Opinión Sábado, 11 de enero de 2020 | Edición impresa

Precios cuidados, medida muy antigua - Por Luciana Sabina

Por Luciana Sabina - Historiadora - lucianasabinaok@gmail.com

El pasado miércoles se relanzó el programa “Precios cuidados”, una iniciativa tan poco novedosa que tiene su origen en la antigua Roma. 

Aunque para muchos el padre de esta artimaña económica es Axel Kicillof, quién la implementó en enero de 2015 estando al frente del Ministerio Nacional de Economía, la realidad dista mucho de ello. En el año 301 d. C. el emperador Diocleciano promulgó un edicto sobre Precios Máximos con el fin de combatir la crisis económica, cuyos pilares fueron una devaluación monetaria y un alarmante proceso inflacionario. Confiando en poder frenar ambas situaciones se controlaron los precios en todo el Imperio. Incluyeron ropa, calzado y alimentos básicos; pero también servicios, como el que prestaban los abogados, los carpinteros, los maestros, etc.  

El texto aún se conserva y no deja de ser interesante pues habla de “refrenar la avaricia”, culpando a los comerciantes de la crisis. Cualquier coincidencia con la actualidad queda a criterio del lector, pero para ayudarlos reproducimos esta reflexión del “Instituto de Estudios para una Sociedad Abierta” al respecto: 

“Es realmente curioso, que se llegue a la conclusión de que estas medidas que toman los comerciantes y empresarios sean vistas como las causas. Lo que realmente sucede es que ya sea consciente o inconscientemente, los gobernantes confunden las causas de los controles de precios con las consecuencias de los controles de precios. Que los comerciantes y empresarios decidan subir los precios de sus mercaderías no es la causa de la alta inflación, sino sencillamente la reacción que toman por motivo de acciones inflacionarias que los gobiernos realizan como son el gasto público desenfrenado, la expansión monetaria y la devaluación de la moneda”. 

Como muchos deben estar sospechando los Precios Máximos romanos fracasaron de manera rotunda. Pero como la historia suele carecer de buenos alumnos, otros gobernantes volvieron a aplicarlos. Durante la Revolución Francesa, bajo el nombre de Ley de Máximum General, se fijaron valores para diversos productos básicos. Incluyeron todo tipo de carnes, aceite, vino, cerveza, velas, sal, jabón, azúcar, miel, papel, cuero, lana, tejidos, etc; y además se congelaron los salarios. Lamentablemente para Maximilien Robespierre la medida distó mucho de ser exitosa y la guillotina se encargó del resto. 

En nuestro territorio, que un gobierno intente manipular precios, es también bastante antiguo. Hacia 1828, luego de atravesar la Guerra contra Brasil, el descalabro económico de Buenos Aires no hallaba freno. Hábilmente el gobernador Manuel Dorrego calmó al pueblo con discursos y medidas de beneficio inmediato, entre ellas fijar el precio de la carne. Simultáneamente creó nuevos impuestos y prohibió el envío de moneda al exterior para incrementar las arcas estatales, algo que seguramente les resulte conocido. Dorrego no mejoró la economía en lo absoluto y perdió apoyo. Así, para Juan Galo Lavalle fue relativamente fácil destituirlo y hacerlo fusilar.

Como vemos los Precios cuidados se implementaron a lo largo de la historia en muchas oportunidades y jamás lograron contrarrestar la inflación, algo que el mismo kirchnerismo experimentó en 2015. Más allá de ello, debemos reconocer como algo muy originalidad el hecho de incluir a la gaseosa más famosa del mundo en el listado, beneficiando así a una multinacional cuyo producto dista mucho de ser fundamental en alimentación y nutrición.