Opinión Sábado, 30 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Respeto a los animales, un rasgo de civilización - Por Luciana Sabina

Entre los pioneros proteccionistas en el país está Sarmiento, quien creó la primera gran sociedad protectora de animales, junto a Mitre.

Por Luciana Sabina - Historiadora

Hace algunos días Estados Unidos vivió una jornada histórica: Donald Trump convirtió el maltrato animal en delito federal. Contó para ello con el apoyo de toda la clase política pues, previamente, la Ley fue discutida y aprobada por el Congreso. El revuelo fue monumental y el mundo festejó esta medida ejemplar dándole espacio en la prensa.

En este aspecto, colocando el foco sobre el pasado las primeras normas de protección animal surgieron en Irlanda y fueron establecidas en 1635. Entre otras especificaciones se prohibió “atar arados a las colas de los caballos”. El mundo sajón avanzó mucho en esta temática y hacia fines de dicho siglo el Reino Unido ya había prohibido las peleas de toros, gallos y perros. Finalmente en 1822 se establecieron normas para evitar el maltrato innecesario del ganado. 

En nuestro país entre los pioneros proteccionistas hallamos a Domingo Faustino Sarmiento quien, poco antes de morir, creó la primera gran sociedad protectora de animales junto a Bartolomé Mitre. Dicha agrupación quedó en manos de Ignacio Albarracín (pariente del sanjuanino), éste gestó la aprobación de la LEY 2786 en 1891. 

Desde entonces la lucha de Albarracín fue desgastante. Aunque la norma establecía penas, casi nadie cumplía con ella y las autoridades no castigaban a los infractores. Además, gran parte de la sociedad se burlaba de Don Ignacio o lo criticaba; encarnó una verdadera disputa con la cultura imperante.

En 1899 realizó declaraciones contra las corridas de toros, especificando que eran totalmente contrarias a la civilización. Una verdadera ofrenda a la barbarie. Como respuesta parte de la prensa expresó: “Nos duele presentarnos desacordes con el doctor Albarracín en estas teorías sobre la civilización en sus relaciones con la tauromaquia, pues aún está por averiguar si Dios hizo los toros para que nos los comamos o para que los pasemos de muleta y les adornemos con banderillas” (Caras y Caretas, Buenos Aires 7 de enero de 1899, Nro 14, Año I). 

Llamativamente dicha respuesta suele ser una consigna esgrimida por los actuales defensores de la tauromaquia, criticando a los defensores de animales con un “los mismos que se alimentan de vacas critican a los toreros”. Pues bien, no debemos olvidar que alimentarse es una necesidad humana, no así torturar por deporte a un animal. Este punto fue contemplado, prohibiéndose el maltrato al ganado que iba a ser sacrificado con fines alimenticios. 

Durante la primera mitad del siglo XX los trenes de hacienda debían hacer agradables las últimas horas del ganado que iba camino al matadero. Por ejemplo, no podían hacer arranques bruscos ni frenadas violentas. Por ley en cada vagón se colocó cartelería con la consigna “sea compasivo con los animales” y el ferrocarril tenía la obligación de indemnizar a los dueños de cada animal muerto durante el traslado.

La actualidad nos marca que hombres como Sarmiento, Mitre y Albarracín fueron verdaderos adelantados a su época, sufriendo la incomprensión de toda una sociedad adormecida en las tinieblas ingratas de la ignorancia. Pero sus luchas no fueron en vano, gracias a hombres como ellos la humanidad avanza año tras año en el respeto por nuestros grandes compañeros de existencia.