Editorial Miércoles, 30 de octubre de 2019 | Edición impresa

Perú y su crecimiento económico

A pesar de sus dificultades, Perú es un país vecino que ha sabido encontrar respuestas para el crecimiento económico.

Por Editorial

En estos momentos en que toda América Latina (aunque no solamente América Latina) está convulsionada por crisis económicas, protestas populares y una creciente corrupción, la Argentina es cuando menos debería encerrarse en sí misma, para observar las realidades vecinas y sacar las enseñanzas que cada una de ellas nos pueda brindar, aun sabiendo que cada caso es diferente y ninguno definitivamente trasladable a otro.

En esta oportunidad queremos referirnos al caso de Perú porque, a pesar de todos los inconvenientes políticos que ha tenido y sigue teniendo, dicho país ha encontrado algunas respuestas positivas a sus enormes dificultades.

Las semanas anteriores Perú se vio convulsionado por un enfrentamiento de poderes debido al cual en algunos momentos de la crisis se llegó a tener dos presidentes. Al final, la cuestión alcanzó algún atisbo de solución cuando las fuerzas armadas decidieron defender a las autoridades constituidas en vez de equipararlas con los que tenían intenciones destituyentes.

Pero lo cierto es que no se puede contemplar esa dificultad sin analizar el contexto que hace de la hermana nación peruana un ejemplo de avance institucional en ciertas áreas en las cuales a nosotros nos cuesta horrores encontrar el camino.

Nos referimos a las temáticas económicas y las referidas a la corrupción pública que, al venir siendo solucionadas en parte, están haciendo del Perú un país que de a poco deja atrás seculares estancamientos, aunque aún no sea capaz de resolver sus constantes crisis políticas y las defecciones de sus élites. Es como que el pueblo y el sistema institucional peruano estuvieran avanzando más que sus representantes, por las más variadas razones imposibles de contener en una breve editorial.

Lo cierto es que el crecimiento económico peruano se debe en gran medida a que habiendo tenido en los últimos tiempos a gobiernos de los más variados signos políticos, tanto de izquierda como de derecha, todos, absolutamente todos, continuaron el modelo económico adoptado evitando de ese modo la refundación permanente, aprovechando lo positivo de los gobiernos anteriores y mejorando todo lo que hacía falta mejorar. 

Así, hoy la macroeconomía de dicho país no depende de los cambios de gobierno. Las ventajas han comenzado a bajar en beneficios materiales a la población, a la que aún le falta mucho para recibir todas las ventajas del desarrollo pero que está mucho mejor en comparación con las generaciones anteriores.

Sin embargo, el espectacular crecimiento económico no ha podido evitar la corrupción de las élites gubernamentales. Es así que, en estos momentos, de sus últimos cinco presidentes, la mayoría están presos y uno se suicidó. Las causas de esos desastres son las decisiones que tomó la Justicia peruana de ser implacable con los temas de corrupción realizada tanto por políticos como por empresarios.

Sin una clase política que tienda a la ejemplariedad, el desarrollo puede detenerse pero, sin una Justicia que castigue la corrupción, la situación podría ser peor.

En síntesis, Argentina debería aprender de Perú la importancia de proseguir un mismo sendero económico más allá de los cambios de gobierno, mejorando todo lo que haya que mejorar, y hacer del castigo a la corrupción el principal sostén de la gobernabilidad. Cosas de las que aún estamos muy lejos.