiera rompimiento con las normas ya instauradas”. 

¿Pertenece a la familia léxica de ‘romper’ la palabra ‘ruptura’? Sí, puesto que proviene de una forma del verbo latino ‘rumpere’; efectivamente, este verbo tenía en su voz activa un participio futuro, que era ‘rupturus’, con su forma femenina ‘ruptura’ y que traducimos “el o la que se va a romper”; pero también existía el mismo sustantivo “ruptura”, con idéntico valor al nuestro: “quebradura, rotura”.

¿Y cómo es el participio de ‘romper’? Es ‘roto’, derivado directamente de la forma latina “ruptus’; pero nos encontramos con la sorpresa de que no todos los verbos asociados a ‘romper’ lo conservan; por ejemplo, ‘corromper’ forma su participio ‘corrompido’, como en “Se han corrompido las costumbres en ese lugar”; en cambio, usamos ‘corrupto’, no en la conjugación sino en otros  contextos: “Los corruptos deben ser castigados”. También ‘interrumpir’ tiene el participio regular ‘interrumpido’ para la conjugación, como en “Los obreros han interrumpido sus tareas”, pero la forma irregular tiene sus vestigios en otros usos, como en ‘interrupción’ o ‘interruptor’. Por su parte, el verbo ‘irrumpir’ tiene su forma regular ‘irrumpido’: “Los manifestantes han irrumpido en el salón de actos”. La muestra de la forma irregular aparece en ‘irrupción’, que indica la entrada impetuosa en un lugar.

Interesante resulta encontrar una serie de vocablos formados por composición, a partir de ‘romper’ más un sustantivo, como en ‘rompecabezas’, ‘rompehielos’, ’rompeolas’, ‘rompecorazones, ‘rompeportones’, de significado transparente pues siempre el primer elemento proporciona el significado de “destrozar, quebrar”, mientras que el segundo señala el objeto de la rotura.