Espectáculos Domingo, 7 de abril de 2019 | Edición impresa

Oreste Sacchi: El mito del cine nacional vive en Mendoza

Es diseñador de arte, escenógrafo y utilero. Ganó un Oscar y se codeó con estrellas de Hollywood.

Por Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

Sobre un sendero caprichoso del barrio Epa de Carrodilla (la calle El Litoral de pronto se convierte en callejón), en una casa que para acceder hay que enfrentar una escalera de varios peldaños, que cuenta con una huerta orgánica, que por dentro está decorada con varias imágenes de la Virgen de Guadalupe y donde hay una estatuilla de plástico de un Oscar, vive -descansado en el anonimato- una leyenda de verdad del cine nacional.  

“Me dicen Sacchi, o El Loco, o Cabezón, me dicen de muchas maneras, pero el Loco es el que más me sienta”. Así se presenta Oreste Sacchi (75), considerado por muchos actores y directores argentinos, “el mejor utilero nacional”. Ha participado en más de 300 películas, entre ellas la ganadora del Oscar, “La Historia Oficial” y en más de 1.000 publicidades para cine y TV.

 

Pero nada de eso parece sacarlo de su estado arisco de perfil bajo en su casa de barrio. De pelo fuerte y canoso, de manos curtidas dadas al trabajo artesanal durante años en sets de filmación y de voz ronca y a la vez cálida, Sacchi se vino a vivir a Mendoza en 1998 con su esposa. Y se quedó.  

¿Qué es ser utilero de cine? Un tipo que hace de todo, que sabe un poco de todo, un frente de una casa que es de mentira, un efecto especial. Pero sobre todo es un tipo que se divierte”, dice, divertido. 

 

Comienzos  

“Empecé a trabajar en la agencia de publicidad Lowe con 16 años en Buenos Aires. Hice lo que había que hacer, todo el recorrido: empecé barriendo, después fui medio oficial carpintero hasta que llegué a filmación y me mandaron a utilería”. Una desconocida Susana Giménez estuvo bajo sus órdenes: “Fue en la publicidad de jabones Cadum, el famoso ¡shock!”, y una tímida e ignota Graciela Alfano escuchó sus gritos en un set: “fue en una publicidad de cremas Hinds en los ‘70”.

En 1974, el cineasta Juan José Jusid buscaba gente de utilería para su filme “Los Gauchos Judíos”. “Margarita, su hermana, que trabajaba en Lowe y me conocía, me recomendó: hice la película y después renuncié a Lowe”; el cine lo había atrapado.

 

Después de “Los Gauchos Judíos”, Sacchi estuvo en tantas películas que no recuerda el número exacto: “más de 300, seguro”. “Siete años en el Tíbet”, “Highlander 2”, “De eso no se habla”, “Plata quemada”, “La furia”, “Matar al abuelo”, son apenas algunas.

“La Historia Oficial”, primer filme argentino en alcanzar un Oscar, lo tuvo en su staff como encargado del departamento de arte. Piensa en esa película con sus ojos clavados en el techo de su casa: “¡Ja!, a nadie, ni al mismo Luis Puenzo, se le pasó por la cabeza que estábamos haciendo algo que iba a ganar un Oscar. Fue una sorpresa la nominación y más sorpresa ganarlo. Lo único malo -no se pone serio- es que Puenzo no nos dio ni una réplica del Oscar a los que trabajamos. ¡Me tuve que comprar yo una de plástico! Igual nunca me enojé con él. Es más, es mi amigo. Siempre me pidió en sus películas y le tengo gran admiración. Hace poco estuve con él”.

 

Actores  

La vida de utilero de cine llevó a Sacchi a viajar por todo el país y durante muchos años. “La vida en un set de filmación es como la vida en familia: actores, técnicos, directores y demás estamos obligados a convivir hasta 20 semanas y más. Así que hay que tener temple. Yo siempre fui muy profesional y me llevé bien con todos; bah, me peleé con Sbaraglia en ‘Plata Quemada’ y con Omar Sharif en la miniserie ‘El Rey de la Patagonia’”

¿Qué pasó con Sbaraglia? “Hubo una escena en el que una Estanciera echaba vapor porque estaba descompuesta. Sbaraglia estaba con el gallego (Eduardo) Noriega y parece que no le gustó que el humo fuera muy denso. Después de la escena me apuntó con el revólver de utilería a la cabeza. Lo miré y le dije: ‘no me hagás eso de nuevo o te rompo la cabeza de un martillazo’. Con eso se acabó el problema”.

 

Entre los “buenos” compañeros de trabajo, Oreste rescata a varios: “Brad Pitt, un divino; Antonio Banderas, un pájaro loco al que no le importaba nada y bailaba por las noches con nosotros; Marcello Mastroianni, un caballero simpático; Ana María Picchio, una gran chica de quien me hice amigo. Una vez (Federico) Luppi vino a jugar al fútbol con nosotros cuando quedaban dos semanas para terminar la película. El tema fue que se esguinzó y todavía faltaban algunas tomas de cuerpo entero. Así que tuvimos que ir hasta el centro de Tandil a buscar a alguien que se le pareciera de atrás porque faltaban dos escenas en las quesalía caminando. Eso pasó y salió en la película: un falso Luppi caminando de espaldas”. 

Afincado en Carrodilla

Lo bueno del trabajo de Sacchi “además de la plata”, aclara, es la posibilidad de viajar mucho. Y a veces, cuando uno viaja mucho, se enamora de un sitio: “Yo me enamoré de Cafayate, Salta, y de Mendoza. Después de filmar ‘Siete Años en el Tíbet’ en 1998, me ofrecieron quedarme para trabajar y acepté. Al final fui engrupido porque no tenía trabajo cuando llegué, hasta que después de varios meses, Tino Neglia me contactó y empecé y me quedé. Primero vivimos en el barrio Aeronáutico Las Heras y ahora estamos acá”.  

 

Habla del barrio Epa donde junto con su mujer Mercedes, forman parte de Abuelos Unidos de Carrodilla. “La Virgen de Guadalupe es la patrona, por eso tantas vírgenes en casa”, aporta Mercedes. En el patio de su casa, el utilero hizo honor a su talento para con las tareas manuales y ha montado una pequeña huerta. Zapallitos, berenjenas, acelgas y distintos tipos de yerbas hacen todo un jardín que forma parte de su escenografía de verdad. Ahora que, dice, “estoy alejado de todo lo que tenga que ver con filmar”.

En su huerta. En su casa del barrio Epa, Oreste cuida sus cultivos de zapallitos, berenjenas, acelgas y más. | Diego Parés / Los Andes

En Mendoza hizo su parte en películas como “Algunos días sin música” (2013), “Road July” (2011), entre muchas otras. “Pero ya estoy un poco cansado; hace 4 años que dejé de fumar porque ya no tengo los nervios del cine”, y la pátina transparente que antecede a sus ojos claros se hace más intensa.

En los últimos trabajos comenzó a notar el paso del tiempo y del deterioro físico que no se advierte hasta que se siente. “Me di cuenta de que me agotaba mucho después de un día de trabajo. Y no quiero sentir eso”.

 

La serie mendocina “El Anticuario” (que espera su estreno), con Gastón Pauls, fue su último trabajo. Asegura que será el del final de su carrera. “Pero este trabajo es como la droga -que yo nunca he probado-, cuando estás adentro puteás, pero cuando estás afuera llorás. Siempre lo digo: si existe la reencarnación quiero volver a hacer lo mismo. Ni director, ni productor, ni actor, ni nada de eso: solo un humilde utilero de cine”.

Efectos especiales

Hoy hablar de efectos especiales es referirse a alguien que con un computadora programada puede mostrar en una película el derrumbe de las Torres Gemelas y hacerlo creíble. “En mi época”, recalca Oreste, “todo era distinto y había que resolver con astucia lo que hoy se hace con tecnología”.

 

Un balazo: “Fácil: se vacía la bala, se le saca el plomo, se le pone un poco de pólvora, un taquito de papel o algodón y una gotita de vela. Ahí tenías el ruido y el fogonazo. Me salía perfecto”.

Un incendio: “Fácil: se riega con nafta la parte del piso y se conforma un sendero y las llamas recorren el camino que previamente hemos marcado. Si te equivocabas en un incendio, o se te caía una grúa, lo más probable era que perdieras el trabajo. Yo nunca me equivoqué”.