+ Deportes Opinión Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

Que el título no tape el bosque - Por Maxi Salgado

El histórico hecho de tener nueve campeones mundiales mendocinos debe ser un disparador, no quedar en la foto de compromiso.

Por Maxi Salgado - msalgado@losandes.com.ar / Twitter: @maxisalgado

Ellos estuvieron a seis segundos de que la historia los hubiera puesto en el lugar de los olvidados, de los que los argentinos y nuestro exitismo endémico llamamos perdedores.

Los ahora campeones mundiales de futsal, que fueron recibidos con honores en toda la provincia, habrían seguido siendo unos ilustres desconocidos para todos si el Chelo Mescolatti no cambiaba la historia con ese remate que dio paso al alargue y abrió la posibilidad de que Gonza Pires terminara la obra.  

Habrían regresado de la misma manera en que se fueron, en silencio y con solo los familiares más cercanos dándole el último beso. No hubieran sido recibidos por el gobernador, ni perseguidos para una foto. No habría importado entonces el trabajo silencioso, pero enorme que hicieron para llegar a este momento de gloria.  

Pocos hubieran valorado el mes que estuvieron fuera de la casa haciendo triple turnos de entrenamiento en la calurosa Misiones.

Cómo también los años de sacrificios que, cómo miles de jóvenes, hacen e hicieron para estar en el momento justo y en el lugar indicado.

Algo así como le pasó a la Selección Argentina de fútbol a la que se la crítica por haber perdido tres finales consecutivas.Debemos comenzar a querer un poco más a nuestros deportistas. Ellos son grandes por todo lo que hacen (entrenarse de noche, jugar sin cobrar, restarle tiempo al trabajo y la familia), no por las medallas que se cuelgan, lo que es una circunstancia de juego. Mendoza debía inflar el pecho mucho tiempo antes de la consagración. Más precisamente en el momento que nueve oriundos de estas tierras fueron parte del plantel.

Y debemos sentirnos orgullosos del desarrollo que, en este caso, el futsal está teniendo en la provincia, lo que no hubiera cambiado si la final se iba para Brasil. Por qué atrás de esos nueve campeones, hay miles de chicos, familias, dirigentes, árbitros que los sustentan. Porque para que haya un Mescolatti, un Koltes o un Grasso, tiene que haber ocho más en una cancha para que la estrella pueda destacarse.

Pero en ese mismo futsal que está en el pináculo mundial, también hay chicos que no tie
ne útiles para ir a la escuela como pasa con los de Formación Futsal, a los que también les gustaría ver qué se los puede ayudar y, por sobre todas las cosas, mimar.

Para construir se necesitan cimientos sólidos. Esos son los que tiene hoy el futsal y allí es dónde que hay que poner la atención. Apoyar para que esta base crezca en cantidad y calidad.  

No mirar sólo la punta del iceberg. Apoyar la actividadque viene pidiendo pista es el desafío de cara al futuro, porque sobran ejemplos en los que una vez que pasa la euforia, se vuelve a la deserción.

Apoyar la inserción y el desarrollo, ha sido la política deportiva de esta gestión de gobierno en la provincia, pero no en la Nación donde se piensa en que el deporte es un gasto y no una inversión.

Mendoza fue también protagonista esta semana de la visita de Sebastián Crismanich, un campeón olímpico al que en su momento le pasó más o menos lo mismo y, que con la humildad de un grande, ahora se dedica a enseñar y a buscar talentos para apoyarlos.

El correntino fue producto del Enard, ese plan que el gobierno actual quiere sepultar para manejar fondos que no deberían pertenecerle. Seria bueno que el título sirva no sólo para la foto de ocasión y la pelea por ver quién la tenía primero. 

El deporte, cómo parte de la sociedad, necesita de los políticos siempre, pero por sobretodo las cosas en el momento en el que la taba cae de culo.

Porque en los otros momentos, los amigos de los campeones sobran. Y además porque sino el mensaje que se baja no es muy saludable.