Fincas Sábado, 4 de enero de 2020 | Edición impresa

Regresó al país, no encontró trabajo y ahora fabrica drones

Se especializa en el sector agrícola. Desarrollo un sistema para sobrevolar fincas y lograr detectar anomalías en las plantas.

Por Especial de Clarín Rural

En 2017, por cuestiones personales, Miguel Carminati (46) volvió a la Argentina luego de haber vivido en Europa, donde estudió fotoperiodismo y trabajó en el área comercial de diferentes empresas. Llegó al país creyendo que sería sólo por seis meses, pero a medida que el tiempo pasaba, empezaba a darse cuenta de que ya no volvería al Viejo Mundo y que tendría que rehacer su vida en sus tierras mendocinas.

Empezó a buscar trabajo, pero se encontró con que a pesar de sus títulos en Administración de Empresas y de Licenciado en Comunicación, superar los 40 años era una barrera para ingresar al mercado laboral. Mientras, Mendoza sufría las consecuencias de la plaga de Lobesia Botana que había acabado con 30% de los cultivos de vides. Cuenta que el control de la plaga se hacía a ojo, ya que la tecnología existente era accesible sólo al bolsillo de las grandes corporaciones. Aunque no estaba especializado en temas agrícolas, sabía de fotografía y tenía un interés genuino por la tecnología. “Desde muy pequeño tuve la necesidad de entender cómo funcionaban las cosas. Ya más de grande me fabriqué drones para hacer fotos y videos”, cuenta.

 

Con el antecedente de esos drones fotográficos, comenzó a trabajar en un prototipo con un sistema especial para sobrevolar los campos y captar anomalías, que bautizó Diagnóstico Agrícola por Imágenes o DAPI. Se trata de un dron agrícola, combinado con una plataforma de inteligencia artificial, que trabajan en la detección y diagnóstico temprano de anomalías en cultivos relacionadas con las plagas, el estrés hídrico y nutricional.

“Es un sistema como los que fabriqué para las cámaras de fotos, pero para recorrer grandes extensiones y con un sistema infrarrojo que permite medir la actividad foto sintética de las plantas; de alguna manera nos permite hacer radiografías de los cultivos”, explica.

 

Un dron comercial, cuenta, cuesta alrededor de 2.000 dólares, una cifra que superaba sus posibilidades, y decidió fabricarlo él mismo. El primer prototipo le insumió 200 dólares aunque, en realidad, el gasto se le terminó multiplicando por cinco, hasta lograr uno que funcionara bien. “Tuvimos muchísimos problemas. Se rompían en el aire, les explotaba una hélice y mil veces se cayó sin razón aparente”, recuerda.

A mediados del 2018, frustrado y ya casi sin fondos según cuenta, ya había decidido que mejor sería abandonar el proyecto; estaba poniendo su currículum al día para volver a la búsqueda de un empleo cuando lo llamaron de la incubadora del Instituto del Desarrollo Rural para avisarle que querían apoyarlo.

 

“Con ellos inicié un proceso que cambió radicalmente la forma de encarar el proyecto. Primero formé un equipo de colaboradores y armé un plan de negocios; con un fondo semilla de $ 250.000 que ganamos pude comprar insumos de mejor calidad y logramos el prototipo final”, relata. Con ese prototipo se presentó a Empetrec 2018 y ganó un viaje a Silicon Valley, de donde regresó con la idea de agregar un software con inteligencia artificial, para activar el sistema actual: un dron que detecta y un software que analiza y diagnostica. El proyecto DAPI fue uno de los 20 finalistas de la edición 2019 del premio “Emprendedor del Año”.

Con el software aún en proceso de desarrollo, dice, ya puede diagnosticar alrededor de 15 enfermedades. “Por ahora estamos comercializando el dron para detección; luego vamos in situ a realizar el diagnóstico”, explica. El precio del servicio es US$ 10 por hectárea. A futuro, el plan es vender software y equipo, de modo que el cliente logre el diagnóstico sin necesidad de recurrir al servicio presencial de la empresa.