Sociedad Lunes, 16 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Por qué ‘Friends’ siempre estará ahí

A veinticinco años de su estreno, la serie hace que parezca fácil producir una comedia tan disfrutable para seguir viendo.

Por Wesley Morris - New York Times. 2019

Hubo una época en la que nos las arreglábamos sin tanta televisión. En Estados Unidos había tres canales de transmisión pública donde encontrabas todo. Ahora hablamos con afán hasta romántico de nuestra así llamada era dorada de la TV, surgida por el auge de canales de cable e internet, y nos quejamos de la abundancia agobiadora de las plataformas de internet. 

En retrospectiva, hablar de la época de menos televisión ahora parece sugerir que aquella programación televisiva era inferior: en volumen, en valor, en verisimilitud. Pero ¿Friends a qué diablos era inferior? Tiene 236 episodios, apenas uno menos que todos los capítulos combinados de Juego de tronos, House of Cards y Orange is the New Black. Y la mayoría de esos 236 episodios siguen siendo prueba perfecta de una comedia que aprovecha su tiempo al máximo. Tal vez es difícil argumentar que Friends era perfecta, por no decir excelente, justamente porque hacía parecer que era muy fácil desatar tantas risas.

 

Antes de que hubiera una cantidad abrumadora de televisión, de cualquier manera había mucha, como queda claro con Friends. Imaginate el esfuerzo para grabar 24 episodios de una temporada que dura nueve meses (y había ciertos programas que tenían aún más capítulos). Y un canal como NBC, que produjo Friends, podía hacer que algo que se diera por hecho se volviera obligatorio con la amenaza de que de otro modo te estabas perdiendo lo único que había. Tecnológicamente era una época distinta porque, si te perdías un episodio, nadie te podía decir bien cuándo lo ibas a poder volver a ver.

Friends era un programa de televisión “fácil”, pero de altísima calidad. Tenía tantas bromas, tanta comedia de gestos, tantas sorpresas y momentos enternecedores, tantos gritos de emoción de un público en vivo. Los peluqueros empezaron a copiar (no siempre con éxito) el estilo de Rachel. Las cafeterías se volvieron un segundo hogar para la gente. Decenas de millones de personas vieron todo ese trabajo de hacer guiones, dirigir y actuar, que parecía un esfuerzo nimio, a lo largo de una década. 

 

La serie se transmitió por primera vez en Estados Unidos en el canal NBC en otoño (primavera de este lado del mundo) de 1994, estuvo al aire por más de una década y cada semana, típicamente, era sintonizado por entre 25 y 30 millones de televidentes. 

En Friends, la premisa son los amigos. El tema musical de la serie no mentía: ellos realmente estaban ahí el uno para el otro, entre chistes y sin ellos. El estar era el principal atractivo, el gancho intangible de la serie. 

La manera en la que ellos estaban ahí el uno para el otro también era muy maleable. Eran seis personas que podían gritarse, pelearse, mentirse entre sí y también decirse las verdades más incómodas, al mismo tiempo que se mantenían muchos secretos y que se separaban (muchas veces y de muchos modos). Pero, como sexteto, siempre regresaban a estar juntos. 

 

Algunos ahora critican a Friends por todo tipo de ofensas; su manejo de la homosexualidad, de la salud mental, de asuntos raciales o étnicos. Sin embargo, argumentar que Friends era una serie problemática por ello también es menospreciar la relación compleja de la serie con esas temáticas. 

Hay maneras de ver Friends de tal manera que su blancura y el privilegio que se le imbuye a ser blanco serían un gran problema. Hoy en día probablemente sería criticado que haya un programa con un elenco tan poco diverso, crítica que entiendo. Friends tenía a hombres blancos que dejaban a bebés en un camión público sin enfrentar consecuencia alguna o que prácticamente jamás tenían que ceder su asiento de siempre en Central Perk. No obstante, yo no creo que le correspondía a este programa hacer el trabajo de derribar barreras con celeridad.

 

Friends le sacaba más jugo a sus discursos sociales sobre las diferencias de género, de cómo los hombres suelen triunfar con su holgazanería o carnalidad mientras las mujeres son las que tienen que arreglar las cosas. Sin embargo, la manera en que la serie rompía ciertos estereotipos se volvió un elemento básico. 

La serie dejó de transmitirse en 2004, justo cuando la cultura empezaba a desconfiar de las aventuras compartidas por personajes de distintos géneros. Lo intentaron las series sucesoras más claras: How I Met Your Mother (Cómo conocí a tu madre), La teoría del Big Bang, The Mindy Project, New Girl o Happy Endings. Sin embargo, llegó Sexo en la ciudad a HBO en 1998 y luego las películas de Judd Apatow con su acervo de comediantes; esas creaciones “reubicaron” a los personajes según su sexo en noches de solo chicas y reuniones de solo chicos y la cultura pop jamás quiso volver a invertir tan claramente en el confort mixto de Central Perk.

 

Entiendo perfecto por qué tanta gente que ni siquiera había nacido cuando la serie empezó a transmitirse se ha vuelto tan fanática y devora Friends como si fuera helado, ahora que repiten los episodios en la televisión por cable o que se puede ver en plataformas de internet. No hay amenazas sexuales; no hay grandes villanos. A lo más hay una reconfiguración sencilla de atracciones y relaciones, así como momentos ocasionales de lascivia que son muy graciosos. La serie es un oasis: mujeres adultas que pasan el tiempo sin problema con hombres adultos, sin temor a que haya algún monstruo al que temer, del cual huir o al cual denunciar. Esa es tal vez una de las razones por las que habemos adictos a Friends. Claro, es televisión “fácil”, aunque más graciosa, subida de tono y audaz de lo que habías escuchado o de lo que recuerdas. Y tal vez para ahora ya es televisión fantasiosa. Si quieres recuperar algo el poder estar en tu vida, quizá no solo conviene verla, sino que hacerlo es la solución.