Espectáculos Sábado, 22 de febrero de 2020 | Edición impresa

Puro humanismo, la cuenta que habla como si fueras vos

Si alguna vez sentiste que un texto o una frase expresaba exactamente lo que sentías, te invito a que conozcas este perfil de Instagram.

Por Carina Bruzzone - Especial para Estilo

Lorena Pronsky @lorepronsky, es psicóloga y conferencista, una copada en el sentido más amplio, porque “copa” (ocupa) varias bases en los temas que aborda desde su cuenta de Instagram. Amor, desamor, entrega, abandono, libertad y vínculos de todo tipo, desde el enfoque del yo, de cómo me siento y cómo me afecta, hacen que sea muy rápida la identificación y que sientas que lo escribiste vos mismo. Es una de las pocas cuentas en las que interesa más el texto que la foto.

- ¿Cuál es tu especialidad en psicología?

- Hace muchos años comencé a trabajar con pacientes en duelo por tratamientos oncológicos. Luego empecé a interiorizarme por las problemáticas del consumo de alcohol y otras adicciones, especializándome en esa problemática y todas sus aristas, como lo es, por ejemplo el campo de la coadicción y personalidades dependientes.

- ¿Cuáles de todos esos temas abordás en tu cuenta de Instagram?

- Me gusta escribir sobre todas las temáticas que nos atraviesan. Me posiciono en la emoción que estoy sintiendo en ese momento o que alguien me contó o vi, y despertó mi motivación de darle voz y hacia allí voy. No tengo un tema específico. A veces más de duelos. A veces más de desamor. De libertad interior. Del miedo. De la zona de confort. De cualquier temática propia de la subjetividad humana.

Desde esa libertad nació la idea de escribir en primera persona. No se me ocurre hacerlo desde otro lugar, porque al tocar esas temáticas yo también me siento tocada como un actor adopta el papel que le dan, desde la emoción, desde la vivencia.

- ¿A qué público llegás mejor?

- Al principio me escribían más mujeres, hoy en día también hay muchos hombres que se animan a participar. Por otro lado los textos que escribo, al ser en primera persona, producen una identificación con la figura femenina más inmediata porque yo también soy mujer. Y quizá, porque al describir las historias desde mi universo psicológico, resulta más fácil empatizar con personas del mismo género.

- ¿Creés que se puede tener un amor sano?

- Sí ¡claro que lo creo! Hay muchas relaciones construidas desde y hacia el bienestar emocional.

- ¿Entonces por qué estamos todos un poco rotos por dentro?

- Porque somos humanos y la vida es ambivalente, contradictoria. Somos sujetos en permanente situación de crisis porque desde que nacemos vamos perdiendo cosas: vínculos, etapas de la vida, ¡años! Nos vamos enfrentando a las frustraciones, a la angustia de no poder tener lo que deseamos, no poder desear lo que tenemos. En fin. La rotura, como falta de algo, es constitutiva del ser humano. Somos sujetos de falta. Y gracias a eso tenemos el deseo que va en búsqueda de aquello que anhelamos como la zanahoria del conejo. Nunca vamos a lograr la completud; esa es la angustia. Y a su vez esa es la motivación para seguir caminando: intentar alcanzarla.

- ¿Qué efecto esperás conseguir con tus posteos?

- Realmente no lo sé. Creo que mirar hacia adentro y emprender un camino de transformación personal. Ese es mi camino. Supongo que mi deseo será contagiar a quien me lee y que pueda saber que la angustia es parte inevitable de la vida, pero que también tenemos un montón de herramientas para poder evolucionar atravesando estos momentos que nos tocan y no quedarnos a vivir en el dolor.

- ¿El amor se puede curar?

- El amor es un sentimiento que no está enfermo. Lo que puede estar enfermo es el modo en el que es vivido. Y en ese sentido, podemos hablar de sanar relaciones. Sanar vínculos. Ya sea con uno mismo o con el otro. Las emociones no se enferman, sino que necesitan poder ser vividas desde un lugar saludable para que dé gusto poder transitarlas y no padecerlas. Y eso requiere de mucho trabajo interior. Si yo no estoy bien, mi forma de amar no será la mejor. El problema no lo tiene el amor. Lo tengo yo. Y hacia ahí debo dirigirme: hacía adentro.