Sociedad Lunes, 21 de octubre de 2019 | Edición impresa

Reggaetón: el Do Re Mi de la violencia machista en la música

La violencia de género alcanza diversas expresiones. Las producciones musicales no son la excepción y un género en particular sobresale.

Por Martín Castillo - mcastillo@losandes.com.ar

“Si te agarro con otro te mato / Te doy una paliza y después me escapo”. Así como se leen, esas frases se pueden escuchar en canciones de lo más populares y pasar totalmente desapercibidas. Claro, se trata de música: ¿acaso vamos a morir de literalidad? ¿Qué daño podrían hacer unas simples canciones, con algunas millones de reproducciones en las plataformas, que son escuchadas por varias generaciones? 

La muerte de uno de los músicos más populares del siglo pasado en nuestro país puso sobre la mesa un debate que, en su momento, era inimaginable siquiera pensar. Las canciones de Cacho Castaña eran tan sólo una expresión más del machismo de aquella época. Machismo el cual, uno piensa, puede tornarse diferente al pasar los años: erradicar ciertas costumbres, reconstruir discursos y transformar el reflejo de todo eso, en los productos culturales. 

 

A grandes rasgos y desde hace tiempo atrás, el reinado del consumo popular de la música en nuestro continente le pertenece al reggaetón: esos ritmos latinos capaces de poner a bailar a cualquiera, lideran las listas de canciones en las plataformas, alcanzando millones de reproducciones. De años anteriores a épocas modernas, algunas cosas parecen no cambiar.

Un grupo de sociólogos de la Universidad de Chile, realizó un estudio (publicado en la revista de dicha institución) que repasa las letras de algunas de las canciones más escuchadas de este género, en el período de los años 2004 a 2017. “Ni pobre diabla ni candy: Violencia de género en el reggaetón”, a cargo de la socióloga Karina Arévalo junto a sus colegas, analiza la evolución de cinco tipos de violencias de género: física, sexual, económica, simbólica y psicológica. 

 

“Los resultados muestran que, pese a las transformaciones de las sociedades latinoamericanas, la magnitud global de la violencia de género en el reggaetón no parece ir disminuyendo a lo largo del tiempo pues, aunque la violencia sexual y física disminuyen, la violencia simbólica y psicológica han ido en aumento”, reza el abstract del informe.

Básicamente los profesionales seleccionaron las cinco canciones más escuchadas de cada año, basándose en datos de rankings internacionales, logrando recolectar un total de 70 muestras. 

 

Las canciones fueron transcriptas y codificadas para poder analizar la evolución de los distintos tipos de violencia. Los datos fueron reveladores: sólo un poco más del 15% de las canciones no aludían a ninguno de los tipos de violencia analizados en sus letras.

¿Los protagonistas? Maluma, Daddy Yankee, Nicky Jam, Don Omar. Con el colombiano a la cabeza en cuanto a expresiones violentas en sus canciones, en el resto de la muestra se detectó un total de 568 menciones que aludían a alguna de las violencias analizadas. Con la simbólica como más frecuente y la económica al final, una de las conclusiones que llegó el estudio es que al parecer, “los niveles globales de violencia de género que muestran las canciones de reggaetón no parecen ir disminuyendo en el tiempo”. 

 

Si bien el análisis se centra en este género de música, ¿qué pasa en otros lados? El rock y el pop cuentan en sus archivos con varias canciones que expresan dichos machistas. “Tu reputación / Son las seis primeras letras de esa palabra / Llevarte a la cama era más fácil que respirar”, osó cantar Ricardo Arjona.

“A mi lado nadie te tocará, nadie se acordará de ti / Cuando no te acuerdes de nada serás mía”, cantaba Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, antes de ser condenado por abuso sexual agravado y corrupción de menores.

 

Un poco más lejos, y en otro idioma: “La amaba / Pero tuve que matarla / Tuve que ponerla seis pies bajo tierra / Y todavía puedo oírla quejarse”. La canción es I Used To Love Her, de Guns ‘N Roses, quienes visitarán nuestro país el año que viene.

Tanto la música, como otros tipos de expresiones artísticas, son el reflejo de lo que acontece a una sociedad, y el acontecimiento en sí. El hecho de crear cultura se basa en la vivencia que pueda tener, sentir, experimentar uno o más artistas y cómo lo materializa. Por lo tanto, es al menos naif separar el arte del artista. 

 

Hay que tomar conciencia de los discursos que se reproducen. No basta con dejar de escuchar o consumir ciertos productos si no hay una acción de fondo que permita que el cambio llegue a las audiencias y transforme la cultura de consumo. Un ejemplo que quizá sirva, es la decisión de los mexicanos Café Tacvba que dejaron de tocar “La Ingrata”, una canción que aludía en su final a un femicidio, dejándola de lado en sus recitales, como explicaron en su última visita a nuestra provincia.