Sociedad Jueves, 10 de octubre de 2019 | Edición impresa

Compraron perfumes para sus mamás con puntos por buen desempeño escolar

La escuela rural Santiago Apostol de Junín, otorga puntaje por conductas positivas, se canjea por dinero ficticio y organizan una feria

Por Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Agustín (13) había estado sentado esperando su turno en una de las sillas alineadas al costado de la feria. Tenía una bolsa blanca vacía en la mano y ya había estado mirando unos productos. Sólo faltaba que se retiraran algunos “clientes” para que pudiera tenerlos. Finalmente pudo pasar y logró hacerse con esa mochila que le gustaba. “Es que la necesito. También me compré una remera y llevo un perfume para mi mamá”, contó a Los Andes, mostrando la bolsa. 

 

Todo eso le costó $120 pesos, pero que eran de “mentirita”. Es que usó los billetes ficticios que esa misma mañana las maestras habían entregado a todos los alumnos de la escuela primaria 1-409 Santiago Apóstol. 

Orlando Pelichotti / Los Andes

Se trata de una propuesta que el establecimiento implementó este año y que otorga puntos a ciertas conductas asociadas a buenos hábitos y valores. 

El establecimiento está en el barrio El Martillo, pueblo rural de Medrano (Junín), un lugar sereno en medio de viñas y arboledas, cerca de un ancho canal.

 

Además de aprender lengua, matemática y otras materias, la directora, Valeria Rómoli y las docentes, entienden que hay aprendizajes esenciales que quieren que los chicos se lleven de la escuela. Buen comportamiento y relación con los demás, respeto por las normas de convivencia, compromiso con las tareas y participación en clases, aseo y utilización correcta de materiales ajenos reciben una determinada puntuación.

 

“Vi esta idea en un centro educativo de Guaymallén y la imité, porque creo que permite crear, fortalecer valores y hábitos, sin los cuales no podés avanzar en lo académico”, contó Valeria, quien dirige la escuela desde agosto del año pasado. Agregó que esos valores los chicos los transmiten en la casa para lograr más puntos, que participan todos los alumnos, de primero hasta séptimo grado. Asegura que es una manera de construirlos como buenos ciudadanos.

De compras

Es la docente del aula la encargada de hacer el seguimiento exhaustivo de los alumnos, asignar la puntuación y canjearla por el “dinero”.

 

Con él pueden ir a la feria, que se celebra al finalizar el trimestre. Ayer se hizo la segunda edición, mientras que la primera fue en julio, aseguran, con rotundo éxito. 

Los productos son donaciones del municipio, un banco, comerciantes y particulares. Un aula se transforma en el local y las maestras son las vendedoras encargadas de las postas. Un lugar especial tiene la “seño Norma”, quien hace de cajera y realiza los canjes. “Tienen que esperar su turno, entran de a cinco por vez”, apunta y explicó que tienen una factura donde constan los puntos y donde los chicos van anotando lo que compran para cambiarlo en “la caja”.

Hay espacios para diferentes rubros: librería, kiosco, juguetería, vestimenta y perfumería.

 

La mayoría elige cosas de librería como cuadernos, lápices y resaltadores, materiales que a veces sus familias no pueden comprar, según consideraron las docentes.

Orlando Pelichotti / Los Andes

“Hay mucha crisis en la zona y notás que algunos tienen carencias de materiales; a veces se les termina el cuaderno y vos ves que su familia no se los puede comprar, así que guardamos los del año anterior a los que les quedan hojas y se las arrancamos para que escriban”, contó la señorita Sabrina.

 

Agregó que gracias a esto ha notado fundamentalmente un cambio de actitud, ya que los niños tratan de cumplir para ganar puntos y los últimos días ya venían preguntado cuándo se hacía la feria.

“Les permite además darse cuenta de cuánto necesitan aprender, por ejemplo, a escribir rápido o sacar cuentas ya que esta vez se implementó la factura, donde ellos mismos anotan lo que llevan, y ven que necesitan estos recursos para la vida cotidiana”, señaló. 

Tomás es el orgulloso alumno de séptimo grado que logró sumar la mayor cantidad de puntos este trimestre: 170. “Compré cinco resaltadores, dos gomas, una regla, un jabón y dos libros”, detalla.

 

Pese a que hay golosinas la mayoría no las elige, pero sí los perfumes, que Valeria destacó que se vendieron todos. “A las nenas les encantan y quizás no tengan”, opinó. 

El trimestre pasado Tomás le había llevado uno a su mamá, quien dijo que se puso contenta. Relató que ella estudia de noche para terminar el secundario y por eso la ayuda a hacer la comida. En la ocasión anterior también le compró con los puntos una perforadora de papeles y colores. 

Al preguntarle cuál fue el secreto para lograr tan alto puntaje contestó serio: “fui responsable al cumplir con esas conductas” y reconoce que lo más difícil fue cumplir con las tareas. 

 

Entre otros productos, en la feria había camperas por $60, remeras por $20 y zapatillas nuevas por unos $40.