Espectáculos Sup. Cultura Sábado, 10 de noviembre de 2018 | Edición impresa

Oriente: el ojo que ve el mundo en armonía

A raíz de un encuentro en la Nave, donde habrá comidas, artesanías, terapias y más, analizamos qué hay de distinto en esta mirada.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Hiroshige (1797-1858) dibujaba la lluvia con líneas. Líneas que atravesaban el sutil papel de arriba hacia abajo. Todas las gotas, en su caída, eran la misma gota. Hokusai (1760-1849) dibujaba una ola infinita. Una ola monstruosa hecha ella misma de otras olas. Todas las olas, en su curso irremediable, eran otras olas y eran la misma ola. 

“El universo es una unidad de carácter armónico donde todo tiene un lugar y una razón de ser”, dice una de las máximas del pensamiento oriental. El arte oriental se configura desde sus genes con ideas como estas. Ciertamente, no se puede apreciar el arte si no es dentro de su contexto cultural: es decir, en relación con la cultura de la que forma parte.

Seguramente, habrá sentidos que se les escapen a los japoneses que visitan en comitiva turística la Capilla Sixtina. Igualmente, ¿qué tanto podemos comprender nosotros de Hiroshige, Hokusai y todos aquellos artistas orientales? 

 

Hay claves que nos permiten, si no entenderlo, al menos avizorar una interpretación de lo que vemos. 

La literatura oriental nos dice que la realidad está en constante cambio y que toda transformación viene desde el trabajo interior con uno mismo. Sí: todo ámbito de la vida reafirma la diferencia con Occidente. Su medicina es preventiva (más que curativa); su escritura no forma palabras por adición (sino que los ideogramas montan conceptos); el espíritu y la mente alcanzan la felicidad mediante el equilibrio, el autoconocimiento y la meditación. 

La relación del hombre con la naturaleza se da a través de la comprensión del equilibrio que existe en ella. En Occidente, en cambio, solo hemos querido conocerla para dominarla y ponerla a nuestro beneficio, Es el Progreso, según el Iluminismo. 

Es un concepto que está presente en “Sueños”, de Akira Kurosawa.

El gran concepto

Quienes están poco familiarizados con la pintura oriental suelen creer que es un arte limitado a lo decorativo. Sin embargo, es un mundo muy complejo, con temas que abarcan la religión, la historia, la mitología, los paisajes, los oficios, las flores, con gran variedad de técnicas (la tinta y la acuarela son las más conocidas). 

En Occidente hay academias destinadas al perfeccionamiento de la técnica; en Oriente, el aprendizaje se realiza con manuales que dan una iconografía sencilla y básica, para que cualquier persona (con un mínimo de pulso) pueda animarse a dibujar (los principales manuales, ilustrados con xilografías, son el “Manual de Pintura del Jardín del Grano de Mostaza”, de 1679, y el “Manual de Pintura y Escritura del Decimo Estudio del Bambú”, de 1620).

 

Pero hay muchas más diferencias, porque hay otros aspectos que trazan una diferencia abismal. Uno es la perspectiva (tan preciada en Occidente), otro es la idea de “pieza original”. Allá puede haber miles de copias de una pintura famosa, muchas resueltas con mayor rigor técnico que el original. Hasta tal punto se permite y se valora la copia, que a veces no se sabe cuál es el original. 

Un concepto que atraviesa toda la cultura japonesa es el de “wabi sabi”. Tiene que ver, cómo no, con la belleza. En Occidente (heredero de la Cultura Clásica) a la belleza se la relacionó históricamente con una idea de perfección muy precisa: simetría, cánones y fórmulas de alcances matemáticos (como la famosa Proporción Áurea o Sucesión de Fibonacci). En algunas etapas de nuestra historia, esa belleza se relacionó incluso con aspectos morales y éticos (en la Antigua Grecia, quien era bello debía ser inexorablemente bueno, según la “kalokagathia”, mientras que el feo debía ser, por supuesto, malo). 

Un bonsai no es un árbol chiquito. Es una oportunidad para conocer el comportamiento de la naturaleza.

Ese canon de belleza, en Japón, es algo totalmente distinto, y está basado en el “wabi sabi”, que podría traducirse como: el arte de la imperfección. Por contraste: lo asimétrico, lo despojado, lo irregular, lo ingenuo, lo incompleto, lo modesto. No es un producto, sino algo que se debe transitar y se parece al desarrollo de la naturaleza, que se completa a sí misma, cuyas formas están por ser siempre completadas. Así, el arte en Occidente ha partido desde la perfección, mientras que en Oriente lo ha hecho desde la imperfección. 

Otro concepto básico en la cultura japonesa es el de la “sombra”, que se relaciona directamente con el “wabi sabi”, y que encuentra una excelsa explicación en el famoso libro de Junichirõ Tanizaki “El elogio de la sombra”. En este ensayo, él toma su interés por construir una tradicional casa japonesa como una excusa para desplegar un tratato de estética. 

 

Desde el principio, nos damos cuenta de una cosa: Occidente ha fetichizado la luz. Nuestro pensamiento (con nuestra idea de progreso lineal-ascendente) es heredero de un Siglo de las Luces. El Iluminismo se erigió como contraposición a la oscura Edad Media. El conocimiento científico es, por consiguiente, algo luminoso. La Razón es Luz. 
Y por eso se entiende que, con la invención de la electricidad, ya no hayan espacios en nuestra sociedad para la oscuridad. Ni siquiera para la sombra. 

Oriente, que bien valora los opuestos que se complementan, realizó un culto del claroscuro, y la típica casa japonesa es un santuario de luces y sombras. Porque sí: existen las sombras porque existe la luz, y viceversa. El cristal que deja pasar todos los rayos del sol en una casa es algo burdo. Los focos, inventos que mutilan las atmósferas. La casa japonesa, como el arte oriental, se erige sobre la imperfección. Solo desde ese cimiento entenderemos las lluvias y las olas. 

 

Para conocer

Hoy y mañana, de 17 a 22, se llevará a cabo en la Nave Cultural (Espejo y Maza) la segunda edición de la feria Movimiento Verde, que este año lleva por nombre “Causa naciente”, con el fin de exponer y generar un espacio para el intercambio cultural del oriente con una mirada puesta en el ambiente. La entrada es libre y gratuita.

El interés popular por la cultura oriental, instalada en nuestra sociedad hace ya mucho tiempo (hay comunidades de Japón, China, Corea, Taiwán, entre otras) tendrá su lugar en este evento, donde habrá gastronomía vegetariana, un taller de exposición de bonsai, exposición de caligrafía china, danza del León, entre otras cosas. La profesora Cristina Ishikawa también realizará un taller de Introducción a la Pintura Japonesa.