Sociedad Lunes, 18 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Relatos de transexualidad: dejar la casa familiar, pelearla en soledad y jugarse la vida

Las chicas trans son las que afrontan más discriminación, aunque los chicos también sufren falta de aceptación de la familia.

Por Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Desde que era un niño pequeño, Cony buscaba en el espejo una imagen distinta de la que éste le devolvía, una más asociada al estereotipo femenino que conocía y, por eso, a escondidas, se probaba la ropa de su mamá.

Hoy, con 38 años, hace uno que inició el tratamiento hormonal para que su cuerpo tenga una fisonomía que se parezca más a lo que siente ser. 

 

“La transexualidad es trascender, es ir en contra de la identidad que te impusieron”, resalta. 

Pero por otra parte, en este contexto cultural, es grande el desafío de estar inserto en sociedad y por eso advierte: “El cuerpo trans es muy vapuleado, hay una construcción femenina pero para el lado de la pornografía, del fetiche”. Y explica cuánto cuesta sobrellevar la vida en esas condiciones, con la mochila a cuestas de la discriminación, los estigmas y los prejuicios.

 

Para este colectivo, en particular las chicas trans, irse temprano, en la adolescencia, de la casa familiar es algo común, aunque no les pasa a todas y todos. 

Gustavo Rogé / Los Andes

La familia no siempre entiende y acepta. Expulsadas a la calle y sin recursos, alguien les de cobijo. Y la prostitución es el ámbito que al menos da algunas respuestas cuando el mercado laboral no suele aceptarlas.

 

“De conseguir trabajo, olvidate, por más que hablen de leyes (…) lo que queda siempre en esas situaciones es la prostitución”, contó. Y agregó: “La gente te mira como si fueras sucia y drogona, soy repostera pero no puedo vender mucho por eso”. 

Acceso a la salud, encontrar dónde vivir, alquilar, tener un trabajo, acceder a documentación y reconocimiento de su identidad, se cuentan entre los grandes obstáculos y desafíos que muchas personas trans deben sortear. 

 

Aseguran que defender lo que sienten más allá de las determinaciones sociales y culturales muchas veces les cuesta calidad de vida, salud, sociabilidad, afectos y hasta la propia vida. 

Se estima que la expectativa de vida es de alrededor de 35 años y muchas son víctimas de crímenes de odio. Además según los datos que maneja la Organización Mendocina de Integración (Omin), 1 de cada 3 personas trans está infectada con VIH.

 

Lo que está mal

“Hay una cultura que te impone lo que está bien y lo que está mal, por eso yo me ponía ropa de mi mamá a escondidas”, recordó.

En la primaria sufrió bullying y la secundaria fue más difícil que aquella, ámbito en el cual y hasta los 18 años, fue considerada gay.

 

“Pero no tanto por los compañeros sino más por los curas y catequistas”, recordó Cony.

Gustavo Rogé / Los Andes

Hasta que una noche, cuando tenía 18 años, fue a una fiesta. Animada por su novio se atrevió a vestirse de mujer y llegó como drag queen. “Me deslumbré, me sentí tan bien que estuve segura de que eso era lo mío”, relató.

 

A su familia no le contó, sabía que no sería fácil, y así transitó la adolescencia. De hecho, sus dos hermanos varones fueron los primeros de los que sufrió discriminación. En ese entorno fue tal el maltrato que es lo que la empujó a irse de su hogar. 

Así, se fue a vivir con una mujer que conocía, quien daba alojamiento a muchas chicas en su situación. Allí se sentía más libre pero sin recursos económicos.

 

Hasta que un día la mujer le ofreció ganar dinero con su cuerpo. “¿Te animás con uno?”, le había dicho. Así empezó y es el lugar donde siempre se vuelve a caer, asegura. Ese es un entorno asociado también a consumo de sustancias. 

“Pero es un dinero ´mal habido´y por eso te lo querés sacar rápido de encima, muchas veces compraba droga con él”, explicó.

 

La cosa se fue complicando, la mujer las dejaba encerradas, las trasladaba a algunos sitios en la calle para prostituirse como el carril Rodríguez Peña de Guaymallén y Maipú. Hoy siente que fue víctima de una red de trata. 

Un día la escuchó negociar su venta a un hombre que usualmente buscaba sus servicios y ese fue el inicio de su lenta partida de aquel lugar. 

 

Volvió a su casa donde ya no vivían sus hermanos. “Si no pudiera estar acá viviría debajo de un puente porque no puedo ganar dinero suficiente”, resaltó.

Diego Pedernera, coordinador de Omin, conoce el tema: “En Mendoza se estima que 70% de la población trans femenina ejerce la prostitución como medio de subsistencia de manera temporal o continua”.

Cony es especialista en pastelería pero asegura que sólo vende a conocidos porque la miran como si fuera sucia. Ha trabajado en restaurantes pero terminan despidiéndola e incluso dijo que es común que se vaya a entrevistas de trabajo a sabiendas de que no volverán a llamar.

Gustavo Rogé / Los Andes

Por eso, subsiste más como tarotista.

 

Identidad

Tener la identidad que autoperciben plasmada en un documento es otro desafío y hasta que lo logran afrontan otros problemas. 

Las chicas trans cuentan que suelen tener dificultades con la policía, que muchas veces las demoran porque no hay coincidencia entre lo documentado y lo que sostienen. Lo mismo pasa para hacer gestiones y trámites de todo tipo. 

 

Para recibir atención médica sucede otro tanto e incluso Cony contó que a veces los médicos las atienden “como con asco”. 

Pedernera, comentó que aun teniendo DNI, otros registros no se actualizan automáticamente. “Las personas con VIH, mientras hacen el cambio de identidad no reciben los medicamentos porque no aparecen en el sistema (…) hay un montón de vacíos legales”, explicó.

 

Dijo que no les quieren alquilar y tienen que pagarle a alguien para que lo haga por ellas, que están siempre sometidas a risitas y comentarios. 

“Esta sociedad con mirada binaria hace que muchas personas no encajen y que muchos hagan cambios o tomen posturas que no quieren”, consideró.

 

Itan, el chico trans y su lucha por la identidad

Itan (21) es un chico trans. Para ellos es un poco menos difícil, son menos discriminados y pueden modificar su cuerpo con más facilidad, particularmente cuando son hormonizados.  

“No es habitual que se den cuenta que eras una chica”, aseguró. Sin embargo, no escapan a la falta de aceptación de la familia y los problemas para que reconozcan su identidad.  

 

“Empecé a darme cuenta cuando era muy chico, tenía 14 años, mi familia era religiosa, vivía solo con mi mamá,  me vi a mí mismo, no me gustaba usar vestidos ni ropa apretada”, contó. Un año después, cuando le contó a su mamá  lo que sentía y cómo quería que lo llamara no lo aceptó. Tenía conflictos por la ropa y seguía llamándolo por su nombre femenino. Así dejó de ir a reuniones.  

En el colegio “los directivos no me querían poner en la lista como lo que me sentía, me tomaban lista como mujer, entonces a veces no decía presente”, agregó. Ahora está por egresar de quinto año y está tratando de gestionar que la medalla y el certificado analítico digan su nombre actual.