Espectáculos Lunes, 24 de septiembre de 2018 | Edición impresa

Robertito Funes: “Entre los periodistas no hay grieta”

El periodista y conductor mendocino tiene dos nominaciones en los Premios Martín Fierro de Cable, que se entregan hoy.

Por Lorena Misetich - Especial para Espectáculos

Se define como un hombre terrenal, al que nada lo deslumbra. Pero ante la cámara supo construir un estilo y lenguaje particular para contar lo que pasa.

Así Robertito Funes Ugarte se convirtió en un carismático periodista que saltó las formas convencionales del noticiero, y con audacia conquistó a los televidentes, que lo siguen como a una estrella. 

Y la misma actitud tiene cuando se apaga la cámara. “Como me llegan todas las revistas, yo se las regalo a las chicas de la panadería que nunca me cobran y me regalan facturas. No sé por qué no me cobran”, dice al salir de la panadería de su barrio, en el corazón porteño. 

 

El mendocino que se fue a muy corta a edad a estudiar y  trabajar a Buenos Aires debutó en la pantalla como bailarín de Carmen Barbieri y luego de varias experiencias en España, México y Estados Unidos, desde hace once años es uno de los periodistas más populares de C5N. 

Hoy competirá en dos rubros en los Martín Fierro de Cable 2018: Mejor Labor conducción Masculina y Mejor Programa de interés general por “TVR”. Además, actualmente conduce los noticiero “Minuto a minuto”, “No te duermas” y el magazine “Tardes nuestras” junto a Nicole Neumann. 

-¿Crees que te has vuelto un personaje de las noticias?

-Trabajo en el medio hace veinte años y hace once que estoy en C5N. Nunca me imaginé ni me vi detrás del mostrador o conduciendo un noticiero. Y lo tomo con alegría. Para mí es un desafío enorme y cada día que pasa confirmo que es lo mío. Porque lo que más me gusta es contar y dar las noticias. Las que sean, las más entretenidas que lo hice durante muchos años. Y ahora que conduzco mi noticiero va por otro lado, entonces la gente ha visto otro Roberto. Y tengo empatía con la gente en la calle, porque creo que con mi gracia le llego a todo el mundo. Soy multitasking.

 

-En este sentido, creaste tu propio estilo.

-Nunca lo perdí a mi estilo, porque mi impronta fue la misma. Hoy tal vez estoy más grande (ríe). He sido osado en los móviles y me atreví a descontracturar los noticieros. 

Hace once años salí por primera vez a hacer un móvil, una ronda gastronómica, y me arriesgué. Sabía que podía salir bien o quedarme sin trabajo al día siguiente. Y lo hice. Soy un tipo auténtico, soy el que ves ahí, no hay otra cosa.

Yo cuento las noticias con el tinte que hay que contarlas. Cuando me tocó hacer el caso Lola Chomnalez, yo fui a Punta del Este a hacer la temporada y terminé treinta días en Valizas cubriendo el caso. Y para mí fue un aprendizaje enorme. Lo mío son las noticias.

-Estás nuevamente nominado a los premios Martín Fierro de Cable.

-Sí. Doble nominación porque el año pasado me nominaron como Mejor Conductor y ahora voy por “TVR”, que también está nominado como Mejor programa de Interés General. 

 

-Competís con pesos fuertes de la tele.

-Sí, pero me llevo bien con todos. Entre los periodistas no hay grieta. La grieta está con el gobierno y los medios. La grieta pasa por otro lado. Hablo de los periodistas y no los operadores políticos. Los que están llenos de plata no son periodistas. Nosotros remamos y mantenemos nuestro trabajo. 

-¿Te gustaría en la televisión de aire?

-Me han ofrecido varias veces estar en la televisión abierta, pero para mí no existe la diferencia entre la televisión abierta y de cable. Tal vez en los sueldos. Pero nosotros hacemos rating altísimos que superan a la tele de aire. Y en mi caso la diferencia radica en que trabajo en un canal de noticias y la gente elige las noticias. Y conoce a los periodistas de cada canal. 

Creo que el cable superó al aire, primero en la cantidad de horas que hay que cubrir, en la tenacidad del trabajo. Y jugamos con la actualidad constantemente. 

-¿Tenés pensado volver a trabajar afuera?

-Sí. Yo viví afuera muchos años, estuve en Televisa México, en España, en Estados Unidos. Y ahora con todo lo que vivís en la Argentina, lamentablemente es un país donde siempre estás empezando de nuevo. Más allá de los gobiernos, vivís la incertidumbre permanente. Y justo me llamaron para hacer el programa “Sálvame”, en España, como figura internacional invitada. Y lo estoy evaluando, porque es un momento muy sensible. 

Además antes con un trabajo fijo y algunos otros extras vivías bien. Hoy para mantener tu estándar de vida como periodista tenés que tener tres trabajos fijos. Y cambió todo en los medios, se enriquecen pocos y se empobrecen bastantes. 

 

-¿Te ofrecieron participar del Bailando?

-Sí, hace tiempo. Pero no quiero, no lo soporto, la farándula argentina me parece horrible. Me ofrecieron estar en el Bailando de España y lo pensé. Pero me tenía que ir ahora.

-Tal vez te vas y cuando vuelvas tenés las puertas abiertas.

-La brújula está en uno. Soy un tipo que me manejo mucho con la intuición, soy bastante racional. Tengo los pies en la tierra, no me marea nada, ni la plata, ni los viajes, ni los brillos. Soy un tipo terrestre, sé lo que pasa. Ando en subte, en tren, no tengo auto. Además eso te hace tener contacto con la realidad y tengo un termómetro de lo que pasa en la calle. 

-¿Tuviste un cruce con Nicole Neumann?

-No, todo bien, somos íntimos, no nos peleamos nunca. Es más, estoy yendo a buscarle comida vegana que venden cerca de casa. 

 

-¿Tenés pensado venir a Mendoza?

-¡A Mendoza volver nunca! 

-¿Ni para tomar un buen vino?

-No, gracias. En Mendoza la gente es muy complicada y no me llevo con la sociedad mendocina, estoy en las antípodas. No tengo nada en común con la gente de Mendoza. Sí creo que la sociedad ha evolucionado, pero sigue siendo una provincia muy amarreta, como todo. Todo lo quieren gratis. Cuando me llamaron para trabajar no me quisieron pagar.

Lo único que me queda en Mendoza es mi madre y mis dos hermanos. Es lo que me tira, pero como ellos vienen a visitarme, no voy a Mendoza. A mí me tiraba ir cuando vivía mi abuela. Pero murió y encima demolieron la casa. Para qué voy a ir.