Sociedad Guarda14 Domingo, 18 de agosto de 2019 | Edición impresa

Pablo Lacoste: “En Argentina se plantó malbec por una rebelión campesina”

Es una de las nuevas tesis que abona en reciente su libro ‘La vid y el vino’. El texto se presenta hoy a las 19:30 en el Teatro Mendoza.

Por Gastón Bustelo - gbustelo@losandes.com.ar

“El cabernet en Chile fue plantado por la burguesía y el malbec en Argentina por campesinos y lograron que el 70% de las viñas del país en 1900 fueran malbec. En los últimos años se hizo visible a nivel mundial, pero lo que pudimos descubrir en esta investigación fue el origen de esta rebelión campesina contra los mandatos de los tecnócratas por el malbec, porque les gustaba, tenía más rendimiento por hectárea y funcionaba bien. Por esa decisión ahora cosechamos esta variedad en la vitivinicultura que se proyecta al mundo como algo especial gracias a este elemento cultural que hasta ahora no era visible”, cuenta el historiador Pablo Lacoste cuando habla sobre su nuevo libro La vid y el vino, el que se presenta hoy a las 19:30 en el Teatro Mendoza de Ciudad.

Es importante y valioso tener un texto escrito por un historiador mendocino que conoce en profundidad la industria vitivinícola, algo que no siempre sucede. Su aporte le sirve no sólo a la industria vitivinícola y a los interesados por aprender algo más sobre su historia, sino también a funcionarios que definen políticas públicas y a bodegueros que tienen ganas de aprender en serio. No les sirve a los bodegueros que les interesa imponer su visión, desconocer la historia y así forzar contenidos y relatos -de todo tipo- a su antojo.

 

“El libro aborda por primera vez la vitivinicultura de Mendoza en el contexto continental y mundial, y en la totalidad de su historia, desde Pedro del Castillo hasta hoy. Ese enfoque es totalmente original.

“Hemos visto que hay una continuidad, así como en Mendoza hay actividades que entran y salen, suben y bajan como el petróleo o la metalmecánica; en la investigación queda claro que la actividad vitivinícola es la constante. Cuando Pedro de Castillo fundó la ciudad en 1561, le dio a cada vecino un pedacito de tierra para que cultive la viña, pero le dio el mandato de hacerlo. Esta actividad nos fue modelando como personas, impactó en la vida económica, social y política; ha sido la constante que nos ayudó a construir una identidad muy definida y esto se mantiene igual y nos da mayor arraigo cultural e identitario”.

 

-Vos planeas nuevas tesis, ¿cuáles son?

-Una de ellas es la del origen del malbec. Comparando la vitivinicultura argentina con la chilena vimos como en Chile la industria vitivinícola surge como industria por una decisión de la burguesía que, ante la plaga de filoxera en Europa que dañó 4 millones de hectáreas, ve la posibilidad de un nuevo negocio y esa burguesía invirtió parte de sus capitales en montar la industria. Así fue como acataron la recomendación de enólogos, tecnócratas, los manuales y los ideólogos de apostarle al cabernet suavignon. En Argentina la burguesía no se interesó por la vitivinicultura y estaba en el mundo del ganado y el trigo, entonces la vitivinicultura la van a hacer campesinos e inmigrantes que deciden plantar malbec. 

-También revisas la publicidad de los vinos

-La publicidad y cómo se construyeron las marcas, lo cual tuvo algunos efectos lamentables. Cuando la industria se da cuenta del valor de las marcas, empieza a invertir grandes capitales en campañas y logra imponerlas en el mercado. Muy pocas bodegas concentran las ventas y esa cultura en Mendoza, de muchos viticultores que hacían su vino con 5 mil o 10 mil bodegas, se pierde en el mercado y se concentra todo en las grandes fábricas, que en su época era Arizu y Tomba en Mendoza y Graffigna en San Juan. En el libro se ve ése proceso y se analiza cómo volver al modelo natural que es el de muchas pymes, es el que funciona en Europa. El viticultor vive en la viña y le da a la tierra el mejor abono que son sus pisadas, ese viticultor es el que tiene tierra en las uñas y se esmera por cultivar lo mejor posible la planta y hacer su mejor vino. Este es el desafío y es lo que tienen que tener claro los próximos gobiernos de Mendoza, tienen que ver cómo pueden romper los oligopolios que concentran la mayor parte del mercado y volver a potenciar las pequeñas empresas y que se distingan por su lugar geográfico como el Valle de Uco, el Este o Maipú.

 

-La vitivinicultura argentina hoy, ¿qué está haciendo bien y qué le falta?

-Por un lado hay un contexto económico lamentable, hemos tenido mucho de los peores políticos y economistas que nos han impuesto alta inflación y eso es tóxico, porque genera transferencia de capitales del viticultor al bodeguero y del bodeguero al comerciante de Buenos Aires. El primer punto es mejorar la macroeconomía, tampoco se le puede cobrar retención a las exportaciones de vino es un error conceptual y es una barbaridad. Lo puso Cristina en su momento, después lo bajó y Macri lo volvió a colocar, es una locura. Hay que crear un bloque en las provincias vitivinícolas argentinas para que no se le cobre retención a un producto industrial. Tenemos algo bueno a diferencia de Chile y es que una de las grandes empresas es una cooperativa de 5 mil viticultores, esto es una enorme ventaja que hay que potenciar y consolidarla. Lo otro bueno es la identidad, el malbec es una fortaleza y el bonarda de la zona Este tiene futuro. Hay que desarrollar productos que tengan el orgullo de la zona, el Este fue mucho tiempo maltratado por la industria y el discurso tecnocrático y ahora tiene el bonarda con mucho potencial. Hay que ver los vinos de pago, denominaciones de origen e indicaciones geográficas, distinguirse por el territorio más que por la marca, eso se trabaja en Europa y anduvo bien, hay que hacerlo sin copiar las denominaciones de origen sino desarrollando denominaciones propias como pasa con Altamira o Gualtallary.

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El oligopolio bodeguero

Eso es un problema en Chile y en Argentina. En Chile de cada 10 botellas de vino que se venden, 9 son de las grandes empresas y el resto pelea por la botella que falta. Además, al 57% de exportaciones lo tienen tres marcas. En Argentina no es tan pronunciado pero es alta la concentración, las tres más grande concentran el 52% del mercado interno. Este es el tema, cómo trabajar internamente y también lo tiene que hacer el consumidor buscando marcas diversificadas.